MOSAICO, 23-X-014

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La Piedad. Sindicato de empleados municipales, en su 30 aniversario

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HASTA SE LE ERIZARON LOS BIGOTES. Salvador Flores Llamas

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“NO PAGO PARA QUE ME PEGUEN”. Salvador Flores LLamas

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A PROPÓSITO DEL DÍA DEL PADRE

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FANT.27.- PADRES DE MAS DE

CUATRO

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Martínez Campos, 10/III/96

GUIA

 

PADRES DE MAS DE CUATRO

Silviano Martínez Campos

“Soy padre de más de 4”, es una expresión popular, entre nosotros, para dar a entender un sentimiento de afirmación que muchas veces raya en la actitud dominadora que llamamos machismo.

“Soy tu padre”, se decía antes, por lo menos entre niños y adolescentes, para dar a entender un cierto ascendiente o una cierta dominación, por lo menos en las querellas un tanto en broma, un tanto en serio, que se dan entre gente menuda.

Y había una canción mas o menos insultante, aunque nadie se escandalizaba por ella puesto que hasta se tocaba en público, la cual giraba en torno al personaje central, el chivo padre, que como todo campesino sabe, es el que encabeza la chivada.

Pero a la protección del padre acudían y acuden los niños pequeños como recurso de defensa cuando no se puede más en sus pequeños pleitos callejeros y esgrimen la consiguiente amenaza: “Le voy a decir a mi papá”.

O cuando se trata de presumir, dicen: mi papá es esto (y sigue la letanía de títulos y cualidades) o mi papá tiene esto ( y sigue la lista de posesiones que desde luego el otro no tiene). Es una nececesidad de asegurarse, en el apoyo del padre propio y a costa del ajeno.

Cuántas consideraciones podrían hacerse con motivo del Día del Padre, festividad realmente nueva, aunque matizada de mercantilismo para balancear la más tradicional y mayormente arraigada del Día de la Madre.

“Pa” y “ma” parecen ser en muchas partes primeros balbuceos de los infantes cuando comienzan a hablar y, según los estudiosos, en por lo menos algunos de los idiomas de nuestra área cultural, es el origen de la palabra padre.

Plantean también los estudiosos como posibilidad el que en una época lejana de la historia hubiera dominado la madre, en lo que se llamó matriarcado, etapa posteriormente sustituida por la del patriarcado, que lleva milenios.

Pero si las mujeres se ponen listas y continúan minando las concepciones vigentes del patriarcado, puede que dicha era no dure mucho. Cuál pudiera ser la direccón que tomen las cosas, nadie sabe; pero tal vez una solución intermedia sea que lleguemos al dominio del hijo, que en muchos casos y familias ya está vigente.
COMIENZAN LAS DIFICULTADES

Pobrecitos padres, cuando no les llueve les llovizna. En una actitud conmiserativa hacia ellos, habría qué considerar el oficio de padre ahora como el más difícil.

Comenzando por los padres solteros muy jóvenes, que pican y corren y, aun cuando no son muchos, los hay. Porque es una verdadera lástima que dejen embarazada a la muchacha y luego no acepten su paternidad. Pero nadie les enseñó a ser padres a edad temprana.

O los padres que sin ser solteros, por azares del destino o a resultas de “una metida de pata”, llegan al matrimonio jóvenes y cuando menos lo espean ya son padres de, ahora sí, más de 4. Cuando al lado de ellos hay a su vez unos padres amorosos y solidarios, no hay problema. Pero cuando se les deja solos a los pobres, ¡Cuántas penalidades!.

A los padres a quienes sin ser muy “chavos” ni muy viejos, los tiempos les han movido el tapete. Nos enseñaron a ser padres de otra manera, con el ejemplo a veces autoritario, a veces complaciente, a veces débil, pero funcionaba.

Mas se vino el gran cambio en nuestro entorno, y ahora parece que las cosas no funcionan. Claro, cuando quiere uno que marchen bien, porque habrá alguien a quien le sea indiferente siquiera que funcionen.

Sin embargo, los padres más atribulados deben ser los de mayor edad, digamos los ancianos. Muchos creen que a ellos de plano se les pasó el tren. Que ya no sirven par nada y aun cuando no tengan ya hijos en edad de crianza, continúan como padres para sus nietos pero ya nadie los toma en cuenta.

Sí señor, se acabó el tiempo en que el anciano era considerado un guía para la familia y una especie de patriarca. Lo que decía era mandato para la familia, pero ahora hasta los nietos lo corrigen y le dicen: “No abuelito, ya no es así, eso era en sus tiempos”.

Una categoría de padres merece especial tolerancia: los padres autoritarios, dominadores y represivos que tenían (o tienen si aún los hay) al hijo como propiedad. Por ellos sí los tiempos pasaron de noche, ya que ignoraban o ignoran que el hijo también tiene derechos y, aun cuando esté obligado al respeto, al amor, no está obligado a la sumisión abyecta, autodestructiva. Y la falta de sumisión es lo que más lastima a los padres autoritarios y por ello sufren cuando el hijo se defiende. Algo incomprensible para dichos padres, por eso merecen tolerancia.
PERO HAY DE PADRES A PADRES

De todas maneras, es muy padre ser padre. Es toda una bendición el haber recibido el don de la paternidad, el ser instrumentos para que la fuerza creadora del Universo se manifestara en un nuevo ser. Pero también es un aprendizaje ser padre. El comenzar una vida de experiencia novedosa e ir creciendo como padre junto con el hijo y al mismo tiempo ir descubriendo que de alguna manera vas reproduciéndote en él, en lo más noble que hay en ti pero ¡Ay!, a veces también en tus defectitos o defectotes.

El don de la paternidad biológica tal vez no se dé a todos. Y el don de la paternidad espiritual en sus máximas expresiones, tampoco. Pero todos podemos ser padres de más de 4 en el don de humanidad, lo que también es una bendición. Es gratificante ser un padre así, en una paternidad que, ésta sí, puede comenzar desde joven y prolongarse durante toda la vida.

Padre de un pensamiento que sirva para que otro prójimo a su vez encuentre la mejor manera de vivir. Padre de una actitud que a su vez haga ver al otro que la vida vale la pena, aun cuando a veces se manifieste en forma trágica.

Padre de una iniciativa, grande o pequeña, que permita activar voluntades para que las cosas mejoren, en la familia, en la sociedad y en el mundo. Padre de un sueño, que facilite a quienes te rodean, captar la diferencia entre lo que realmente vale y lo que aun cuando útil, es transitorio. Padre de un ideal compartido, que te permita no perder los estribos en medio del vendaval de los tiempos postrimeros del siglo y del milenio.

Y por encima de todo, paternal (aunque no paternalista) porque trates de ver con tolerancia la miseria ajena y en lo que puedas remediarla, porque después de todo hay alguna coincidencia de la propia limitación.

Aun cuando haya padres irresponsables, dominantes, autoritarios, más que por maldad por inercia y atavismos sociales, nunca deja de estar vigente la sabiduría tradicional que invita a respetarlos y amarlos. Esa sabiduría que conservan muchos padres ancianos, aparentemente inútiles, pero que de alguna manera calladamente conservan la savia de la vida.

En medio de una humanidad en dificultades, donde está faltando la verdadera fraternidad (no sólo la escrita en los textos), la verdadera maternadad (no sólo la de las celebraciones), la verdadera paternidad bien podría contribuir a nulificar la mentalidad de que “cada quien se rasque con sus uñas”, porque de ser así algunos las tienen más grandes y hacen mayores alborotos, como en el caso de los violentos.

Un espíritu abierto no tiene por qué temer la vorágine de los cambios que nos envuelven, mismos que al parecer no significan otra cosa que una metamorfosis o transformación (su significado es el mismo), una recreación, un renacimiento de la especie y con ella tal vez de toda la vida, a pesar de las apariencias en contra.

En ese sentido, los fundamentalismos (querer conservar a toda costa todo como está o estaba), aunque socialmente inadecuados y hasta riesgosos, representan un refugio ante el cambio y tal vez (sin justificarlos) en el llamado período de transición sea una necesidad al servicio del equilibrio mientras se ve más clara la dirección que llevamos.

Para el creyente, la dirección es hacia una Potencia superior, un Misterio de paternidad (o maternidad) que a nuestro modo de ver científico de hombres contemporáneos, causó la gran explosión del Universo y entretegió galaxias, constelaciones, estrellas, planetas y posiblemente vida esparcida por todo el Universo.

A esa Potencia creadora que sobrepasa al Cosmos, a ese “Pantocrator” (Todopoderoso, por Soberano), a esa Presencia Amorosa, los cristianos lo llamamos Padre. Pero como Jesucristo, también lo podemos invocar cariñosa y confiadamente como “Abba” (papá). O sea, dicho a la mexicana: “Papá Diosito”, el que cura (salva) de todas las heridas que podamos causar los padres de la Tierra.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mih., México. VENTANAS, 5—B, 10 de Marzo de 1997)

 

 

 

GNU Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

Hablamos con Dios y con los hombres. “No hay cristianos mudos en la Iglesia” : Papa Francisco

( Tomado de Religión Digital.  http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2014/06/08/religion-iglesia-pentecostes-espiritu-santo-hablar-dios-hombres-cristianos-mudos-francisco-vaticano.shtml )

“Podemos ser instrumentos de Dios que ama, que sirve, que da la vida”

Francisco: “El Espíritu Santo nos hace hablar con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos en la Iglesia”

“Pentecostés fue el bautismo de la Iglesia, que nació en salida, para anunciar a todos la Buena Noticia”

Jesús Bastante, 08 de junio de 2014 a las 10:09

El Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura

(Jesús Bastante).- Misa de Pentecostés en San Pedro. Bajo la atenta mirada de la vidriera de Bernini, sobre el trono de Pedro, Francisco presidió una multitudinaria celebración en el interior de la Basílica, en la que destacó cómo “el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y en la profecía”.

Una ceremonia sobria y solemne, como merece el mayor templo de la Cristiandad, con la tradicional procesión desde la capilla junto a la Pietá de Miguel Ángel hasta el centro del presbiterio.

Aquí empieza todo. Tras la recepción del Espíritu Santo, comienza la predicación del Evangelio por todo el mundo. Terminan los 50 días pascuales, y arranca el tiempo litúrgico. Totalmente de rojo, los celebrantes celebran el fuego que descendió sobre los Apóstoles.

Una ceremonia solemne, en la que Francisco roció con el hisopo a todos los fieles, y donde la belleza de la liturgia se mostró en todo su esplendor, como en las grandes ocasiones, con una impresionante interpretación del coro vaticano. “El Espíritu Santo nos hace hablar con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos en la Iglesia“, afirmó el Pontífice.

 

Estas fueron algunas de las palabras del Papa

Todos fueron colmados del Espíritu santo

 

Jesús dijo a los apóstoles en la Última Cena, que después de su partida, les enviaría al Espíritu Santo. Esta promesa se realiza en Pentecostés.

 

Es un hecho que se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre sigue cumpliendo esta promesa.

 

El Espíritu Santo nos enseña. Es el maestro interior. Nos guía por el justo camino a través de las diferentes momentos de la vida. ES la vía, el camino. Y Jesús mismo es el camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre sus huellas.

 

El Espíritu es un maestro de vida.

 

El Espíritu Santo nos recuerda todo aquello que Jesús ha dicho: es la memoria viviente de la Iglesia

 

Nos hace recordar y comprender las palabras del Señor

 

Este recordar en el Espíritu gracias al Espíritu es un aspecto esencial a la presencia de Cristo en nosotros y en su Iglesia

 

Nos recuerda todo lo que Cristo ha dicho, nos hace entrar en el sentido de sus palabras.

 

El camino de la memoria viva de la Iglesia. Y esto pide de nosotros una respuesta. Cuanto más generosa es la respuesta, más las palabras de Jesús se convierten en vida, actitudes, gestos, testimonio… entre nosotros.

 

El Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor y nos llama a vivirlo

 

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano, es un hombre o una mujer prisioneros del momento a medio camino, que no sabe leer su historia, y vivirla, como historia de Salvación

 

Con la ayuda del Espíritu Santo podemos interpretar la vida iluminada en los ojos de Jesús, y así crece en nosotros la sabiduría del corazón.

 

El Espíritu santo nos acompaña y nos hace hablar, con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos, no hay lugar para esto.

 

Nos hace hablar en la oración, un don que recibimos gratuitamente. Nos permite llamar a Dios como Padre, papá, Abba… Es una realidad, somos realmente hijos de Dios.

 

Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

 

Ninguno de nosotros puede decir que Jesús es el Señor sin el Espíritu Santo.

 

Nos ayuda a hablar con los demás, reconociendo en ellos a hermanos, a hablar con ellos con mansedumbre, comprendiendo sus alegrías, tristezas y esperanzas.

 

Hay algo más: el Espíritu Santo nos hace hablar a los hombres en la profecía. La profecía está hecha con franqueza para mostrar las contradicciones e injusticias, pero siempre con intención de construir.

 

Podemos ser instrumentos de Dios que ama, que sirve, que da la vida.

 

    El Espíritu Santo nos enseña el camino, nos recuerda las palabras del camino, nos hace rezar, nos hace hablar con los hombres en diálogo fraterno, y nos hace hablar en profecía.

 

En Pentecostés, éste fue el bautismo de la Iglesia, que nació en salida, en partida, para anunciar a todos la Buena Noticia. La Madre Iglesia parte p ara servir. Recordemos la otra madre, nuestra Madre, la madre Iglesia y la madre María. Las dos vírgenes, las dos madres, las dos mujeres.

 

Jesús había sido perentorios con los apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido la fuerza del Espíritu Santo. Sin él no hay misión, no hay evangelización.

 

Con nuestra madre Iglesia católica invoquemos: ven Santo Espíritu.

Texto completo de la homilía en italiano del Santo Padre Francisco

«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,4).

Hablando a los Apóstoles en la Última Cena, Jesús les dijo que, luego de su partida de este mundo, les enviaría el don del Padre, o sea el Espíritu Santo (cfr Jn 15,26). Esta promesa se realiza con potencia en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Aquella efusión, si bien extraordinaria, no permaneció única y limitada a aquel momento, sino que es un evento que se ha renovado y se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre continúa realizando su promesa, enviando sobre la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña, nos recuerda, nos hace hablar.

El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino. En los primeros tiempos de la Iglesia, el Cristianismo era llamado “el Camino” (cfr Hech 9,2), y el mismo Jesús es el Camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre sus huellas. Más que un maestro de doctrina, el Espíritu es un maestro de vida. Y ciertamente de la vida forma parte también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.

El Espíritu Santo nos recuerda, nos recuerda todo aquello que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor.
Éste recordar en el Espíritu y gracias al Espíritu no se reduce a un hecho mnemónico, es un aspecto esencial de la presencia de Cristo en nosotros y en la Iglesia. El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo aquello que Cristo ha dicho, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras. Esto requiere de nosotros una respuesta: cuanto más generosa sea nuestra respuesta, más las palabras de Jesús se vuelven vida, actitudes, elecciones, gestos, testimonio, en nosotros. En esencia, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo.

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe atesorar su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sabiduría de la memoria, la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu. ¡Que el Espíritu Santo reviva en todos nosotros la memoria cristiana!

El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda, y -otro aspecto- nos hace hablar, con Dios y con los hombres. Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abba (cfr Rm 8,15; Gal 4,4); y ésta no es solamente una “forma de decir”, sino que es la realidad, nosotros somos realmente hijos de Dios. «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Rm 8,14).

Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, comprendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás.

Pero el Espíritu Santo nos hace también hablar a los hombres en la profecía, o sea haciéndonos “canales” humildes y dóciles de la Palabra de Dios. La profecía está hecha con franqueza, para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con docilidad e intención constructiva. Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida.

Resumiendo: el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y en la profecía.

El día de Pentecostés, cuando los discípulos «quedaron llenos de Espíritu Santo», fue el bautismo de la Iglesia, que nació “en salida”, en “partida” para anunciar a todos la Buena Noticia. Jesús fue perentorio con los Apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido desde lo alto la fuerza del Espíritu Santo (cfr Hech 1,4.8). Sin Él no existe la misión, no hay evangelización. Por esto con toda la Iglesia invocamos: ¡Ven, Santo Espíritu!

 

Fenómeno del Niño, Adrianita. Silviano Martínez Campos

                      

FANT.12- FENOMENO DEL

NIÑO

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FENOMENO DEL NIÑO

Silviano Martínez Campos

Musa de los Vientos:

Este fenómeno de El Niño me tiene sumamente perturbado por lo cual, comprenderás mi inquietud, acudo a ti, mi Musa de los Vientos, en busca de una explicación lo más a razón acomodada.

Se me ocurriría como explicación, que el Gran Sol, nuestra Estrella Refulgente, hubiese provocado ese fenómeno activador de temperaturas amorosas en las aguas superiores del Océano, con las perturbaciones consiguientes que nos tienen admirados.

Pero se me ocurriría, también, como creen algunos, que ese fenómeno hubiese surgido de nuestra propia Tierra, conforme a sus propias leyes y fuera, eso sí, una de las grandes manifestaciones junto desde luego con otras de la maravilla de esta creación, que culmina con el hombre, aunque para ellos sea no más que madre naturaleza.

Desde luego no hay ciencia que haya desentrañado del todo este fenómeno, por lo cual considero deberá dejarse en las dimensiones del Misterio, cuantimás en este siglo de descubrimientos sin fin que nos tienen del todo atolondrados.

Grande ciertamente es el desconcierto, Musita, y no porque ese fenómeno pueda provocar signos sorprendentes, como que los huracanes aumenten mil veces su potencia o caiga nieve en sitios nunca vistos.

Consterna en este fin de siglo y de milenio, ni siquiera encontrar explicación, aun cuando hubiera tempestades (no de arena) en desiertos de Sonora o los del Africa, o sequías en el Amazonas o en Alaska.

A como están las cosas, ni con esas señales veríamos el mensaje en el fenómeno de El Niño, perturbador como el que más, a pesar de estar en mucho nosotros perturbados; y no me refiero desde luego y tan solo a las grillas planetarias, debates sin fin de cuanta idea hayamos concebido o el desencadenamiento de los poderes dominantes de la sinrazón y el dinero.

No es que te exija explicaciones, no es mi papel, Musita, pero si tú quisieras, bien me ayudarías abriendo entendederas y los ojos en torno a este fenómeno de El Niño.

El cual según la tradición de nuestra ciencia humana, aparece por los días de Navidad y en el curso de los siglos y de siglos a veces son fuertes sus efectos como huracanes, terremotos…es sin embargo su verdadera fuerza la suavidad con que mueve los cambios en el clima de las almas, aquellos invisibles para la simple vista.
Narciso Perturbado:

Ni aun cuando el fenómeno de El Niño hiciera caer en vez de nieve rosas o en lugar de ciclones esparciera los perfumes de todas las flores de la Tierra, encontrarías la explicación conforme a tu ciencia, tus descubrimientos y avances portentosos.

Y es que tus microscopios, telescopios y aparatos hicieron romas tus entendederas, incapaces de volar más allá de tus leyes máximas de medición, como la velocidad de la luz y encontrar las entretelas del Misterio. Pero espero un poco lo entiendas o por lo menos lo vislumbres.

Adriana, Adrianita se llama y es tu sobrina. Conoces su carita y has visto su cuerpecillo de muñeca viviente, morena como tu pueblo. Carita de Luna llena vestida a la vieja usanza, su vestidito estampado de verde y amarillo. Verde como la esperanza puesta en la semilla que germina para florecer meses más tarde en plantita salerosa que danza con el viento .Amarillo como el color dorado de la forja donde se hacen los hombres, el horno del sí mismo.

Su carita solecito mañanero acariciador de almas que tierno aún se convierte en la “cobija de los pobres”, alegría en la casa del sufrimiento, la casa de los sufrientes.

La caricia de su sonrisa, la mueca graciosa de su boquilla o el brillo cautivador de sus ojitos negros o el gesto de su pequeño rostro que aún para decir no lo dice con la gracia de la inocencia o te endilga una retahíla de balbuceos como queriendo hablar, tal vez como si su pensamiento fuera más veloz que su incipiente lenguaje.

Déjame recrear tu memoria para hablar del Angel de la Guarda que no olvidabas aún en tu infancia, puesto de centinela en tu Tierra para impedir que la locura los destruya.

Es el fenómeno de El Niño que nace, como ella cada día, por siglos de siglos, para regenerar el mundo transido de quejas y lamentos.

Esto para evitar los rezongos repetidos de ti, homo sapiens, desde aquel inicial de Caín que eludía el bulto de su hermano, hasta los actuales que en la frontera de la desesperanza repiten la misma cantilena de siempre de que “si sabías que me ibas a hacer esto, pa’ qué me creates”.

Navidad permanente, como aquella primera en que según la hondura del texto bíblico, “quien es la Palabra se hizo hombre”.
Musa de los vientos:

Has de perdonar, Musita, pero no aprendo. No es sin embargo mi intención sobrecargarte de quejas, de lamentos, sino tan sólo formularte algunas preguntitas, de las cuales fue la primera la supradicha del fenómeno de El Niño.

Cúrome en salud, desde luego, antes de que tú te me adelantes. No preguntaré por tanto sobre la madeja de corrupción, violencia e injusticias en que nos hemos enredado en México, tu pueblo, porque podrías replicar no sin razones—como ya reflexionan y debaten analistas—que es resultado de poderes omnímodos que perpetuaron su dominio.

Habrías de decir también que así como todos fuimos cómplices sumisos, todos seríamos solución, como se dijo. Cómo iba a preguntar, aunque respondas, por qué nuestros bosque se vuelven arenales y por qué se acabaron los tlacuaches, armadillos y siguen pereciendo las especies.

O, por qué, como dicen estudiosos, cambios de clima se avecinan si a su tiempo no los detenemos, porque podrías señalarme muchos porqués: apetito voraz de las potencias indigestas de petróleo o el hambre pertinaz de los leñeros que derriban palizadas o de quienes acaban con sabrosas y cándidas huilotas.

Mis preguntas más bien son las siguientes: ¿cuál es la razón de mi existencia?, ¿por qué las navidades se repiten?, ¿es cierto que los ángeles existen?, ¿por qué nuestros difuntos no regresan?, ¿cuál es el camino más corto para el cielo?, ¿es cierto que el amor lo vence todo?.

Narciso Inquisitivo:
De veras que atosigan tus preguntas y me extraña el rigor de su secuencia. Contesto, sin embargo, una por una, porque si no después en mí cargas la culpa.

Que cuál es la razón de tu existencia: pues que tu Navidad de niño, cargando tu pequeña crucecita, tenga su plenitud, o sea tu cielo, labrado por ti mismo, conforme al modelo diseñado por el fenómeno de El Niño. Por qué las navidades se repiten: para cubrir vacantes y vacantes creadas por el fenómeno de El Niño, que manda por millares y millares diariamente de ángeles y arcángeles al cielo.

Si es cierto que los ángeles existen: pues te diré que sí, de carne y hueso. Miradas relucientes como chispas de estrellitas, engarzadas en caritas redonditas, como la Luna Llena del fenómeno de El Niño.

Por qué nuestros difuntos no regresan: pues porque de verdad nunca se han ido, como tampoco se retira de nosotros el misterioso fenómeno de El Niño.

Y cuál es el camino más corto para el cielo: pues entrar en el ojo del huracán provocado por el fenómeno de El Niño. Mírate en los lucerillos de sus ojitos negros, verdes, azulados o castaños. Recréate maravillado en su carita de Luna Llena: resplandores de esperanza.

Acepta su chispeante sonrisita, mensajera suave y amorosa de Papá Diosito, o si prefieres caricia por siempre bondadosa de Mamá Diosita, que te invita con ella a la esperanza. Para que tu mundo nunca jamás se hunda en la penuria, en la injusticia. Y la casa que es del sufrimiento explote hoy, mañana en reluciente mansión del paraíso. Eterna, permanente Navidad que te sugiere, el misterioso fenómeno de El Niño.

Si es cierto que el amor lo vence todo: pues pregúntale con ganas al perenne, por siempre milenario, fenómeno de El Niño…JESUS, del JESUS NIÑO.

 

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 2B-3B, 21/XII/1997.)