Hablamos con Dios y con los hombres. “No hay cristianos mudos en la Iglesia” : Papa Francisco

( Tomado de Religión Digital.  http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2014/06/08/religion-iglesia-pentecostes-espiritu-santo-hablar-dios-hombres-cristianos-mudos-francisco-vaticano.shtml )

“Podemos ser instrumentos de Dios que ama, que sirve, que da la vida”

Francisco: “El Espíritu Santo nos hace hablar con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos en la Iglesia”

“Pentecostés fue el bautismo de la Iglesia, que nació en salida, para anunciar a todos la Buena Noticia”

Jesús Bastante, 08 de junio de 2014 a las 10:09

El Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura

(Jesús Bastante).- Misa de Pentecostés en San Pedro. Bajo la atenta mirada de la vidriera de Bernini, sobre el trono de Pedro, Francisco presidió una multitudinaria celebración en el interior de la Basílica, en la que destacó cómo “el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y en la profecía”.

Una ceremonia sobria y solemne, como merece el mayor templo de la Cristiandad, con la tradicional procesión desde la capilla junto a la Pietá de Miguel Ángel hasta el centro del presbiterio.

Aquí empieza todo. Tras la recepción del Espíritu Santo, comienza la predicación del Evangelio por todo el mundo. Terminan los 50 días pascuales, y arranca el tiempo litúrgico. Totalmente de rojo, los celebrantes celebran el fuego que descendió sobre los Apóstoles.

Una ceremonia solemne, en la que Francisco roció con el hisopo a todos los fieles, y donde la belleza de la liturgia se mostró en todo su esplendor, como en las grandes ocasiones, con una impresionante interpretación del coro vaticano. “El Espíritu Santo nos hace hablar con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos en la Iglesia“, afirmó el Pontífice.

 

Estas fueron algunas de las palabras del Papa

Todos fueron colmados del Espíritu santo

 

Jesús dijo a los apóstoles en la Última Cena, que después de su partida, les enviaría al Espíritu Santo. Esta promesa se realiza en Pentecostés.

 

Es un hecho que se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre sigue cumpliendo esta promesa.

 

El Espíritu Santo nos enseña. Es el maestro interior. Nos guía por el justo camino a través de las diferentes momentos de la vida. ES la vía, el camino. Y Jesús mismo es el camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre sus huellas.

 

El Espíritu es un maestro de vida.

 

El Espíritu Santo nos recuerda todo aquello que Jesús ha dicho: es la memoria viviente de la Iglesia

 

Nos hace recordar y comprender las palabras del Señor

 

Este recordar en el Espíritu gracias al Espíritu es un aspecto esencial a la presencia de Cristo en nosotros y en su Iglesia

 

Nos recuerda todo lo que Cristo ha dicho, nos hace entrar en el sentido de sus palabras.

 

El camino de la memoria viva de la Iglesia. Y esto pide de nosotros una respuesta. Cuanto más generosa es la respuesta, más las palabras de Jesús se convierten en vida, actitudes, gestos, testimonio… entre nosotros.

 

El Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor y nos llama a vivirlo

 

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano, es un hombre o una mujer prisioneros del momento a medio camino, que no sabe leer su historia, y vivirla, como historia de Salvación

 

Con la ayuda del Espíritu Santo podemos interpretar la vida iluminada en los ojos de Jesús, y así crece en nosotros la sabiduría del corazón.

 

El Espíritu santo nos acompaña y nos hace hablar, con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos, no hay lugar para esto.

 

Nos hace hablar en la oración, un don que recibimos gratuitamente. Nos permite llamar a Dios como Padre, papá, Abba… Es una realidad, somos realmente hijos de Dios.

 

Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

 

Ninguno de nosotros puede decir que Jesús es el Señor sin el Espíritu Santo.

 

Nos ayuda a hablar con los demás, reconociendo en ellos a hermanos, a hablar con ellos con mansedumbre, comprendiendo sus alegrías, tristezas y esperanzas.

 

Hay algo más: el Espíritu Santo nos hace hablar a los hombres en la profecía. La profecía está hecha con franqueza para mostrar las contradicciones e injusticias, pero siempre con intención de construir.

 

Podemos ser instrumentos de Dios que ama, que sirve, que da la vida.

 

    El Espíritu Santo nos enseña el camino, nos recuerda las palabras del camino, nos hace rezar, nos hace hablar con los hombres en diálogo fraterno, y nos hace hablar en profecía.

 

En Pentecostés, éste fue el bautismo de la Iglesia, que nació en salida, en partida, para anunciar a todos la Buena Noticia. La Madre Iglesia parte p ara servir. Recordemos la otra madre, nuestra Madre, la madre Iglesia y la madre María. Las dos vírgenes, las dos madres, las dos mujeres.

 

Jesús había sido perentorios con los apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido la fuerza del Espíritu Santo. Sin él no hay misión, no hay evangelización.

 

Con nuestra madre Iglesia católica invoquemos: ven Santo Espíritu.

Texto completo de la homilía en italiano del Santo Padre Francisco

«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,4).

Hablando a los Apóstoles en la Última Cena, Jesús les dijo que, luego de su partida de este mundo, les enviaría el don del Padre, o sea el Espíritu Santo (cfr Jn 15,26). Esta promesa se realiza con potencia en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Aquella efusión, si bien extraordinaria, no permaneció única y limitada a aquel momento, sino que es un evento que se ha renovado y se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre continúa realizando su promesa, enviando sobre la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña, nos recuerda, nos hace hablar.

El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino. En los primeros tiempos de la Iglesia, el Cristianismo era llamado “el Camino” (cfr Hech 9,2), y el mismo Jesús es el Camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre sus huellas. Más que un maestro de doctrina, el Espíritu es un maestro de vida. Y ciertamente de la vida forma parte también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.

El Espíritu Santo nos recuerda, nos recuerda todo aquello que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor.
Éste recordar en el Espíritu y gracias al Espíritu no se reduce a un hecho mnemónico, es un aspecto esencial de la presencia de Cristo en nosotros y en la Iglesia. El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo aquello que Cristo ha dicho, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras. Esto requiere de nosotros una respuesta: cuanto más generosa sea nuestra respuesta, más las palabras de Jesús se vuelven vida, actitudes, elecciones, gestos, testimonio, en nosotros. En esencia, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo.

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe atesorar su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sabiduría de la memoria, la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu. ¡Que el Espíritu Santo reviva en todos nosotros la memoria cristiana!

El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda, y -otro aspecto- nos hace hablar, con Dios y con los hombres. Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abba (cfr Rm 8,15; Gal 4,4); y ésta no es solamente una “forma de decir”, sino que es la realidad, nosotros somos realmente hijos de Dios. «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Rm 8,14).

Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, comprendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás.

Pero el Espíritu Santo nos hace también hablar a los hombres en la profecía, o sea haciéndonos “canales” humildes y dóciles de la Palabra de Dios. La profecía está hecha con franqueza, para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con docilidad e intención constructiva. Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida.

Resumiendo: el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y en la profecía.

El día de Pentecostés, cuando los discípulos «quedaron llenos de Espíritu Santo», fue el bautismo de la Iglesia, que nació “en salida”, en “partida” para anunciar a todos la Buena Noticia. Jesús fue perentorio con los Apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido desde lo alto la fuerza del Espíritu Santo (cfr Hech 1,4.8). Sin Él no existe la misión, no hay evangelización. Por esto con toda la Iglesia invocamos: ¡Ven, Santo Espíritu!

 

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Carta Abierta: Atn. Musa de los Vientos. Silviano Martínez Campos. En el 18 aniversario, de la partida de Chon y de Benita

Carta Abierta: Atn. Musa de los Vientos. Silviano Martínez Campos

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(Benita y Chon, en su ecuaro. Foto de Silviano)

En el Día de Todos los Santos

FANT.9- CARTA ABIERTA

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CARTA  ABIERTA

Silviano  Martínez Campos

Musa de los Vientos:

Había pensado escribir esta carta con el título de “a quien corresponda”, pero me parece, además de comercial, impersonal y poco comprometido.

Así es de que opto por un destinatario personal, con nombre y todo y ¿quién más que tú, mi Musa de los Vientos?, tan abierta y comprensiva cundo me veo en aprietos, cuando mayormente me nacen los deseos de escribirte, por aquello de que vamos al nopal sólo cuando tiene tunas o sea sólo cuando nos las vemos apretadas.

Y como últimamente al parecer te he perdido la pista, ruégote y suplico recojas mi carta del primer buzón que encuentres, ya sea en la atribulada Yugoslavia, en la hambrienta África o en la sociedad de la opulencia con manchas de racismo o en cualquier sitio del planeta sufriente y extraviado, donde probablemente estés enderezando sentimientos de humanidad que nosotros hemos derrumbado.

Tengo en cuenta la receta que hace meses me diste, de escribir con la tinta que tú  has inventado, la piedad y las lágrimas que de ella brotan.

Pero permite por esta vez usar también roja tinta del corazón rasgado y has de disculpar, no es que haya leído últimamente novelas de rosa subido y te parezca cursi, sino he vivido la plenitud del sufrimiento, al ver sufrir en agonía (lucha) de años, de meses, de semanas y días, a mis señores padres.

Claro, ellos murieron en lapso de 16 días uno del otro, pero mi familia pasó por una gran crisis y, qué te cuento, también de corazones desgarrados y a lo mejor también por el no entender y el no poder.

No juzgo,  pero hay situaciones que más bien parecen de catarsis, purificadoras y yo, por mi parte, no lanzo primeras piedras y te pido, si a bien tienes, esclarezcas mi mente, temples mis emociones y purifiques mis afectos, si no para entender, por lo menos para ver un poco en medio de lo oscuro.

Tú me entiendes y habrás de disculpar, mi Musa de los Vientos, por aquello de que alguien intercepte mi carta, por abierta, el que escriba en tono tan personal, cuando hay tantas dificultades en este mundo revuelto que visitas.

Corro ese riesgo y estoy abierto a la crítica, pero no aguanté el deseo de contarte parte de lo que me ha sucedido. Hasta luego y corro también el riesgo de tu silencio respetable.

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(Benita, Jorgito y Chon, se ejecutan un jarabe casero. Foto de Silviano, en los setenta)

Narciso Adolorido:

Mucho te falta, mi Narciso, para entender mi tecnología de la comunicación. No bien habías empezado a escribir tu carta, cuando capté al instante tu lenguaje.

No por palabras rebuscadas que utilizas en alguno de tus párrafos, estilo Corín Tellado, ni por el esmero que pones, sin lograrlo, en engarzar las cuentas de tus pensamientos.

Sino por el palpitar de corazones, que capté de inmediato, como el palpitar del corazoncillo de aquella inocente pequeñita cuyo pecho oprimiste a tu oído para curiosear en las fuentes de la vida que “comienza”, o tal vez para captar los latidos del Universo, durante el sepelio de tu padre anciano, símbolo de la vida que “termina”.

Tu carta pues la saqué del buzón de tu alma y la leí con el código que improvisaste allá en aquellos tiempos y ahora, cuando escribías o poco antes cuando ponías “musiquita” a tu padre, valiéndote de los conciertos y las sinfonías del gran Mozart, en los “cassetitos” que te regaló pareja amiga, a quienes también yo hice un regalo sorpresivo.

Si crees que sólo arreglo dificultades planetarias, me parece que estás equivocado. Intervengo desde luego con mis sugerencias (mas las decisiones son tuyas) en cuestiones del hambre y el desarme, del desamor estructural en que se ha sumido tu planeta.

Pero también soplo y sugiero salidas en asuntos de corazones y mentes desgarrados, no importa que mis susurros se capten y acepten luego, o más después, en meses, en decenios.

Si doña Benita falleció el 28 de marzo a las 83 y don Chon el 13 de abril a los 87, lo supe desde antes que tú me dieras la noticia.

Subían hacia mí, la Musa de los Vientos, aromas perfumados engarzados en cuentas del rosario; misas concelebradas por paisanos orantes y devotos; cantos esperanzados de ángeles de falda, súplicas y lamentos de otros ángeles de rebozo, que palpaban con sus manos, como tú con el alma, la hondura del dolor y del sufrimiento.

Y cuidados también de ángeles de alba bata, que ponían en el papel la fórmula y el remedio, o antes en el cuerpo de tu madre, la ciencia del bisturí, la transfusión y el aparato.

Designios hay, mas no imposiciones y, quien te dice, Narciso Adolorido, que no sólo las fiestas se comparten. También hay sufrimientos y cruces compartidos.

Asómate si quieres a hospitales, consultorios y palpa enfermedades y miserias por cientos y millares y millones. Pero hay, como dicen pensadores, enfermas sociedades opulentas y enfermas sociedades por el hambre.

Se te dio la tarea, bien lo recuerdas, de crecer y crecer y dominar la  Tierra,  pero no destruirla, no es lo mismo. Y en tus afanes de saberlo todo, exploraste de más sin medir las consecuencias y sembraste el planeta de injusticias, escombros y desechos,  causas de enfermedades y miserias.

Arregla  pues tu casa, tu  planeta y luego que lo arregles te quejas de mi, y pongo lo que falte. Pero una cosa  sí que te adelanto, te auguro buen fin, te lo aseguro.

Usa tu fantasía pues más te vale que peques por exceso que por falta. Y si Benita de joven era cantadora y sólo enfermedades marchitaron su semblante, imagínala ahora rebosante de fulgor, juventud, sonrisa eterna.

Y si Chon días antes de su  postración definitiva te había dicho llorando en su patio: “ya no puedo trabajar”, imagínalo ahora trabajando, pero no para compartir entre sus críos los gajos de naranja, sino para compartir junto con otros de su cielo, gajos de estrellas y galaxias y anunciando en escalas del trombón que Dios es Grande.

Porque si en reunión pueblerina había acuñado el dicho de “yo también vine”, en forma de protesta por el involuntario olvido, imagínalo haberle dicho al Creador: “yo también vine” y el Creador presuroso contestarle: “por supuesto”.

Y luego la presentación protocolaria llamando a seres queridos antes, ahora ocupados en asuntos exteriores en universos infinitos que alegres y festivos dan la bienvenida a Chon y a Benita. Porque habría ocurrido presentación obligada de la Madre Santa, a quien aclamaba en su penar la madre dolorosa.

Y luego el saludo de Sofía, Josefa, Teófilo, Filoteo, Teodoro, Doroteo, Francisco, Onofre, Justino, Serafín, Altagracia, Agustín, Mónica, Damián, Concepción. Amparo, Roque, mártires, confesores, vírgenes, clérigos o laicos.

Y entonces sí la sorpresa de encontrarse con ángeles humanos festivos, relucientes, que en cada mirada prodigan una alabanza, su sonrisa improvisa sinfonías, su saludo contagia contraseña perfumada, para seguir buscando niveles y niveles, pero no aislados, donde cantan coros, ejecutan orquestas y proyectan constructores de universos con creatividad donada.

Ellos mismos, Benita y Chon, asumiendo la sorpresa de sentirse ángeles, mensajeros de infinito cuando fueron a su manera en su vida pasajera.

Pero si crees, mi Narciso vanidoso, que el cielo es asunto personal y familiar, estás equivocado. Individualismos destructores y clanes voraces son privativos de tu Tierra, asolada por el desamor y la locura de la acumulación y el lucro.

En el cielo caen diariamente como rosas fragantes, perfumadas, millares de rosas, de almas, como la  Teresita   imaginaba hacerlas llover sobre la  Tierra.  Y si tu, tan afecto a las seguridades de tu posesión y tu saber quieres fórmulas te doy la de aquel pensamiento que capturaste al vuelo: “a la casa del Padre volvemos todos o ninguno”.

A ti, homo sapiens  tecnologizado, la misma palabra “cielo” te parece una patraña y o bien has manejado en la propaganda su concepción como opio o ilusión de poetas, te hablo el lenguaje de las dimensiones que han descubierto tus físicos, los más allegados a los límites del mundo.

Imagina pues a la larva convertida en mariposa que luego después remonta muy altos vuelos a su escala, porque la comparación del grano de trigo que muere para dar nueva vida, de plano, no la entiendes ni la captas.

Así comprenderás que el mundo es sorpresivo y sobrepasa los esquemas de tus fórmulas vejestorios a las cuales te acoges por miedo a tu futuro de ángel.

Ángel de carne y hueso con misión de peregrino en tu Tierra, tu planeta, de hacerlo habitable,  pródigo en  piedad y misericordia. Porque aquello de “busquen primero el reino (soberanía) de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”, sigue actual por siglos y siglos. Así te lo aseguro, Narciso vanidoso, adolorido,  pues crees que sólo tú sufres o tú gozas, así te lo aseguro yo, tu Musa.

Musa de los Vientos que os ama y soy principio y fin de todo lo que empieza, principio y fin de todo lo que “acaba”, testigo fiel de todo lo posible y hago realidad de de todo lo que sueñas, cuando tus sueños son tejidos con amor, piedad, misericordia, con hilos finitos de belleza, mezclados de bondad y de ternura.

Sueños de corazones destrozados por la incomprensión o la penuria; sueño enlazados en el amor de la plegaria; sueños regados con lágrimas del alma o sueños cultivados con lágrimas del cuerpo; sueños tejidos en la soledad del aislamiento creativo, voluntario, o sueños tejidos por el latir de corazones mil que tantean en la mínima comunidad o en la comunidad planetaria, en busca del sentido quizás perdido.

Pero nunca perdido, porque un afecto que nace nunca muere, una utopía que nace nunca muere, sino es abono para otra más grandiosa. La utopía de llegar a ser realmente hombre, desde aquí por supuesto pero “allá” por supuesto, porque a ello invita quien para el que lo acepte, Hombre Perfecto, Hombre-Dios, sufrió y murió y es El Viviente a fin de que ninguno de sus hermanos hombres desespere y espere actuando y conformando desde ahora el cielo que le tiene diseñado.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventana, Pág. 5-B, 21/IV/1996. Y en  ETCETERA, semanario, La Piedad, 15/IV/1996)

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

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La filosofía china del cuidado: el Feng Shui. Leonardo Boff

La filosofía china del cuidado: el Feng Shui

02/03/2014

Una de las ventajas de la globalización, que es no solo económico-financiera sino también cultural, está en permitirnos recoger valores poco desarrollados en nuestra cultura occidental. En esta ocasión, vamos a hablar del Feng-Shui chino. Literalmente significa viento (feng) y agua (shui). El viento lleva el Qi [se lee chi], la energía universal, y el agua la retiene. Personalizado significa “el maestro de las recetas”: el sabio que, a partir de su observación de la naturaleza y de una fina sintonía con el Qi, indicaba el rumbo de los vientos y los flujos de agua y, así, cómo montar bien la vivienda.

Beatriz Bartoly, en su brillante tesis de filosofía en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), de la cual fui orientador, escribe: «el Feng Shui nos remite a una forma de celo cariñoso» –nosotros diríamos cuidadoso y tierno– «con respecto a lo banal de nuestra existencia, que en Occidente ha sido desprestigiado y menospreciado durante mucho tiempo: cuidar las plantas, los animales, arreglar la casa, cuidar de la limpieza, del mantenimiento de los aposentos, preparar los alimentos, adornar lo cotidiano con la prosaica, y al mismo tiempo, majestuosa belleza de la naturaleza. Sin embargo, más que las construcciones y las obras humanas, es su conducta y su acción el objetivo principal de esta filosofía de vida, pues más que los resultados al Feng-Shui le interesa el proceso. Lo valioso está en la acción y no en su efecto, en la conducta y no en la obra».

Como se deduce, la filosofía Feng-Shui se centra más en el sujeto que en el objeto, más en la persona que en el ambiente y la casa en sí. La persona tiene que involucrarse en el proceso, desarrollar la percepción del ambiente, captar los flujos energéticos y los ritmos de la naturaleza. Debe asumir una conducta en armonía con los otros, con el cosmos y con los procesos rítmicos de la naturaleza. Cuando haya creado esa ecología interior, estará capacitada para organizar, con éxito, su ecología exterior.

Más que una ciencia y un arte, el Feng Shui es fundamentalmente una sabiduría, una ética ecológico-cósmica de cómo cuidar de la correcta distribución del Qi en todo nuestro ambiente.

En sus múltiples facetas el Feng Shui representa una síntesis acabada del cuidado en la forma como se organiza el jardín, la casa o el apartamento, con una integración armoniosa de los elementos presentes. Podemos incluso decir que los chinos, como los griegos clásicos, son los incansables buscadores del equilibrio dinámico en todas las cosas.

El supremo ideal de la tradición china que encontró en el budismo y en el taoísmo su mejor expresión, representada por Laozi (siglo VI-V a.C.) y por Zhuangzi (siglo V-IV a.C.), consiste en procurar la unidad mediante un proceso de integración de las diferencias, especialmente de las conocidas polaridades yin/yang, masculino/femenino, espacio/tiempo, celestial/terrenal entre otras. El Tao representa esa integración, la realidad inefable con la cual busca unirse la persona.

Tao significa camino y método, pero también la Energía misteriosa y secreta que produce todos los caminos y proyecta todos los métodos. Es inexpresable en palabras, ante ella solo cabe el respetuoso silencio. Subyace en la polaridad del yin y del yang y se manifiesta a través de ellos. El ideal humano es llegar a una unión tan profunda con el Tao que se produzca el satori, la iluminación. Para los taoístas el bien supremo no se da más allá de la muerte como para los cristianos, sino ya en el tiempo y en la historia, mediante una experiencia de no-dualidad y de integración en el Tao. Al morir la persona se sumerge en el Tao y se unifica con él.

Para alcanzar esta unión, es imprescindible la sintonía con la energía vital que atraviesa el cielo y la tierra, llamada Qi. Qi es intraducible, pero equivale a la ruah de los judíos, al pneuma de los griegos, al spiritus de los latinos, al axé de los yoruba/nagô, al vacío cuántico de los cosmólogos: expresiones que designan la Energía suprema y cósmica que subyace y sustenta a todos los seres.

Por la fuerza del Qi todas las cosas se transforman (véase el I Ching, el Libro de los Cambios) y se mantienen permanentemente en proceso. Fluye en el ser humano a través de los meridianos de la acupuntura. Circula en la Tierra por las venas telúricas subterráneas, compuestas por campos electromagnéticos distribuidos a lo largo de los meridianos de ecopuntura que entrecruzan la superficie terrestre. Cuando el Qi se expande significa vida, cuando se retrae, muerte. Cuando adquiere peso, se presenta como materia, cuando se torna sutil, como espíritu. La naturaleza es la combinación sabia de los distintos estados del Qi, desde los más pesados hasta los más ligeros.

Cuando el Qi emerge en un determinado lugar, surge un paisaje armonioso con brisas suaves y aguas cristalinas, montañas sinuosas y valles verdeantes. Es una invitación al ser humano para instalar allí su morada o encontrar un apartamento en el cual se sienta “en casa”.

La visión china del mundo privilegia el espacio, a diferencia de Occidente que privilegia el tiempo. El espacio para el taoísmo es el lugar de encuentro, de convivencia, de las interacciones de todos con todos, pues todos somos portadores de la energía Qi que empapa el espacio. La suprema expresión del espacio se realiza en la casa, en el jardín, en el apartamento bien cuidado.

Si el ser humano quiere ser feliz debe desarrollar la topofilia, amor al lugar donde vive y donde construye su casa y su jardín o donde monta su apartamento. El Feng Shui es el arte y la técnica de construir bien la casa, el jardín, y decorar el apartamento con sentido de armonía y belleza.

Frente al desmantelamiento del cuidado y a la grave crisis ecológica actual, la milenaria sabiduría del Feng-Shui nos ayuda a rehacer la alianza de simpatía y de amor con la naturaleza. Esa conducta reconstruye la morada humana (que los griegos llamaban ethos), asentada sobre el cuidado y sus múltiples resonancias como la ternura, la caricia y la cordialidad.

Leonardo Boff escribió: Virtudes para otro mundo posible, 3 vol., Sal Terrae 2007.

Traducción de María José Gavito Milan

MOSAICO, 6-II-014

                                                                          

Martínez Campos, 6/II/014

GUIA

 

                                                                   MOSAICO

                                                         Silviano Martínez Campos

         LA PIEDAD, 6 de Febrero.- TARDAMOS MUCHO EN aceptar que la lumbre nos estaba llegando a los aparejos (y disculpe si utilizo este dicharacho sin saber su origen, que tal vez sea náutico, o de perdida rural, campirano). Como en eso del clima y sus cambios. Como en eso de que se nos descomponía el país, como en eso de que los viejos valores, tan vigentes en su expresión, ya no nos funcionaban en la práctica. Y así, aquí, y ahora, es decir en todas partes, ya no sentimos lo duro, sino lo tupido, ya no hallamos la puerta. O en lenguaje más elegante, la gran crisis multidimensional (no escapa nada ni nadie) nos tomó por sorpresa y la necesaria transición hacia algo nuevo, traspasó la luz amarilla, la preventiva, para avisarnos con la roja, que la cosa era de emergencia. CREÍAMOS QUE CON grandes proyectos, grandiosas utopías, entre más de alcance planetario mejor, resolveríamos todo y descuidamos lo pequeño, lo comunitario; creíamos que con grandes trazos económicos y con grandísimas inversiones, resolveríamos todo y resultó que la gran industria, la gran riqueza, que sí transformó a México, fue la beneficiada y los 24 muy inteligentes, que se decía hace pocas décadas, o las 300 familias que se beneficiaron de la revolución mexicana, no acabaron con la pobreza. Las grandes empresas, los grandes negocios sí que funcionaron, pero el decantado beneficio de los pequeños empresarios (emprendedores se dice ahora), de los medianos propietarios, de los talleres, de lo artesanal, a regañadientes fue promovido y resulta que nos dicen los economistas, quienes saben de esto, que promueven más empleos, en conjunto, los modestos, que los grandes automatizados que suplen “mano de obra” con “máquina de obra”. BIEN POR ESOS cursos (para unos serán tal vez de sobrevivencia), en torno a la capacitación para el autoempleo. Dice la presidencia municipal piedadense, que el lunes próximo y en el Instituto Municipal de la Mujer, comienzan los cursos para mujeres que quieren aprender y de paso, mediante su capacitación, llevar un poco de dinero extra, a casa, una vez que por las crisis recurrentes, el jefe de familia en muchos casos ha quedado como un lejano recuerdo, en la vida real. Serán tres los cursos y el primero de pintura textil artística, los días lunes y miércoles con una duración de cuatro meses, con un costo de recuperación de 20 pesos por persona mismo que incluye el material. El segundo curso consta de la técnica artesanal conocida como repujado el cual se impartirá los días martes y jueves de cada semana durante cuatro meses, con un costo de recuperación de 15 pesos por persona más lo del material a utilizar. Maquillaje de rostro y tratamiento de Spa es el tercer curso que se impartirá por personal del ICATMI  (Instituto Michoacano de Capacitación para el Trabajo)y el cual tiene un costo de recuperación de 500 pesos, la funcionaria (Eréndira Trinidad) Ramírez Zaragoza, dijo que para las mujeres que atiende el IMM en sus diferentes áreas el costo para este taller será de 300 pesos en apoyo a su economía”. Y el gobierno federal invertirá este año 45,500 millones de pesos, que equivalen a 3,403 millones de dólares en el “desarrollo integral” del estado de Michoacán. ES COSA DE intensidad, y parece que en todas partes. Nevadas, inundaciones, sequías, huracanes, son cosa de todos los años en toda la redondez de la Tierra, desde que lo recordamos (en nuestra memoria histórico-cultural). Pero con eso de los cambios ambientales, el climático particularmente, parece que la intensidad juega papel importante, y así nos lo dicen las noticias. En Bolivia, las “intensas y prolongadas lluvias”, estos días. En Vietnam, Intensas y prolongadas lluvias en zonas montañosas del norte . El aguacero que cayó la tarde de ayer al norte de Quito tuvo una intensidad de 5.0 milímetros o 5 litros por metro cuadrado. La lluvia de la tarde del lunes al sur de la ciudad llegó a los 35.3 milímetros. Las prolongadas sequías matan al ganado vacuno en el Chaco boliviano. Y…En Estados Unidos, las tormentas de nieve han causado estragos y afectado a millones de personas. Con temperaturas bajísimas. EN SU RESUMEN para responsables de políticas públicas, de septiembre del año pasado, un grupo de trabajo del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, indica que con evidencia científica, se han observado cambios en el planeta, en muchos fenómenos extremos meteorológicos y climáticos, desde 1950. O sea, que la aceleración de todo esto comenzó a mediados del siglo anterior. Bien puede uno, ciudadano común, considerar como cosa curiosa, que, la intensidad vino luego del auge económico de la postguerra, propiciado precisamente por las potencias ganadoras. (www.losnuevostiempos.wordpress.com ).

 

Los Salmos: anatomía del alma humana. Leonardo Boff

Los Salmos: anatomía del alma humana

2014-02-07


Los Salmos constituyen una de las formas más elevadas de oración que ha producido la humanidad. Millones y millones de personas, judíos, cristianos y religiosos de todas las tradiciones, cada día recitan y cantan salmos, especialmente los religiosos y religiosas y los curas en el así llamado “oficio de las horas” diario.

No sabemos exactamente quienes son sus autores, pues recogen las oraciones que circulaban en medio del pueblo. Seguramente muchos son de David (siglo X a.C), considerado, por excelencia, el prototipo del salmista. Fue pastor, guerrero, profeta, poeta, músico, rey y profundamente religioso. Conquistó el Monte Sión dentro de Jerusalén y allí, alrededor del Arca de la Alianza, organizó el culto e introdujo los salmos.

Cuando se dice “salmo de David” la mayoría de las veces significa “salmo al estilo de David”. Los salmos surgieron en un intervalo de casi cuatro mil años, en los lugares de culto y recitados por el pueblo, hasta ser recopilados en la época de los Macabeos en el siglo II a.C. El salterio es un microcosmos histórico, semejante a una catedral de la Edad Media, construida durante siglos, por generaciones y generaciones, por miles de manos e incorporando los cambios de estilo arquitectónico de las distintas épocas. Así hay salmos que revelan distintas concepciones de Dios, propias de una determinada época, como aquellos, extraños para nosotros, que expresan el deseo de venganza y el juicio implacable de Dios.

Los salmos testimonian la más profunda convicción de que Dios, no obstante habitar en una luz inaccesible, está en nuestro medio, morando como en una tienda (shekinah). Podemos llegar a Él, mediante súplicas, lamentaciones, alabanzas y acciones de gracias. Él está siempre dispuesto a escuchar.

El lugar denso de su presencia es el Templo donde se cantan los salmos. Pero como Creador del cielo y de la tierra, está igualmente en todos los lugares, si bien ninguno pueda contenerlo.

Con razón decían los hebreos con orgullo: “nadie tiene un Dios tan cercano como el nuestro”, Cercano a cada uno y en medio de su pueblo. Los salmos revelan la conciencia de la proximidad divina y del amparo consolador. Por eso hay en ellos intimidad personal sin caer en el intimismo individualista. Hay oración colectiva sin excluir la experiencia personal. Una dimensión refuerza a la otra, pues cada una es verdadera: no hay personas sin el pueblo al que pertenecen y no hay pueblo sin las personas libres que lo forman.

Al rezar los salmos, encontramos en ellos nuestra radiografía espiritual, personal y colectiva. En ellos identificamos nuestros estados de ánimo: desesperación y alegría, miedo y confianza, luto y baile, deseo de venganza y deseo de perdón, interioridad y fascinación por la grandeza del cielo estrellado. Bien lo expresó el reformador Juan Calvino (1509-1564) en el prefacio de su grandioso comentario a los salmos:

«Acostumbro a definir este libro como una anatomía de todas las partes del alma, porque no hay sentimiento en el ser humano que no esté ahí representado como en un espejo. Diría que el Espíritu Santo colocó allí, a lo vivo, todos los dolores, todas las tristezas, todos los temores, todas las dudas, todas las esperanzas, todas las preocupaciones, todas las perplejidades hasta las emociones más confusas que agitan habitualmente el espíritu humano».

Por el hecho de revelar nuestra autobiografía espiritual, los salmos representan la palabra del ser humano a Dios y, al mismo tiempo, la palabra de Dios al ser humano. El salterio ha servido siempre como libro de consolación y fuente secreta de sentido, especialmente cuando irrumpe en la humanidad el desamparo, la persecución, la injusticia y la amenaza de muerte. El filósofo francés Henri Bergson (1859-1941) da este insospechado testimonio: «De los centenares de libros que he leído ninguno me ha dado tanta luz y consuelo como estos pocos versos del salmo 23: “El Señor es mi pastor y nada me falta; aunque ande por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque Tú estás conmigo”».

Un judío, por ejemplo, rodeado de hijos, era empujado hacia las cámaras de gas en Auschwitz. Sabía que caminaba hacia la muerte y aún así iba recitando en voz alta el salmo 23: “El Señor es mi pastor… Aunque vaya por la sombra del valle de la muerte, ningún mal temeré porque Tú estás conmigo”. La muerte no rompe la comunión con Dios. Es paso, aunque doloroso, hacia el gran abrazo infinito de la paz eterna.

Por último, los salmos son poesías religiosas y místicas en su más elevada expresión. Como toda poesía, recrean la realidad con metáforas e imágenes sacadas del imaginario. Este obedece a una lógica propia, diferente de aquella de la racionalidad. Por el imaginario, transfiguramos situaciones y hechos detectando en ellos sentidos ocultos y mensajes divinos. Por eso decimos que no sólo habitamos prosaicamente el mundo, captando el sentido manifiesto de la rutina de los acontecimientos. Habitamos también poéticamente el mundo, viendo el otro lado de las cosas y otro mundo dentro del mundo de belleza y de encanto.

Los salmos nos enseñan a habitar poéticamente la realidad. Entonces ella se transmuta en un gran sacramento de Dios, llena de sabiduría, de amonestaciones y de lecciones que hacen más seguro nuestro peregrinar rumbo a la Fuente. Como bien dice el salmista: “En medio de peligros, me conservas la vida… y estás hasta el fin a mi favor” (Salmo 138, 7-8).

Leonardo Boff


El Sabino y alrededores

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(En Ziquítaro. Fiesta patronal 2014. Fotos de Silviano, mañanita del día 13 de enero)

           EL SABINO Y ALREDEDORES

                            Por Silviano Martínez Campos

          Apenas recuerdo, aquellos lejanos años de la infancia cuando la curiosidad incursionaba en torno a cualquier hecho novedoso que ocurriera en el pueblito, en Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso.

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         Aquella vez, un tal día, de un tal mes, de un tal año de los cuarenta,  la curiosidad infantil se centró en la presita junto al sabino, junto al manantial central, el Ojo de Agua o La Ojodiagua, o para acabar pronto, Lojodiagua. Eran los años cuarenta, en año nebuloso, en día nebuloso para la memoria de hará más de setenta años,si le quitamos al 79 de mi actual edad,tres añitos por lo menos.

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         Tiempos en que, en honor a la veredad, funcionaban más los trabajos comunitarios, faenas, les decían, tanto el trabajo conjunto para mantener al corriente a la  parcela escolar, como para un cercado en algún potrero ejidal o simple y sencillamente, como se dice ahora, para una ronda nocturna.

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       Ronda, así se decía, cuando la llamada defensa (en el  pueblito) de alguna manera funcionaba y según lo entiendo ahora, de algo se cuidaban nuestros mayores, puesto que hacían turno para velar contra no sé quién y contra no sé por que. Mi mente curiosa infantil, aún, ni por sueños, penetraba en esa curiosidad profesional en torno a los aconteceres, que se desarrolla cuando el propio oficio se orienta a eso, dentro de la práctica del periodismo.

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      El caso es que ese día indeterminado había gran movimiento en la presita y en torno a la presita. Cuadrillas o grupos pala o pico en mano, trabajaban en desasolvar la presita. El uso de palas y picos, como herramientas de trabajos sobre tierras o pedregales, ya lo conocía, pero no aquellos utensilios o aditamentos, herramientas nuevas para mi: escrepas, o escrepadoras, como creo se les decía.

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     Ningúna herramienta complicada como supongo las hay ahora para esos menesteres, sean trascabos o, en trabajos ingenieriles complicados, aparatos manejados al último grito de la electrónica. Simple y sencillamente, en expresión popular aceptada, una cajita escarbadora, o arrastrradora de tierra, jalada por bueyes.

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Una cadena, supongo, que de alguna manera se fijaba al barzón, de allí al yugo y a picarle a los bueyes para que arrastraran tierra o lodo.

   No digo que en caso de que alguien decidiera, ahora, desasolvar la presita, usara las mismas “antiquísimas” herramientas de hace ya cerca de 😯 años; lo que pretendo decir es que ,en aquel tiempo, funcionaba eso, tanto el equipo, como el trabajo comunitario.

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      Supongo que la idea de entonces, era limpiar el pequeño embalse, para que en tiempo de escasez de agua,  fuera suficiente para abrevar al ganado. Como vaquerillo me constaba los bramidos y tal vez pleitos de las reses cuando se concentraban en ese lugar en tiempos de secas.

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    Y toda esa febril actividad (lo digo así a fin de parecer elegante), aunque mejor podría encajar la expresión de sudorosa actividad, era vigilada, no  por ningún capataz de látigo en mano, cigarro, o puro a flor de labio, de escupir por el colmillo, o de lenguaje “encabronado” (de cuidador de cabras o chivero, o vaquerillo, porque no crea, los inocentes vaquerillos a veces dábamos las cinco y las malas a los mayores, en nuestros círculos infantiles fuera de la censura familiar, en eso del lenguaje campirano).

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    Nada de eso, el laborioso y comunitario equipo del desasolve, era benevolentemente vigilado por el grandioso sabino, a su vez motivado por el arrullo del manantial que lo alimenta, y por la blanquizca y no menos  fresca y sabrosa agua,  que brotaba de sus dos veneros mayores, o de los veneros temporales cuando éstos mantenían toda su vitalidad luego de reventar La Ojodiagua. Así se decía cuando en tiempo de aguas las peñas vecinas parecían húmedo, regocijante cedazo.El sabino y alrededores, 49

(Los sabinos, o ahuehuetes, son de vidas centenarias, pueden durar siglos. En el caso de la antiguedad del sabino de Ziquítaro, ahora conocemos poco. Nuestros mayores de seguro estatan mayormente informados. En seguida transcribo unos dos párrafos de una ente vista a don Froyla Maya. El texto completo de esa entrevista, sobre datos interesantes en torno a Ziquítaro, aparece en la dirección electrónica de uno de mis blogs, anotada enseguida, abajo:

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“—Hay aquí un árbol muy grande, de la Ojodeagua, el Sabino.
—Yo lo sé.
—¿No recuerda usted qué edad tiene ese árbol?.
—Bueno, la edad no. Pero ese árbol tiene alrededor de trescientos años. Sí, ese árbol lo trajo el fundador de los Campos de Aquí de Ziquítaro, lo trajo de un pueblo que se llama Churipiceo, del Estado de Guanajuato. Ese árbol sí tiene alrededor de 300 años, porque el pueblo de Ziquítaro se fundó en 1694.El sabino y alrededores, 38

—No esas sí ya fueron después, que se hicieron de los terrenos aquí. No esto es de muy atrás. Por eso da la cosa que aquí empezamos. Mire, los arrieros que ocupaban, se iban y en una de esas, Alvino se llamaba el fundador de los Campos, fue el que trajo ese árbol, fue la plática que empezamos, el tema, verdá. Entonces trajo esos árboles porque era arriero y en esos, se trajo ese arbolito.
—De eso le platicaba don Francisco.
—Sí, y los dos árboles que están en el atrio de Penjamillo, también los trajeron hombres que se ocupaban de la arriería, pero esos sí eran perso…—Desde allá viene. Permítame…Adelante don Froyla, hablamos del sabino, así es de que tiene por lo menos cien, unos doscientos años, ¿no?, si es de fines del Siglo XIX, éste, del XVIII.

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—Las pláticas que llegué a tener con algunos. Sí, está muy cerca de los trescientos años, a como me han platicado. Como yo agarré esos datos.
—Se dirá lo que usted me está diciendo ¿eh?, nada más con el testimonio pues de don Francisco Aguiñiga…
—Sí, y de todo eso, sí. Y ya le digo, tocante a eso, eso es lo que le puedo platicar.
—Esta era una región maicera, ¿verdad?, y según dicen, todo este Bajío michoacano era región maicera. Y de primer orden…”

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LA ENTREVISTA, A DON FROYLÁN MAYA VARGAS, PUEDE VERLA EN:

http://ziquitaromipueblito.wordpress.com/2010/02/28/don-froylan-maya-vargas/

Y MÁS SOBRE EL SABINO, EN:

http://eltalsilviano.wordpress.com/2013/02/03/ziquitaro-la-ojodiagua-su-majestuoso-sabino-y-alrededores/

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MOSAICO, 2-I-014; MI CAMINAR, segunda parte

MOSAICO, 2-I-014

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(Fotos de SMC)

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 2 de Enero.- LA TELE, ESA gran educadora, nos está moviendo el tapete y situándonos a cada quien, en su lugarcito, para no andar de pretensiosos y creer que vivimos en el ombligo del mundo. Así, desde la primaria y en todos los niveles de la enseñanza, hasta los altos estudios, se enseña que la Tierra es redonda, cómo, y por qué, y cuál es la razón por la cual “rueda”  y “rueda” alrededor del Sol, y junto con éste, alrededor de la galaxia y ésta moviéndose junto con otras muchitas (miles de millones, je je), en un un Universo que también se mueve, y se ha movido desde aquel grito inicial del gran proyecto amoroso que nos lanzó a la vida y en busca de la Vida. Digo nos lanzó, porque me incluyo, desde luego. Y de eso, según el conteo de nuestros científicos, hará  un poco más de 13,300 millones de años. Eso marea, pero es maravilloso. AHORA RESULTA QUE viene la tele y nos dice, mientras espera uno el nacimiento del año nuevo, 15 horas después, que a esa hora, las 7 de la mañana, ¡ya estaba naciendo!, 15 horas antes, en Australia. Es como cuando de niño, escuchaba uno que mirando fijamente, en la noche, una tina con agua, en el reflejo del líquido se daba cuenta uno por dónde nacía el año. En mi caso, nunca logré saberlo, por más que clavaba mi vista en el utensilio. Pero los científicos son de creer, lo mismo cuando nos dicen cuántas vueltas da la Tierra sobre sí misma, para completar una de sus andanzas alrededor del Sol, que cuando nos advierten que el cambio climático (y otras curiosidades de nuestra gran crisis), se debe, en buena parte, a la acción depredadora de nuestra especie. Y de paso nos advierten: si no arreglamos a tiempo las cosas, haremos mutis por lo menos de la maravillosa civilización que construimos.LA TELE, ES, pues, una gran educadora, cuando nos informa, con una precisión admirable, dónde ocurrió el último ataque terrorista, por qué, y cómo; dónde se registró el último quejido de la Tierra, en algún tsunami, algún terremoto imprevisible como todos, algún huracán de incontrolable furia; o cuando nos informa sobre algún ataque a la dignidad humana sea secuestro, trata de personas o sencillamente el desamor o el descuido que hace se nos mueran de hambre unas 1,200 millones de semejantes. COMO NO SOY educador, por eso mismo considero que la tele también nos educa en lo que consideramos no debe ser. Con la insistencia en el consuma esto, compre esto, con este menjurge se cura usted de todas las dolencias y un etcétera de banalidades en el espectáculo, que también abundan. Algún pensador expresó, según entendí, que lo mejor de la tele, es que no debió existir. Bueno, pero una vez que ya está con nosotros, ojalá leyes, reglamentos y usos la hagan cada vez mayor instrumento de la promoción humana. Y SIN PERDER piso, a pesar de que podamos informarnos día, a día, por qué nos está llevando la trampa, es bueno agarrar piso afirmándonos en nosotros mismos, como comunidades. Por eso da gusto presenciar cientos y cientos de piedadenses, y visitantes, llenar con su curioso y festivo caminar, los espacios del centro cívico durante los días decembrinos. Esto, fuese participando en algún espectáculo, gozando de la tranquilidad despreocupada y del descanso merecido, en algún sitio público. Fuese en una celebración en su centro de culto, como las celebraciones religiosas de La Virgen de Guadalupe, El Señor de la Piedad y escuchando las prédicas siempre aleccionadoras de sus dirigentes, caso de los católicos, de sus  presbíteros encabezados por los obispos auxiliares de Morelia, oriundos de la ciudad piedadense, Carlos Suárez Cázares y Juan Espinoza Jiménez. ????????????????????????

????????????????????????Y SIN PERDER el piso, las fiestas patronales en cada uno de nuestros pueblitos que reúnen a los de aquí, y los de allá, en buena convivencia, aun cuando a veces, de manera inevitable, domine la “conbebencia”. Y ya sabemos que si se hacen los “brindis” adecuados, eso contribuye a que los festejos resulten de lo más regocijante. Sabemos que los migrantes procedentes de nuestros pueblitos, contribuyen, en gran manera, a la economía de la región, aquí, y en todas partes. Pero el deseo de que vengan, no es sólo por el interés de los dólares, sino porque recuperen, en sus nostalgias, los pasos de su infancia y de su juventud por estas tierras que los vieron nacer, herencia también, compartida por quienes ahora son ramas, flores, frutos de aquellas que nacieron aquí, y que aquí dejaron sus raíces. Y NO IMPORTA que el mundo informático nos mueva el tapete, aquí estamos, de aquí somos, este es nuestro ombligo del mundo.DSCN2199DSCN2186DSCN2229DSCN2222 Cada uno de nosotros, personas y comunidades, es centro de perspectiva, desde donde “ve”, en la información y en el arte, y a su manera, la gran trama, amorosa, que estamos descubriendo y de la cual formamos parte. Por eso, y por otras mil razones, Feliz Año 2014 para mis posibles lectores. (www.mitierramaravillosa.wordpress.com )

(A MANERA DE COMPARACIÓN, EN ESO DE LAS FIESTAS:

http://lapiedadymiregion.wordpress.com/2011/02/ )

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MI CAMINAR. POR LA SEGUNDA VEREDA

La Piedad, 5 de Enero de 2014.

A pocas horas de que la manecilla del reloj de los 78, entregue su relevo a la que sigue, ¡qué momento más oportuno para recordar!, un 5 de enero, cuando se cumplen los 79 y, lo más importante, se penetra, al atardecer, como no queriendo, en el túnel enigmático de los 80s.

El calendario formal, es lo de menos. El “calendario” del soñar, es lo de más. Y por eso unas horas más, daré vuelo a mis ensueños para contar, cantar, y quien quite logre salir de mi narcisismo y de mi “egocentrismo” y así poder decir algo a propósito de mi caminar, pero a la hora del atardecer, en el crepúsculo de la ancianidad y, por qué no, en la aurora del amanecer, si las cosas han de verse con Esperanza, según se vea o se sienta, conforme a las enseñanzas del caminar, pero éste comunitario.

         Bajo pues la escalera, hacia los sótanos del mí mismo, dijéramos, hacia mi propia subjetividad según lo prometido en MI primer CAMINAR, http://eltaller.us.es/index.php/MI_CAMINAR

 para incursionar en el país de los sueños, vale decir, del recordar. Y lo haré a manera de pinceladas, de aquí, y de allá. De aquí, como lo veo ahora. De allá, como lo presentía tal vez entonces.DSCN1406

Y en la mañanita del cinco,  y a las cinco cuarenta y cuatro marcada en el reloj de “pader” que me acaba de regalar GUIA (a ver si así mando más temprano mi material, digo yo) , y lo agradezco, vago por mis ensueños para contar de aquella vez en que se me apareció un monstruo. Y fue en Panindícuaro.

Siempre me han gustado las mañanitas, sobre todo campiranas. Siempre me han gustado las tardecitas, sobre todo campiranas. Y aquella mañana, no sé ni por qué, andaba por  Panindícuaro con mi papá Chon, a quien siempre me le pegaba en sus correrías de músico pueblerino, o a la hora de sembrar el trigo, o el garbanzo, en el potrero ziquitarense llamado La Ciénega, o simplemente a la hora de las cosechas del maíz, fuese en la milpa del Potrero de los Cerdas, ahora barrio, fuese en El Palo de la Llegada, o en la “pedacera” de parcelitas en El Guayabo, o en El Potrero Viejo.

Pero creo que en Panindícuro mas bien andábamos de turistas y no en planes de trabajo. Alguna encomienda de los afanes familiares, o tal vez alguno de los mandados, a los cuales era afecto el servicial de mi papá.DSCN1405

El caso es que sentí algo como escalofrío al oír con su gran intensidad los resoplidos del monstruo y quedé paralizado por el no saber y el no  poder, aun cuando quedaba en mí un dejo de confianza, porque en ese trance no estaba solo, sino bajo la protección de mi padre.

No alcanza mi imaginación para describir aquel monstruo de fauces indefinidas, rasgando con su presencia y lo blanquizco de su vaho, la oscuridad todavía de la naciente mañana.

Decían que esa bestia, ese monstruo, pasaba todos los días, y que brotaba de las tierras de Guanajuato para caminar asustando chiquillos por todo un trayecto que pasaba por donde dije, recorría en su chacachaca rodar pasando por Ajuno, cerca de Zirahuén, y no sé si llegaba hasta Uruapan.

Debió llegar, porque una vez, según decían, ya en las entrañas del monstruo, hubo necesidad de recorrer sus corredores intestinos para buscar dónde, el niño tragón, hiciera de la popo, lo que no logró por cierto, según decían, porque se  hizo antes y alcanzó por ello enérgico reproche. Y según decires chistosos de Trinillo, el sonriente vecino de parcela paterna, el dicho defensivo del niño aquel, era simplemente: nomás no me legañes Cana (mi papá). Es que en tal aprieto y al intentar pasar de un carro al otro, hubo el riesgo de que ahora me fuera imposible contar aquello, y no tanto porque me hubiera hecho antes de tiempo.

De todas maneras, guardo gratos recuerdos de aquello que me pareció bestia. Fue el primer medio de transporte que me llevó a México, cuando mi abuelo Vicente nos trasladó a Ramiro, Ramón y a mí, a Puebla, donde comencé, por no sé qué designios, mi internado educativo de seis años, para completar poco a poco la información que había captado en el librito que me regaló en Penjamillo la bendita madre Francisca, según dije.

De ese año en adelante, hasta bien entrados los cincuenta y creo que aún después, aquello que consideré bestia me trasladó también, en su seno, a recorrer mundo, las muchas veces que viajaba a la capital, desde la antigua estación de Santa Ana (le decíamos estación de La Piedad), o a Mexicali, la primera vez, ya de joven, con mi papá, ida y vuelta, pero el regreso en un trayecto que duró tres días, en asientos de madera. O al regreso de Morelia, ya con críos, en un recorrido de casi un día, hacia la ciudad de México, toda una excursión que nos permitió disfrutar de cuanta golosina se nos puso por delante por afanosos vendedores durante cada estación pueblerina, o  atisbar el misterio de por qué muchachos, en la noche oscura, por las inmediaciones de Tacuba, agarraban al tren a pedradas, antes de  éste llegar a la entonces nueva estación de Buena Vista.

Pero ¡Oh decepción!, se acabó el encanto de los trenes populares, luego que los afanes privatizadores los vendieron al negocio privado. Pero en el pecado llevamos la penitencia: ahora se considera que el ferroviario es un transporte ecológico, y se piensa volver a ellos, como en la vieja Europa, donde bien que funcionan. Aunque sea sin el chacachaca monótono durante los interminables recorridos contemplando desde la ventanilla el variopinto paisaje mexicano, con la tracción silenciosa del diesel o más aún, de la energía eléctrica.DSCN1373

Ahora me divierte, también por las mañanitas, el grito sonoro del tren que en su caminar bien hacia Guadalajara y más allá, o a Colima, grita, a todo pulmón, durante las silenciosas mañanas, al pasar por San Juan del Fuerte, como si dijera: mira, aquí estoy, todavía vamos juntos en el atardecer de la vida.

Cambio de frecuencia para decir que aquel día, o aquella tarde, no estoy seguro, y bajo el añoso mezquite de la casa que fuera de papá Vicente y mamá Petrita y luego de papá Chon y Mamá Benita, la casa del sufrimiento, jugaban los niños sus rondas infantiles, pero echando mano de las estrofas que, según voz familiar, eran de la autoría del cuando niño,“poeta” Silviano.

Miry, Flavia, Gabrielita y otros de la ronda familiar, danzaban va y viene, a la manera del Matarili, pero entonando el Cabudedos, Cabudedos, Cabuderos; Los Mecates, Los Mecates, Los Mecates; Sani Sani, Sani Sani, Sanisantes. Era tal el alborozo infantil que Chon les llamó la atención considerando tal vez que era una especie de profanación al estro del susodicho poeta. A mi desde luego me parecía toda aquella inventiva infantil de la chiquillada, una feliz ocurrencia.

No tan feliz, ni tan infeliz, aquella versificación habría de retomar otras dimensiones, al casi engarzarla con el cantar de altura del músico Rossini, en su crescendo de la obertura El Barbero de Sevilla.

Decían las crónicas familiares que al niño Silviano le dio por cantar, en los albores del despertar a la vida social, unas estrofas tan “originales” y tan “extensas”, como lo arriba mencionado. A uno de los muchachos de la buena, servicial, alegre familia Duarte, vecinos en la casita del Llano, se le ocurrió dotar al referido “músico-poeta” del instrumental necesario para su desempeño, y fue como le improvisó con un leño largo, un tololoche, y con cordeles de lazo, las cuerdas. Y así, con su gabán bien puesto y su flamante tololoche, cantaba y cantaba el  Cabudedos, cabudedos. Así decían.

Días vendrían cuando durante una postración de esas que hacen mella, el tal cantito recobrara vida y luego se le colgara al más profesional y desde luego mejor articulado del crescendo referido, para expresar indecibles mociones que también, por sublimes, marcan vidas y despiertan añoranzas.

Fantasías posteriores en busca de explicaciones, habrían de jugar con los números de la aritmética, al recurrir al cuatro del ritmo dominante, que mitologema, en determinadas tradiciones significa ni más ni menos, que lo universal existente. La mente intelectualizada inventando conclusiones que en el sentir de un niño era simplemente divertido “cantar”.

Cambio de frecuencia para decir que durante las correrías infantiles de vaquerillo, no había más quehacer que atajar las reses para contenerlas en el pastizal que uno considerara mejor; y en el interin, usar los paredones a manera de resbaladillas, dizque nadar en la tinaja del tiempo de aguas, improvisar la fogata con leña de tepame, palodulce o de perdida del modesto casahuate, cantar o componer versos.

Esto del cantar y componer versos, es relativo, porque de recordarlo, sólo intenté  hacerlo una vez, con  una “composición”, tan original, tan original, que la bauticé como La Guaracha y no sé por qué, sería con el afán de darle compañía al guarache. El caso es que en mis ratos libres, cante y cante, camine y camine por los campos que duraron días, hice la referida “composición”, cuyo texto quedó en los archivos de la memoria, pero ¡Oh Curiosidad!, al tratar de desentrañar después los intríngulis de aquello, resultó cifrado, con el 4 como referencia del universal existente y el total diez, como la plenitud de plenitudes, según determinadas tradiciones, de reminiscencias apocalípticas.

Ganas de hacerse tarugo, porque si a esas vamos, especulando sobre eso, todo está cifrado para enseñarnos a caminar según los diseños de la vida realmente existente, a fin de completar la plenitud que vendrá, pero ese, en realidad, es el verdadero cantar, el cantar de los cantares. Y cualquiera lo puede percibir, si se abre al gran libro de la naturaleza, ahora amenazada por nosotros mismos, que somos también de la familia de los vivientes, o dicho de otra manera, de la familia de lo realmente existente.

Pero aquello de las mociones, u ondas que interrumpían mi discurrir de niño, y que se dieron durante algunas temporadas, no pasaban de ser elucubraciones infantiles, que mi persona vaqueril interpretaba simplemente como “otra figura”. Pero eso nos sucede a todos cuando hacemos paréntesis en el mundanal ruido y nos dejamos llevar por las mociones (o susurros imaginativos) que nos regalan el amor, o el afecto, la admiración o el respeto,  sea a una persona, a una planta, o a un animalito.

Lo que sí digo, y esto sin cambiar de frecuencia, es  aquello de la estrellita y el grillo, que de alguna manera he contado en otras oportunidades de mi modesto escribir. Pero, por lo demás, no es cosa de buscarle rebuscadas explicaciones a lo que puede ser común en el ambiente campirano en un niño que contempla el firmamento y sus estrellas. Y no son deseables los apagones, pero durante ellos, el hombre urbano bien podría contemplar el cielo y remembrar sus nostalgias del paraíso perdido.

HPIM1859El caso es que serían los seis o siete años cuando aquella noche vi las estrellas, en particular alguna de ellas que me llamó…la atención, pero al mismo tiempo escuchaba un grillo cantador. En mi mente infantil, no disocié al grillito por aquí, a la estrellita por allá, aun cuando creo le daba su lugar a cada una de las criaturas mencionadas.

Porque en un momento, creí que grillito y estrella cantaban y brillaban (tintileaban) al unísono. O más bien dicho, la estrellita en su intermitente tintilear, expresaba, al grillito, en su intermitente canturrear.

Será cosa de aprender a leer, en nuestro caso el homo sapiens civilizado, releer, a la naturaleza. Los científicos nos dicen ahora que no hay ser aislado en este Universo mundo. Ni átomos, ni estrellas, ni grillos. Nuestra edad es la misma para todos, unos 13,300 millones de años, poco más o menos; somos una familia (la Creación) y a ella pertenecemos y nuestro destino es compartido.

También se dirá que la raza humana, la única, con sus admirables matices,  tiende a su unidad; pero si no se une realmente, se destruye y esto no es juego, ni mucho menos retórico.

En eso del bailar, lo digo con franqueza, no soy modelo, ni me considero serlo en nada. Los internados de antes, en eso y en algo más copaban, pero además condicionan los propios temperamentos. No es desdeñable, sin embargo, que de todas maneras lleva uno la música por dentro, porque eso le fue dado y no hay castraciones ideológicas que lo quiten.

Recuerdo bien que yo seguía, a Chon, músico pueblerino, en algunas de sus “tocadas”, en sus fiestas, y bien que se desempeñaba con el trombón. Y era cosa de ver y oír aquellos jarabes, del uso campirano entonces, como aquella vez en San Antonio Carupo, donde la chusma infantil se entremezclaba entre los adultos para vibrar al ritmo zapateado.

Y no era ni es  desdeñable aquella costumbre, en fiestas pueblerinas, de acompañar a la banda de música tradicional, aun cuando a veces sea un “privilegio” de alumbrados, o sea cuando a  uno se le han pasado las cucharadas, zapateando y al son que le toquen baila.

Son de recordar expresiones recientes, en otras latitudes, cómo todo un pueblo despidió a su líder (Mandela) con cantos y baile. Aquí, nosotros, disponemos según se cree de cientos y cientos de danzas. Somos, pues, un pueblo de artistas. Vale una especulación: ¿Sería el mismo México si hubiésemos recibido con danzas a los Papas, no sólo con discursos, y sintonizando con ellos en el mensaje que ahora se dice, es de alegría?.

El cambio de frecuencia me permite decir lo que llegó a decirse, en aquellos tiempos un poco turbulentos, a nivel  de pueblito, que un día llegó por los cerros de Ziquítaro un padre, posiblemente misionero, procedente posiblemente de Zamora, cabecera de la diócesis. No era raro que las misiones tanto de religiosas como de sacerdotes, fueran complementarias de acciones rutinarias dentro del esquema usual en estos menesteres de fe. Lo que me impresionó fue el hecho del caminar del misionero, quien según se decía, se regresó también, a campo traviesa, a pie, rumbo al lugar de donde había venido.

Eso debió impresionarme, porque muchos años después, luego que me llevaron de la plancha de operaciones a la cama de reposo, y ante la preocupada concurrencia de médicos y directivos del internado, se me ocurrió decir que sería misionero. Lo chistoso del caso, es que pretendía llevarme a la enfermera de compañera, a mi empresa misional, je je. El caso quirúrgico debió ser delicado, porque supe que un año después un compañero del internado, no sobrevivió a la apendicitis aguda. No me tocaba, si no, de seguro ni lo mencionaría ahora.HPIM1860

Es de dudarse si en la adolescencia los afanes misioneros no serán sino el deseo de aventura por países exóticos, antes que debidos afanes evangélicos.

 Ahora pienso que hay muchas maneras de ser misioneros, aún laicos. El caso es que abundan: misioneros que expresen algo, en pequeño, o en grande, en favor de la vida, amenazada por nosotros mismos. En todo caso, serán siempre biofílicos los designios de la Vida.

http://eltaller.us.es/index.php/FANT.13-_A2K_O_EL_ERROR_DEL_MILENIO

Cambio radicalmente de frecuencia para relatar lo que considero una experiencia subjetiva (y espero no sea redundancia entre los dos términos), la cual podrá interpretarse como se pueda o como se quiera, según enfoques, pero que la presento solamente como un acontecimiento síquico, en sus líneas generales  no borrado de la mente, a través del tiempo.

HPIM1877Soy consciente de que esto es un atrevimiento, pero va como lo sentí, lo viví, lo experimenté. En todo caso, no me siento, en torno a ello, ni único, ni exclusivo y caigo en la cuenta que, a pesar de todo, cada uno de nosotros, y todo lo existente, es un enigma siempre abordable, y desde la perspectiva creyente, un misterio de la vida.

Es un asunto para consignarse en libro, me expresó  alguna vez una persona autorizada; una especie de incursión en el inconsciente colectivo, acaso, le escuché a otra; y sé ahora, que en determinados asuntos, no se le pueden poner condiciones a Quien decide ofrecer un regalo…compartido. Al fin y al cabo, “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de  paz”.

Son, en todo caso, meras opiniones subjetivas en el fondo y,  en la forma, expresiones literarias si acaso, sin que de ninguna manera, y en ambas modalidades, me atribuya en ello competencia ni académica, ni autoridad en ninguna clase de investidura.HPIM1890

El no haberse borrado en lo fundamental, aquellas experiencias a través de las décadas, 39, 40 años, y al ser apreciado su contenido como algo bueno y por lo tanto con indicios de verdadero, es por lo que considero, he considerado, abordarlo por escrito (exclusivamente por escrito) de diversas maneras.

Admitiendo, como admito ser diletante, en las diversas cuestiones que abordo, y sin que tenga para mi ningún sentido referirme a circunstancias objetivas que hayan rodeado mi entorno de entonces, reconozco mis limitaciones de expresión y, al mismo tiempo, considero que todo aquello podrá decir algo a mis posibles lectores. Nada más. http://silviano.wordpress.com/2011/04/29/suenos-guajiros-rusticos-vi-silviano-martinez-campos/

Y si bien las experiencias comenzaron en el 74 y se prolongaron el 75, relato aquí el que considero episodio central de mis vivencias. Sueños Guajiros, pues, dicho a la manera festiva, reduciendo todo a lo que, a fin de cuentas, podría ser un episodio más de lo que miríadas de personas han aportado para la buena marcha de las cosas, en lo pequeño y en lo grande.

HPIM1891Ni qué decir que como ciudadano me inclino porque nuestro entorno social se oriente, en todos los niveles, por la justicia y la unificación humana. Y como católico, que el mensaje del Señor Jesús sea una aportación vigorosa en todas partes, para que se reoriente nuestra vida comunitaria igual en justicia y en la paz constructiva que salvaguarde la vida, tan amenazada hoy  por hoy, en todas sus expresiones.

Va pues mi relato (relato, dije, no crónica):

Era un día de octubre, media mañana. Bajé la escalera de mi pequeño departamento, en un cuarto piso y en uno de los recovecos vi un paquetito de Sal. Lo digo, para ubicarme. Había suspendido mis clases que daba sobre una materia quizás de título rimbombante como geopolítica de la información (agencias noticiosas y organizaciones relativas al periodismo en niveles no nacionales) y mis alumnos eran, sobre todo, muchachas, lindas por cierto.

Había dejado las clases por una especie de obnubilación que pude entender vagamente como enfermedad y los médicos tal vez sin vaguedades, la calificaban así.HPIM1899

Caminé por la calle de Edison, rumbo al centro de aquella desde entonces gigantesca ciudad de México. Poco antes de la alameda central vi los cristalitos del piso, activados en su reluciente esplendor, por el sol mañanero. Mi subjetividad transtornada los interpretó como estrellitas, estrellas reales de esas del firmamento, y luego como una proyección hacia lindas muchachas.

Aturdido como andaba, llegué a la Alameda central, la crucé por el lado frontal del Palacio de Bellas Artes, crucé la avenida Eje Lázaro Cárdenas, o Niño Perdido, sobre lo cual no me ha interesado precisar cuál era el nombre de entonces.

Tomé, en mi caminata, la avenida Madero, que comienza según creo recordar con La Torre Latinoamericana y sigue el templo de San Francisco. No recuerdo haber pasado al templo, el cual era de mi predilección  porque admiraba su interior, sobre todo aquellos grandes cuadros con motivos franciscanos. El templo, pues, dedicado a San Francisco, no me atrevería a decir santo de mi devoción porque en aquellos tiempos no me consideraba muy devoto, pero sí santo de mi admiración, entonces y ahora.

Continué mi caminata rumbo a Bolívar, obvio, por la banqueta, puesto que la calle no se abrió al peatón sino décadas después.HPIM1907

Poco antes de aquella calle mencionada, me sentí transformado en un ser bellísimo, cuerpo reluciente con los colores del oro, tornasol el cuerpo, tachonada la frente con diminutas joyas a través de las cuales y de la diadema que coronaba la cabeza, recibía mensajes luminiscentes de lo alto, o de lo profundo.

Creí no perder el juicio, porque no me atreví a cruzar la calle antes de que se pusiera la luz verde del semáforo. El de la voz me había “dicho”, respeto sus reglamentos.

Todo atolondrado giré hacia la izquierda y luego también a la izquierda por la calle de Tacuba, creo que así se llama. Y frente a la casa perfumada (una aromática perfumería) mirando al Norte, sobre aquellas edificaciones, llegué a creer que el mensaje también era para quienes destruyen la Tierra.

HPIM1912Seguí rumbo a la Alameda, me senté en una banca que miraba hacia un conjunto colonial de dos templos, plazoleta de por medio y, en el centro de la edificación, plazoleta de  por medio, uno como museo, o palacio artesanal, del cual provenían bellas piezas del folclore mexicano, algunas tal vez con temas de la revolución mexicana. En el momento en que escuchaba la música de mi tierra, de mi México, me invadía una tranquilidad, una paz indecible, con dejos de suave melancolía.

Me levanté de la banca, me dirigí hacia el Poniente y en las cercanías del templo de San Hipólito, pero todavía en la Alameda, me encontré a un colega zamorano, periodista muy activo entonces, de trato amable siempre conmigo, que interpreto como una característica de su talante y una simpatía innata en él, por el paisanaje. Me preguntó en torno de un accidente ocurrido tal vez el día anterior, en una de las estaciones del Metro. No se me ocurrió ni entonces ni después, averiguar en la prensa los pormenores de tal accidente, así es de que no logré contestarle con precisión, y no llegué a detectar si él detectó mi perturbación.

Allí había terminado mi vivencia, regresé a casa y de lo demás de ese día, de plano nada recuerdo. http://eltaller.us.es/index.php/FANT.3-_ENCUENTROS_CERCANOS

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