La Urgencia de refundar la ética y la moral. Leonardo Boff

La Urgencia de refundar la ética y la moral. Leonardo Boff.

La Porción femenina de Dios. Leonardo Boff

La porción femenina de Dios

2014-09-07


  Cierta madrugada, insomne, retomé mi trabajo habitual en el ordenador. De repente, me pareció haber oído, no sé si del mundo celestial o si de mi mente en estado alterado, una voz como un susurro, que me decía: “Hijo, voy a revelarte una verdad que ha estado siempre ahí, en mi evangelista Lucas, pero que los ojos de los hombres, cegados por siglos de patriarcalismo no podían ver. Se trata de la relación íntima e inefable entre María y el Espíritu Santo”. Y la voz seguía susurrando: “Aquel que es tercero en el orden de la Trinidad, el Espíritu Santo, es el primero en el orden de la creación. Él llegó antes al mundo; después vino el Hijo de Dios. Fue el Espíritu Santo, aquel que flotaba sobre el caos primitivo, y el que sacó de allí todos los órdenes de la creación. De ese Espíritu creador, se dice por mi evangelista Lucas: vendrá sobre ti, María, y armará su tienda sobre ti, por eso el Santo engendrado será llamado Hijo de Dios. Armar la tienda, como sabes, significa morar, habitar definitivamente. Si María, perpleja, no hubiese dicho su fiat, hágase según tu palabra, el Hijo no se habría encarnado y el Espíritu Santo no se habría feminizado.

Mira, hijo, lo que te estoy diciendo: El Espíritu vino a morar definitivamente en esta mujer, María. Se identificó con ella, se unió a ella de forma tan radical y misteriosa que en ella comenzó a plasmarse la santa humanidad de Jesús. El Espíritu de vida produjo la vida nueva, el hombre nuevo, Jesús. Para ti y para todos los fieles está claro que lo masculino a través del hombre Jesús de Nazaret fue divinizado. Ahora vete al evangelio de san Lucas y constatarás que también lo femenino a través de María de Nazaret fue divinizado por el Espíritu Santo. Él armó su tienda, es decir, vino a morar definitivamente en ella. Date cuenta que el evangelista Juan dice lo mismo del Hijo: Él armó su tienda en Jesús. No es el Espíritu, susurra la misma voz, que toma al profeta para una determinada misión y, cumplida esta, termina su presencia en él. Con María es diferente. Viene, se queda, y no se va jamás. Ella es elevada a la altura del Divino Espíritu Santo. De ahí que, lógicamente, el Santo engendrado será llamado Hijo de Dios. Es el caso de María. No sin razón es la bendita entre las mujeres.

Hijo, esta es la verdad que debes anunciar: por medio de María, Dios mostró que además de ser Dios-Padre es también Dios-Madre con las características de lo femenino: el amor, la ternura, el cuidado, la compasión y la misericordia. Estas virtudes están también en los hombres, pero encuentran una expresión más visible en las mujeres.

Hijo, al decir Dios-Madre descubrirás la porción femenina de Dios con todas las virtudes de lo femenino. Jamás olvides que las mujeres nunca traicionaron a Jesús. Le fueron fieles hasta el pie de la cruz. Mientras sus discípulos, los hombres, huyeron, Judas lo traicionó y Pedro lo negó, ellas mostraron un amor fiel hasta el extremo. Ellas, mucho antes que los apóstoles, fueron las primeras en dar testimonio de la resurrección de Jesús, el hecho mayor de la historia de la salvación.

Lo femenino de Dios no se agota en su maternidad, sino que se revela en lo que hay de intimidad, de amorosidad, de gentileza y de sensibilidad, perceptibles en lo femenino. No permitas que nadie, por ninguna razón, discrimine a una mujer por ser mujer, aduce todas las razones para que sea respetada y amada, pues ella revela algo de Dios que solamente ella, junto con el hombre, puede hacer a mi imagen y semejanza. Refuerza sus luchas, recoge las contribuciones que ella aporta a la sociedad, a las Iglesias, al equilibrio entre hombre y mujeres. Ellas son un sacramento de Dios-Madre para todos, un camino que nos lleva a la ternura de Dios. Ojala las mujeres asuman su porción divina, presente en una compañera suya, María de Nazaret. Llegará el día en que caigan las escamas que cubren vuestros ojos y entonces hombres y mujeres os sentiréis también divinizados por el Hijo y por el Espíritu Santo”.

Al volver en mí, sentí en la claridad de mi mente cuanto de verdad me había sido comunicado. Y, conmovido, me llené de alabanzas y de acción de gracias.

Leonardo Boff

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MOSAICO, 9-X-014

MARTINEZ CAMPOS, 9-X-014

(con auxilio de Emmanuel)

MOSAICO

Silviano Martinez Campos.

La Piedad, 9 de Octubre.- “FRANCISCO DE ROMA Y Francisco de Asis”. Así se llama el librito de Leonardo Boff, ediciones DABAR 2013 que me regaló el Padre Alfonso (Sahagún). Acabé de leerlo y como todo lo de Leonardo Boff el autor es plenamente aleccionador y estimulante para ponernos de mejor manera en el camino de nuestra fé. En este caso Boff hace en sus artículos un paralelo entre el Santo de Asís y nuestro nuevo Papa Francisco ni que decir que para un lector interesado y no especializado en estas cuestiones es sumamente estimulante encontrarse con este tipo de literatura. Por supuesto que ha pasado más de un año del nuevo ministerio de Francisco El Papa en, cuyo trayecto del tiempo se han sucedido las novedades una a una dichas, expresadas y actuadas por francisco pero todo lo que se escribe por Boff en el paralelo del personaje de la edad media con el personaje de nuestra actualidad, Francisco, es de interés marcadamente vigente. Quien lea esto está desde luego invitado a transitar por la obra y desde luego también sin duda podrá cosechar muchos frutos. El padre Sahagún originalmente presentaba como educador que es la obrita a sus “maestros de la palabra” y sus familias con motivo de la navidad de 2013. En una cita del Maestro Ekhart, indicaba “Todas las palabras deben su poder al verbo primigenio”. ¡QUE TREMENDO CONTRASTE! Entre los temas abordados anteriormente y las informaciones de estos días en torno a la situación de nuestro México, aún cuando vale decir en realidad en muchas mas partes de nuestro averiado planetita TIERRA. Ha sacudido nuestra conciencia el acontecer violento de estos días en una región del estado de Guerrero. Violencia presumiblemente vinculada al crimen organizado incluido en esto la desaparición de unos 43 jóvenes normalistas de la región de Iguala. Esto ha cimbrado a la golpeada sociedad Mexicana y obligado a todas las instancias de orden judicial tanto local como federales a dar prioritaria atención al caso como una exigencia tanto de justicia como de información adecuada a los familiares de las presuntas víctimas como a la sociedad en general. ESTA NUEVAMENTE EN el tapete de la actualidad, por decirlo así de manera cómoda el caso del Ebola enfermedad virál nacida según todos los indicios en africa, continente sobre el que se ha ensañado. Pero el hecho de que hayan aparecido brotes en países del todavía llamado primer mundo ha intensificado la voz de alerta entre los organismos de la salud tanto los de ámbito universal como de las naciones últimamente afectadas como el caso de España o en Texas nada menos que en los Estados Unidos. Hay alerta preventiva, pues también en las fronteras de nuestro México con el país vecino. Es de recordarse el gran éxito de nuestro país para prevenir y controlar el brote, hace años del famoso virus H1N1. Desde luego que, lo que voy a escribir no tiene relación objetiva con lo anteriormente dicho. Pero es una referencia de tipo literario si se quiere, a las “amenazas” del “Ebola” y del “Sida”, como una expresión desde luego literaria de los grandes retos que en muchas dimensiones de la vida estamos enfrentando los humanos y la vida en general en nuestra TIERRA. Vaya pues el enlace de mi ficción denominada “LA INVASION”http://redescritoresporlatierra.org/2014/07/silviano-martinez-campos-la-invasion/ . POR LO VISTO, ya terminó la temporada de lluvias, si es que algún intruso ciclón, no dice lo contrario. En años anteriores se daba uno cuenta del cambio estacional cuando soplaba el aire frio días antes de terminar Septiembre, ahora quien escribe lo percibió ya avanzada la primera semana de octubre. Este año si llovió parejo, hasta el modesto pasto de los prados llegó a la rodilla. Esperemos que las cosechas sean aceptables para nuestros agricultores regionales. https://losnuevostiempos.wordpress.com/

Carisma y carismáticos: ¿qué energía es esa?- Leonardo Boff

Carisma y carismáticos: ¿qué energía es esa?

2014-09-05


  Carisma, carma, Crishna, Cristo, crisma y caritas poseen la misma raíz sánscrita kri o kir. Significa la energía cósmica que acrisola y vitaliza, penetra y rejuvenece todo, fuerza que atrae y fascina los espíritus. La persona no posee un carisma, es poseída por él. La persona, sin ningún mérito personal, se ve tomada por una fuerza que irradia sobre otras, haciendo que queden estupefactas: si están hablando, se callan; si están entretenidas en alguna cosa, pasan a prestar atención a la persona carismática. El carisma es algo sorprendente. Está en los seres humanos, pero no viene de ellos. Viene de algo más alto y superior. Nietzsche cuenta que cuando paseaba por los Alpes se sentía poseído por una fuerza que le hacía escribir. Era otro que se servía de él. Tomaba su cuaderno y en él escribía lo mejor de sus intuiciones.

Los antropólogos introdujeron una palabra sacada de la cultura de Melanesia: mana. La personalidad-mana irradia un poder extraordinario e irresistible que, sin violencia, se impone a los demás. Atrae, entusiasma, fascina, arrastra. Es el equivalente de carisma en nuestra tradición occidental.

¿Quiénes son los carismáticos? En el fondo, todos. A nadie le es negada esa fuerza cósmica de presencia y de atracción. Todos cargamos con algo de las estrellas de donde venimos. La vida de cada persona está llamada a brillar, según dice un cantor, a ser carismática de una u otra forma. Bien decía José Martí, pensador cubano de los más agudos de América Latina: hay seres humanos que son como las estrellas, generan su propia luz, mientras otros reflejan el brillo que reciben de ellas. Algunos son sol, otros, luna. Nadie está fuera de la luz, propia o reflejada. En fin, estamos todos en la luz para brillar.

Pero hay carismáticos y carismáticos. Hay algunos en los cuales esta fuerza de irradiación implosiona y explosiona. Son como una luz que se enciende en la noche. Atraen todas las miradas me valen las dos. Se podía hacer desfilar a todos los obispos y cardenales delante de los fieles reunidos, podía haber figuras impresionantes en inteligencia, capacidad de administración y celo apostólico, pero todas las miradas se fijaban en Dom Hélder Câmara cuando todavía estaba entre nosotros, portador eminente de carisma. Su figura era insignificante. Parecía el siervo sufriente sin belleza ni adorno. Pero de él salía una fuerza de ternura que unida al vigor de su palabra se imponía suavemente a todos.

Muchos pueden hablar, y hay buenos oradores que atraen la atención. Pero dejen hablar al obispo emérito de São Félix do Araguaia. Su voz es ronca y a veces casi desaparece. Pero en ella hay tanta fuerza y tanto convencimiento que la gente queda boquiabierta. Es la irrupción del carisma que hace que un obispo frágil y débil parezca un gigante. Hoy sin casi poder hablar a causa de un fuerte Parkinson, sus escritos y poemas tienen la fuerza del fuego. Es un eximio poeta.

Hay políticos hábiles y grandes administradores. La mayoría maneja el verbo con maestría. Pero hagan subir a Lula en la tribuna delante de las multitudes. Empieza hablando bajo, asume un tono narrativo, va buscando el mejor camino para comunicarse. Y lentamente adquiere fuerza, irrumpen conexiones sorprendentes, la argumentación adquiere su armazón adecuada, el volumen de voz alcanza altura, los ojos se incendian, los gestos modulan el habla, en un momento dado todo el cuerpo es comunicación, argumentación y comunión con la multitud que de bulliciosa pasa a silenciosa y de silenciosa a petrificada, para, en el punto culminante, irrumpir en gritos de aplauso y entusiasmo. Es el carisma haciendo irrupción. Poco importa la opinión que podamos tener de sus ocho años de gobierno. En él no se puede negar la presencia del carisma.

No sin razón Max Weber, estudioso del poder carismático, lo llama «estado naciente». El carisma parece que hace nacer, cada vez que irrumpe, la creación del mundo en la persona carismática o personalidad-mana. La función de los carismáticos es la de ser parteros del carisma latente dentro de las personas. Su misión no es la de dominarlas con su brillo, ni seducirlas para que los sigan ciegamente, sino despertarlas del letargo de lo cotidiano. Y, despiertos, descubrir que lo cotidiano guarda en su interior secretos, novedades, energías ocultas que siempre pueden despertar y dar un nuevo sentido de brillo a la vida, a nuestro corto paso por este universo.

Que cada cual descubra la estrella que dejó su luz y su rastro dentro de él. Y si fuera fiel a la luz, brillará y otros lo percibirán con entusiasmo.

Leonardo Boff

Las amenazas de la Gran Transformación, I. Leonardo Boff

Las amenazas de la Gran Transformación (I)

2014-08-05


La Gran Transformación consiste en el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. O dicho de otra manera: de una sociedad con mercado a una sociedad sólo de mercado. El mercado siempre ha existido en la historia de la humanidad, pero nunca había existido una sociedad sólo de mercado, es decir, una sociedad que coloca la economía como único eje estructurador de toda la vida social, sometiendo a ella la política y anulando la ética. Todo es vendible, hasta lo sagrado.

No se trata de cualquier tipo de mercado. Es un mercado que se rige por la competición y no por la cooperación. Lo que cuenta es el beneficio económico individual o corporativo y no el bien común de toda una sociedad. Generalmente ese beneficio se consigue a costa de la devastación de la naturaleza y de la gestación perversa de desigualdades sociales. En este sentido la tesis de Thomas Piketty en El capital en el siglo XXI es irrefutable.

El mercado debe ser libre, por lo tanto rechaza controles y ve como su gran obstáculo al Estado, cuya misión sabemos que es ordenar con leyes y normas la sociedad, también el campo económico, y coordinar la búsqueda del bien común. La Gran Transformación postula un Estado mínimo, limitado prácticamente a las cuestiones ligadas a la infraestructura de la sociedad, al fisco, mantenido lo más bajo posible, y a la seguridad. Todo lo demás debe ser buscado en el mercado, pagando.

El afán de mercantilizarlo todo ha penetrado en todos los sectores de la sociedad: en la salud, en la educación y el deporte, en el mundo de las artes y del entretenimiento y hasta en grupos importantes de las religiones y de las Iglesias. Estas incorporaron la lógica del mercado, la creación de una masa enorme de consumidores de bienes simbólicos, Iglesias pobres en espíritu, pero ricas en medios de hacer dinero. No es raro que en el mismo complejo comercial funcione un templo y a su lado un shopping. En fin, se trata siempre de lo mismo: obtener ingresos, ya sea con bienes materiales o con bienes “espirituales”.

Quien estudió en detalle este proceso avasallador fue un historiador de la economía, el húngaro-norteamericano Karl Polanyi (1886-1964). Él acuñó la expresión La Gran Transformación, título de un libro suyo escrito en 1944, antes de terminar la Segunda Guerra Mundial. En su tiempo la obra no mereció especial atención. Hoy, cuando sus tesis se ven cada vez más confirmadas, se ha convertido en lectura obligatoria para quienes se proponen entender lo que está ocurriendo en el campo de la economía, que repercute en todos los campos de la actividad humana, sin excluir la religiosa. Se cree que el papa Francisco se ha inspirado en Polanyi para criticar la actual mercantilización de todo, hasta del ser humano y de sus órganos.

Esta forma de organizar la sociedad en torno a los intereses económicos del mercado ha escindido a la humanidad de arriba abajo: se ha creado un foso enorme entre los pocos ricos y los muchos pobres. Se ha gestado una espantosa injusticia social con multitudes descartables, consideradas ceros económicos, aceite quemado, que ya no son interesantes para el mercado porque producen irrisoriamente y no consumen casi nada.

Simultáneamente la Gran Transformación de la sociedad de mercado ha creado también una injusticia ecológica inicua. En su afán de acumular, los bienes y recursos de la naturaleza han sido explotados de forma predatoria, devastando ecosistemas enteros, contaminando los suelos, las aguas, los aires y los alimentos, sin ninguna otra consideración ética, social o sanitaria.

Un proyecto de esta naturaleza, de acumulación ilimitada, no puede ser soportado por un planeta limitado, pequeño, viejo y enfermo. Y ha surgido un problema sistémico, al cual los economistas de este tipo de economía raramente se refieren: los límites físico-químicos-ecológicos del planeta Tierra han sido alcanzados. Tal hecho dificulta, si es que no impide, la reproducción del sistema, que necesita una Tierra repleta de «recursos» (bienes y servicios o «bondades» en el lenguaje de los indígenas).

De continuar por este rumbo, podremos experimentar, como ya lo estamos experimentando, reacciones violentas por parte de la Tierra. Como es un Ente vivo que se autorregula, reacciona para mantener su equilibrio afectado a través de eventos extremos, terremotos, tsunamis, huracanes y una total falta de regulación de los climas.

Esa Transformación, por su lógica interna, se está volviendo biocida, ecocida y geocida. Destruye sistemáticamente las bases que sustentan la vida. La vida corre peligro y la especie humana podría, ya sea por las armas de destrucción masiva existentes o por el caos ecológico, desaparecer de la faz de la Tierra. Sería la consecuencia de nuestra irresponsabilidad y de la total falta de cuidado por todo lo que existe y vive.

¿Qué es el ser humano?; Civilización de la re-ligación. Leonardo Boff. (Dos artículos de 2003)

¿Qué es el ser humano?; Civilización de la re-ligación. Leonardo Boff. (Dos artículos de 2003).

Festejar es afirmar la bondad de la vida. Leonardo Boff

Festejar es afirmar la bondad de la vida

2014-07-23


El tema de la fiesta es un fenómeno que ha desafiado a grandes nombres del pensamiento como R. Caillois, J. Pieper, H. Cox, J. Motmann y al propio F. Nietzsche. Y es que la fiesta revela lo que todavía hay de mítico en nosotros en medio de la fría racionalidad. Cuando se realizó la Copa del Mundo en Brasil en junio y julio del presente año, se hicieron grandes fiestas en todas las clases sociales, verdaderas celebraciones. Incluso después de la humillante derrota de Brasil frente a Alemania, las fiestas no decayeron. En Costa Rica, que no fue campeona del mundo, pero mostró excelente fútbol, hasta el presidente salió a la calle a celebrar. No fue diferente en Colombia. La fiesta hace olvidar los fracasos, suspende la terrible cotidianidad y el tiempo de los relojes. Es como si, por un momento, participásemos de la eternidad, pues en la fiesta no percibimos el tiempo que pasa.

La fiesta en sí está libre de intereses y finalidades, aunque haya fiestas de negocios donde la fiesta se transforma en beber, comer y negociar. Pero en la fiesta que es fiesta, todos están juntos no para aprender o enseñar algo unos a otros, sino para alegrarse, para estar ahí, uno para el otro comiendo y bebiendo en amistad y concordia. La fiesta reconcilia todas las cosas y nos devuelve la saudade del paraíso de las delicias, que nunca se perdió totalmente. Platón sentenciaba con razón: «los dioses hicieron las fiestas para que pudiésemos respirar un poco». La fiesta no es solo un día de los hombres sino también «un día que el Señor hizo» como dice el Salmo 117,24. Efectivamente, si la vida es un caminar trabajoso, necesitamos a veces parar para respirar y, renovados, seguir adelante.

La fiesta es como un regalo que no depende ya de nosotros y que no podemos manipular. Se puede preparar la fiesta, pero la festividad, es decir, el espíritu de la fiesta, surge gratuitamente. Nadie la puede prever ni simplemente producir. Solamente podemos prepararnos interior y exteriormente y acogerla.

A la fiesta más social (bodas, aniversario) pertenecen la ropa festiva, el adorno, la música y el baile. ¿De dónde brota la alegría de la fiesta? Tal vez Nietszche encontró la mejor manera de formularlo: «para alegrarse de alguna cosa, hay que dar la bienvenida a todas las cosas». Por tanto, para poder festejar de verdad necesitamos afirmar positivamente la totalidad de las cosas: «Si podemos decir sí a un único momento entonces habremos dicho sí no sólo a nosotros mismos sino a la totalidad de la existencia (Der Wille zur Macht, libro IV: Zucht und Züchtigung, nº 102).

Ese sí subyace a nuestra decisiones cotidianas, en nuestro trabajo, en la preocupación por la familia, en la convivencia con los colegas. La fiesta es el tiempo fuerte en el cual el sentido secreto de la vida es vivido incluso inconscientemente. De la fiesta salimos más fuertes para enfrentarnos a las exigencias de la vida.

La grandeza de una religión, cristiana o no, reside en gran parte en su capacidad de celebrar y de festejar a sus santos y maestros, los tiempos sagrados, las fechas fundacionales. En las fiesta cesan los interrogantes del corazón y el practicante celebra la alegría de su fe en compañía de hermanos y hermanas que comparten sus mismas convicciones, oyen la misma palabra sagrada y se sienten próximos a Dios.

Viviendo de esta forma la fiesta religiosa, percibimos cuan equivocado es el discurso que sensacionalistamente anuncia la muerte de Dios. Se trata de un trágico síntoma de una sociedad saturada de bienes materiales, que asiste lentamente no a la muerte de Dios, sino a la muerte del hombre que perdió la capacidad de llorar, de alegrarse por la bondad de la vida, por el nacer do sol, por la caricia entre dos enamorados.

Nuevamente volvemos a Nietzsche que entendió mucho de la verdad esencial del Dios vivo, sepultado bajo tantos elementos envejecidos de nuestra cultura religiosa y de la rigidez de la ortodoxia de las iglesias: «la pérdida de la jovialidad, es decir, de la gracia divina (jovialidad viene de Jupter, Jovis) es la consecuencia fundamental de la muerte de Dios» (Fröhliche Wissenschaft III, aforismo 343 y 125).

Por haber perdido la jovialidad, gran parte de nuestra cultura no sabe festejar. Conoce la frivolidad, los excesos de comer y beber, las palabrotas groseras, y las fiestas montadas como comercio, en las cuales hay de todo menos alegría y jovialidad.

La fiesta tiene que ser preparada y solamente después celebrada. Sin esta disposición interior corre el riesgo de perder su sentido alimentador de la vida que llevamos. Hoy en día vivimos en fiestas. Pero por no saber prepararnos ni prepararlas, salimos de ellas vacíos o saturados cuando el valor de las mismas era llenarnos de un sentido mayor para llevar adelante la vida, siempre desafiante y para la mayoría, trabajosa.

 

Leonardo Boff


El humor como expresión de salud psíquica y espiritual. Leonardo Boff

El humor como expresión de salud psíquica y espiritual

2014-07-25


Todos los seres vivos superiores poseen un acentuado sentido lúdico. Basta observa a los gatos y los perros de nuestras casas. Pero el humor es propio sólo de los seres humanos. El humor nunca fue considerado un tema «serio» por la reflexión teológica, aunque es sabido que se encuentra presente en todas las personas santas y místicas, que son los únicos cristianos verdaderamente serios. En la filosofía y en el psicoanálisis tuvo mejor suerte.

Humor no es sinónimo de chiste, pues puede haber chiste sin humor y humor sin chiste. El chiste es irrepetible; repetido, pierde su gracia. La historieta llena de humor conserva siempre su gracia y nos gusta oírla muchas veces.

El humor sólo puede ser entendido a partir de la profundidad del ser humano. Su característica es ser un proyecto infinito, portador de inagotables deseos, utopías, sueños y fantasías. Tal dato existencial hace que haya siempre un desajuste entre el deseo y la realidad, entre lo soñado y su concretización. Ninguna institución, religión, Estado ni ley consiguen encuadrar totalmente al ser humano, aunque para encuadrarlo exista justamente cierto tipo de orden. Pero él desborda estas determinaciones. De ahí la importancia de la violación de lo prohibido para la vivencia de la libertad y para que surjan cosas nuevas. Y esto en el arte, en la literatura y también en la religión.

Cuando nos damos cuenta de esta diferencia entre la ley y la realidad ―véase por ejemplo, la esdrújula moral católica sobre la prohibición de usar el condón en estos tiempos en que abunda el sida― surge el sentido del humor. Dan ganas de reír, pues tiene todo tan poco buen sentido y es tanto hablar en pleno desierto, ya que nadie escucha ni observa, que sólo puede provocarnos humor. Esas personas viven en la luna, no en la Tierra.

En el humor se vive el sentimiento de alivio del peso de las limitaciones y del placer de verlas relativas y sin la importancia que ellas mismas se dan. Por un momento, la persona se siente libre de los superegos castradores, de las imposiciones que nos exige la situación y realiza una experiencia de libertad, como una forma de plasmar su tiempo, dar sentido a lo que está haciendo y construir algo nuevo. Detrás del humor existe la creatividad, propia del ser humano. Por más limitaciones naturales y sociales que haya, siempre hay espacio para crear algo nuevo. Si no fuese así, no habría genios en la ciencia, en el arte y en el pensamiento. Inicialmente son tenidos por «locos», excéntricos, anormales. Mucho tiempo después, una nueva mirada descubre la genialidad de un van Gogh, la creatividad fantástica de Bach, casi desapercibidas en su tiempo. Se dice de Jesús que los suyos vinieron a llevárselo, pues decían “está loco” (Mc 3,21). De San Francisco se dijo lo mismo: es un «pazzus», un loco, cosa que él aceptaba como expresión de la voluntad de Dios. Y era un santo lleno de humor y alegría hasta el punto de llamarlo «el fraile siempre alegre».

En palabras más pedestres: el humor es señal de que nos es imposible definir al ser humano dentro de un cuadro establecido. En su ser más profundo y verdadero es un creador y un ser libre.

Por eso puede sonreír y mirar con humor los sistemas que lo quieren aprisionar en categorías establecidas. Y el ridículo que constatamos en señores serios (por ejemplo, profesores, jueces, directores de escuela y hasta monseñores) que quieren, solemnemente y con aires de una autoridad superior cuasi divina, hacer a los otros ciegos y sumisos, o que obedezcan cual ovejas a sus órdenes. Eso también causa humor.

Estaba en lo cierto aquel filósofo (Th. Lersch, Philosophie des Humors, Múnich 1953, 26) que escribió: «La esencia secreta del humor reside en la fuerza de la actitud religiosa, pues el humor ve las cosas humanas y divinas en su insuficiencia delante de Dios». Desde la seriedad de Dios, el ser humano sonríe de las seriedades humanas con pretensión de ser absolutamente verdaderas y serias. Son nada delante de Dios. Y existe también toda una tradición teológica que nos viene de los Padres de la Iglesia Ortodoxa que hablan del Deus Ludens (Dios lúdico), pues creó el mundo como un juego para su propio entretenimiento. Y lo hizo sabiamente, uniendo humor con seriedad.

Quien vive centrado en Dios tiene motivos para cultivar el humor. Relativiza las seriedades terrenas, hasta los propios defectos y es un ser libre de preocupaciones. Santo Thomas Moro, condenado a la guillotina, cultivó el humor hasta el final: pedía a los verdugos que le cortasen el cuello pero que no le tocasen la larga barba blanca. San Lorenzo sonría con humor a los verdugos que lo asaban en la parrilla y los invitaba a darle la vuelta porque un lado ya estaba bien cocido, o san Ignacio de Antioquia, anciano obispo de la primera Iglesia, que suplicaba a los leones que viniesen a devorarlo para pasar más rápidamente a la felicidad eterna.

Conservar esta serenidad, vivir en estado de humor y comprenderlo a partir de las insuficiencias humanas es una gracia que todos debemos buscar y pedir a Dios.

 

Leonardo Boff


Los futbolistas necesitan mística además de psicología. Leonardo Boff

Los futbolistas necesitan mística además de psicología

2014-07-18


 

Una idea constructiva de la CBF y del grupo técnico de la selección de futbol brasilera es el haber convocado una psicóloga especializa en el área, Regina Brandão, para acompañar a los futbolistas en sus juegos. El acompañamiento psicológico ya existe desde hace años en la selección alemana. El sentido es evidente: crear una atmósfera de serenidad interior, celebrar las victorias de forma controlada y crear las condiciones de una buena resiliencia en las derrotas, es decir, saber dar la vuelta por encima, aprender de los errores y mejorar el desempeño.

Pero estimo que eso no es suficiente todavía. La psicología puede ser enriquecida con la mística. No vengan después a decirme que estoy introduciendo religión en el fútbol. Tenemos antes de todo que desmitificar la mística. Esta tiene muchos significados, siendo los dos principales: el sentido sociológico y el sentido espiritual, mas no confesional.

Doy dos ejemplos que lo aclaran mejor que muchas palabras. El 17 y 18 de mayo de 1993, fray Betto y yo organizamos una reflexión abierta sobre mística y espiritualidad. Era durante la semana, de mañana y de tarde. Vinieron más de 500 obreros, la mayoría metalúrgicos. Querían saber qué diablos era eso de mística y espiritualidad. Hicimos dos charlas de apertura y el resto, debates muy interesantes. Se grabó todo y fue publicado en un libro que tiene ya muchas ediciones: Mística y Espiritualidad (Vozes 2014).

Otro ejemplo: cada gran reunión del Movimiento de los Sin Tierra, en las que participan cientos de personas, se inicia siempre con una «mística». ¿Qué es lo que hacen? Se teatralizan los problemas vividos por los participantes, se crean símbolos significativos, se entonan canciones, se oyen testimonios de lucha y de vida. No siempre se habla de Dios. Lo que irrumpe es un sentido de vida, un refuerzo de la voluntad de llevar adelante los proyectos, de resistir, de denunciar y de crear cosas nuevas. El efecto final es el entusiasmo general, levedad de espíritu, la armonía entre todos. Mediante estas «celebraciones» se toca la dimensión más profunda del ser humano, allí donde están nuestros mejores sueños, nuestras utopías, nuestra determinación de mejor vida. Ese es el sentido sociológico de mística, que se encuentra en la famosa palestra de Max Weber a los estudiantes de Múnich en 1919 sobre La política como vocación. Para él, una política digna de ese nombre (no vivir de la política sino vivir para la política) implica una mística, en caso contrario queda atrapada en el pantano de los intereses individuales o corporativos. Mística, para Max Weber, significa el conjunto de las convicciones profundas, las visiones grandiosas y las pasiones fuertes que movilizan personas y movimientos, inspirando prácticas capaces de afrontar dificultades y sosteniendo la esperanza ante los fracasos.

Ese tipo de mística puede y debe ser vivida por los jugadores de futbol, y con más razón, por los de la selección en las Copas Mundiales. Vean que no se trata solo de psicología con sus motivaciones. Se trata de valores, de sueños buenos, de entusiasmo. La cuestión es cómo llegar a eso.

Aquí viene el segundo sentido de mística, el espiritual. Pero es necesario hacer una aclaración: tenemos un lado exterior, nuestro cuerpo con el cual entramos en contacto con los otros, la naturaleza y el universo. El fútbol entrena todas las virtualidades posibles del cuerpo para crear el atleta y el crac. Pero no basta. Tenemos nuestro interior que es la psique habitada por pasiones, amores, odios, arquetipos profundos, la dimensión de luz y de sombra. Tarea de cada uno es domesticar los demonios, potenciar los ángeles buenos de tal forma que pueda vivir en paz consigo mismo, no víctima de los impulsos.

Pero tenemos también lo profundo, que es nuestro lado espiritual. En nuestra profundidad encontramos las indagaciones inevitables que nos acompañan a lo largo de la vida: ¿Quién soy? ¿Qué hago en este mundo? ¿Qué puedo esperar más allá de esta vida? ¿Cuál es el sentido de jugar en la copa? Todas las cosas son interdependientes entre sí y se ayudan unas a otras para vivir. Tiene que haber un eslabón que las liga y religa a todas. Tenemos también un Yo profundo con sugestiones y proyectos que nos movilizan.

Ahí tiene su fuente el entusiasmo. Entusiasmo en griego significa «tener un dios dentro»: aquella Energía que es mayor que nosotros, que nos toma y nos conduce por la vida. Sin entusiasmo nos acercamos al mundo de la muerte. La ciencia moderna del cerebro identificó lo que los científicos han llamado el punto de Dios en el cerebro o la inteligencia espiritual. Siempre que se abordan cuestiones fundamentales de la vida o se busca una visión más global, cuando se pregunta por la Energía poderosa y amorosa que sustenta todo, hay una aceleración mayor que la normal de una zona neuronal. Estamos dotados de un órgano interior por el cual captamos lo que llamamos Tao, Shiva, Olorum, Alá, Yavé, Dios. No importan los nombres, sino la experiencia de una Totalidad dentro de la cual estamos. Activar el «punto de Dios» nos hace más sensibles a los otros, más cuidadosos, más amigables, comprensivos y valerosos.

Creo que al jugador le vendría bien, antes de los entrenamientos retirarse a un rincón, concentrase y escuchar ese Yo profundo donde nacen las buenas ideas, los buenos sentimientos y se fortalece el «entusiasmo». Hay personas como fray Betto, Marcelo Barros y otros que harían magistralmente ese trabajo. Ellos pondrían a los jugadores afinados con el «punto de Dios» y prescindirían de la magia de «Tois».

 

 

Leonardo Boff

 


Rito y juego: cosas muy olvidadas. Leonardo Boff

Rito y juego: cosas muy olvidadas

2014-07-11

En estas semanas de Copa Mundial de fútbol estamos viviendo momentos cargados de ritos, fiestas y símbolos. La ceremonia de apertura es una secuencia de ritos y símbolos ligados al fútbol, principalmente la presentación de los equipo y el canto del himno nacional. El ambiente de fiesta llena las ciudades, engalana las calles y las ventanas de las casas.

Vamos a abordar el tema del rito y de la fiesta, sobre cuyo sentido humano y social no siempre se piensa y a veces se olvida. Ante todo, sin rito no hay fiesta, porque esta se mueve dentro del mundo simbólico, hecho de ritos y símbolos. Comer y beber en la fiesta no busca saciar el hambre o la sed. Para eso comemos en casa o en un restaurante. Simbolizan la amistad y la alegría del encuentro y de participar juntos  en un evento como un partido de fútbol. Cantar en la fiesta no quiere ser un show de música artística sino expresión ritual de euforia y de desahogo existencial. Y cómo se celebra y se bebe cuando nuestro equipo preferido vence un partido o gana el campeonato.

«¿Qué es un rito?» preguntaba el Principito al zorro que lo había cautivado, en el famoso libro de A. de Saint Exupéry que lleva ese mismo título. Y el zorro respondía: «es algo muy olvidado, es lo que hace unos días diferentes de los otros días, una hora diferente de las otras horas. Entre mis cazadores hay un rito, los jueves van a bailar con las chicas del pueblo, y entonces, ¡el jueves es un día maravilloso! Yo voy a pasear hasta el viñedo. Si los cazadores bailasen un día cualquiera los días serían todos iguales y yo no tendría descanso» (p.27).

El rito es, pues, lo que hace de la fiesta un día diferente de los otros días. Pero solo gana fuerza expresiva si hay preparación y espera interior, como ocurre antes de un partido de fútbol entre dos equipos famosos. Por eso el zorro aconseja al Principito: «sería mejor que vinieses siempre a la misma hora; si vinieses, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a las tres yo ya empezaría a ser feliz… pero si vienes en cualquier momento yo no sabré jamás cómo preparar mi corazón. Es necesario el rito» (p.71).

Sólo con el rito habrá fiesta porque entonces todas las cosas pierden su consistencia natural, para asumir un valor simbólico y profundamente humano. Pierden su finalidad (son inútiles) para ganar su verdadero sentido. El ruido de sus pasos no ahuyentará jamás al zorro, son como una música que le habla de la aproximación del Principito. Los trigales no le recuerdan el pan (finalidad) sino los cabellos de oro del Principito (sentido).

La presencia del rito es generalmente fuerte, además de en los hechos mencionados, en las celebraciones religiosas (el matrimonio, por ejemplo, o la ordenación sacerdotal). El rito expresa mejor el sentido de las cosas que el lenguaje, que es «fuente de malentendidos» como comenta el zorro. Por eso el rito es tanto más expresivo cuanto más brota de la profundidad de nuestro yo, de nuestros arquetipos profundos, donde se elabora nuestra identidad personal.

Todo ser humano, incluso el más secular y racional, es mítico, en el sentido de la expresión ritual y simbólica. Cuando quiere expresar lo que él mismo es, su alegría, su tristeza, su pasión, su amor no usa conceptos fríos sino metáforas o cuenta historias de vida que son los mitos reales. Por ellos, emerge el misterio de la caminada personal de cada uno, sin violarla. Los ritos y las celebraciones siempre piden seriedad y concentración.

Todo esto que describimos del rito tiene mucho que ver con el juego. No pienso en el juego que se ha vuelto profesión y gran comercio internacional, como el fútbol y otros. Son más bien deportes que juegos. El juego, como se da en los medios populares, en un sitio improvisado o en la playa, no tiene ninguna finalidad práctica, pero lleva en sí mismo un profundo sentido como expresión de la alegría de estar y de divertirse juntos.

Hay una tradición antigua de las dos Iglesias-hermanas, la latina y la griega, que se refiere al Deus ludens, al homo ludens e incluso a la eccclesia ludens(Dios, el hombre y la lúdicos). Veían la creación como un gran juego de Dios lúdico: lanzó por un lado las estrellas, por el otro el sol, por debajo los planetas y, con cariño, la Tierra, a la distancia justa del Sol, para que pudiese tener vida. La creación es una especie de alegría transbordante de Dios, un theatrum gloriae Dei (teatro de la gloria de Dios).

En un bello poema dice el gran teólogo de la Iglesia ortodoxa Gregorio Nacianceno (+390): «El Logos sublime juega. Adorna con las más variadas imágenes, por puro gusto y de todos los modos, el cosmos entero». En efecto, el juego es obra de la fantasía creadora, con lo muestran los niños: expresión de una libertad sin coacción, creando un mundo sin finalidad práctica, libre de lucro y de ventajas individuales. «Porque Dios es vere ludens (verdaderamente lúdico) cada uno debe ser también veres ludens», amonestaba de mayor uno de los más finos teólogos del siglo XX, hermano de otro eminente teólogo, que fue profesor mío en Alemania, Karl Rahner.

Estas consideraciones vienen a mostrar cómo puede ser serena y sin angustias nuestra existencia aquí en la Tierra, especialmente cuando es transfigurada por la presencia jovial de Dios en su creación. Entonces no tenemos que tener miedo. Lo que nos quita la libertad es el miedo. Lo opuesto a la fe no es tanto el ateísmo sino el miedo, especialmente el miedo a la soledad. Tener fe, más que adherir a un conjunto de verdades, es alegrarse por sentirse en la palma de la mano de Dios y poder vivir delante de él como un niño que juega despreocupadamente.