Renovar el contrato natural con la Madre Tierra.Leonardo Boff

Renovar el contrato natural con la Madre Tierra

16/06/2014

Hasta el momento presente, el sueño del hombre occidental y blanco, universalizado por la globalización, era dominar la Tierra y someter a todos los demás seres para así obtener beneficios de forma ilimitada. Ese sueño, cuatro siglos después, se ha transformado en una pesadilla. Como nunca antes, el apocalipsis puede ser provocado por nosotros mismos, escribió antes de morir el gran historiador Arnold Toynbee.

Por eso, se impone reconstruir nuestra humanidad y nuestra civilización mediante otro tipo de relación con la Tierra para que sea sostenible. Es decir, para conseguir que perduren las condiciones de mantenimiento y de reproducción que sustentan la vida en el planeta. Eso solo ocurrirá si rehacemos el pacto natural con la Tierra y si consideramos que todos los seres vivos, portadores del mismo código genético de base, forman la gran comunidad de vida. Todos ellos tienen valor intrínseco y son por eso sujetos de derechos.

Todo contrato se have a partir de la reciprocidad, del intercambio y del reconocimiento de derechos de cada una de las partes. De la Tierra recibimos todo: la vida y los medios de vida. En correspondencia, en nombre del contrato natural, tenemos un deber de gratitud, de retribución y de cuidado para que ella mantenga su vitalidad para hacer lo que siempre ha hecho para todos nosotros. Pero nosotros have mucho que rompimos ese contrato.

Para rehacer ese contrato natural tenemos que actuar como el hijo pródigo de la parábola de Jesús. Volver a la Tierra, la Casa Común, y pedir perdón. Perdón que se traduce en un cambio de comportamiento en el sentido del respeto y del cuidado que ella merece. La Tierra es nuestra Madre, la Pacha Mama de los andinos y la Gaia de los modernos. Si no restablecemos ese lazo difícilmente sobreviviremos. Ella podría no querernos más sobre la faz terrestre. Por eso la sostenibilidad aquí y ahora es esencial. O ella prevalece o conoceremos una tragedia para el sistema-vida y para la especie humana.

A pesar de todas las rupturas del contrato natural, la Madre Tierra todavía nos envía señales positivas. A pesar del calentamiento global, de la erosión de la biodiversidad, el sol sigue saliendo el sol, el sabiá o tordo brasilero canta cada mañana, las flores sonríen a los que pasan, los colibrís revolotean sobre los botones de los lirios, los niños siguen naciendo y confirmándonos que Dios todavía cree en la humanidad y ella tiene futuro.

Rehacer el contrato natural implica rescatar la visión y los valores representados en el discurso del cacique Seattle, de la etnia de los Duwamish, pronunciado delante de Isaac Stevens, gobernador del territorio de Washington en 1856:

“De una cosa estamos seguros: la Tierra no pertenece al hombre. Es el hombre quien pertenece a la Tierra. Todas las cosas están interligadas entre sí. Lo que hiere a la Tierra, hiere también a los hijos e hijas de la Madre Tierra. No fue el ser humano quien elaboró el tejido de la vida; él es solamente un hilo de ella. Todo lo que haga al tejido, se lo hará a sí mismo… Comprenderíamos las intenciones del hombre blanco, si conociésemos sus sueños, si supiésemos qué esperanzas trasmite a sus hijos e hijas en las largas noches de invierno, qué visiones de futuro ofrece a sus mentes para que puedan formular deseos para el día de mañana”.

El 22 de abril de 2009, tras largas y difíciles negociaciones, la Asamblea de la ONU acogió por unanimidad la idea de que al Tierra es Madre. Esta declaración está llena de significado. La Tierra como suelo y tierra puede ser removida, utilizada, comprada y vendida. La Tierra como Madre no puede ser vendida ni comprada sino amada, respetada y cuidada como lo hacemos con nuestras madres. Este comportamiento reafirmará el contrato natural que dará sostenibilidad a nuestro planeta, pues restablece la relación de mutualidad.

El Presidente de Bolivia, el indígena aymara Evo Morales Ayma, no cesa de repetir que el siglo XXI será el siglo de los derechos de la Madre Tierra, de la naturaleza y de todos los seres vivos. En su intervención en la ONU el día 22 de abril de 2009, en cuya sesión participé con un discurso sobre la fundamentación teórica de la Tierra como Madre, enumeró resumidamente algunos los derechos de la Madre Tierra:

– el derecho de regeneración de la biocapacidad de la Madre Tierra,

– el derecho a la vida de todos los seres vivos, especialmente de aquellos amenazados de extinción.

– el derecho a una vida pura, porque la Madre Tierra tiene el derecho de vivir libre de contaminación y de polución,

– el derecho al vivir bien de todos los ciudadanos,

– el derecho a la armonía y al equilibrio con todas las cosas,

– el derecho a la conexión con el Todo del que somos parte.

Esta visión permite renovar el contrato natural con la Tierra que, articulado con el contrato social entre los ciudadanos, acabará por reforzar la sostenibilidad planetaria.

Para los pueblos originarios tal actitud era natural. Nosotros, en la medida en que perdimos la conexión con la naturaleza, hemos perdido también la conciencia de nuestra relación de reconocimiento y de gratitud hacia ella. De ahí la importancia de revisitar a aquéllos y aprender de ellos el respeto y la veneración que la Tierra merece.

Traducción de Marîa José Gavito Milano

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El ser humano: parte consciente e inteligente de la Tierra. Leonardo Boff

El ser humano: parte consciente e inteligente de la Tierra

2014-05-30


 

El ser humano consciente no debe ser considerado aparte del proceso evolutivo. Él representa un momento especialísimo de la complejidad de las energías, de las informaciones y de la materia de la Madre Tierra. Los cosmólogos nos dicen que alcanzado cierto nivel de conexiones hasta el punto de crear una especie de unísono de vibraciones, la Tierra hace irrumpir la conciencia y con ella la inteligencia, la sensibilidad y el amor.

El ser humano es esa porción de la Madre Tierra que, en un momento avanzado de su evolución, empezó a sentir, a pensar, a amar, a cuidar y a venerar. Nació, entonces, el ser más complejo que conocemos: el homo sapiens sapiens. Por eso, según el antiguo mito del cuidado, de humus (tierra fecunda) se derivó homo-hombre y de adamah (en hebreo tierra fértil) se originó Adam-Adán (el hijo y la hija de la Tierra).

En otras palabras, nosotros no estamos fuera ni encima de la Tierra viva. Somos parte de ella, junto con los demás seres que ella generó también. No podemos vivir sin la Tierra, aunque ella pueda continuar su trayectoria sin nosotros.

Por causa de la conciencia y de la inteligencia somos seres con una característica especial: a nosotros nos fue confiada la guarda y el cuidado de la Casa Común. Todavía mejor: a nosotros nos toca vivir y rehacer continuamente el contrato natural entre Tierra y humanidad pues su cumplimiento garantizará la sostenibilidad del todo.

Esa mutualidad Tierra-humanidad se asegura mejor si articulamos la razón intelectual, instrumental-analítica, con la razón sensible y cordial. Nos damos cada vez más cuenta de que somos seres impregnados de afecto y de capacidad de sentir, de dar y de recibir afecto. Tal dimensión posee una historia de millones de años, desde cuando surgió la vida hace 3,8 miles de millones de años. De ella nacen las pasiones, los sueños y las utopías que mueven a los seres humanos a la acción. Esta dimensión, llamada también inteligencia emocional fue desestimada en la modernidad en nombre de una pretendida objetividad de análisis racional. Hoy sabemos que todos los conceptos, ideas y visiones de mundo vienen impregnados de afecto y de sensibilidad (M. Maffesoli, Elogio da razão sensível, Petrópolis 1998).

La inclusión consciente e indispensable de la inteligencia emocional con la razón intelectual nos mueve más fácilmente al cuidado y al respeto de la Madre Tierra y de sus seres.

Junto a esta inteligencia intelectual y emocional existe también en el ser humano la inteligencia espiritual. Esta no es solamente del ser humano; según renombrados cosmólogos es una de las dimensiones del universo. El espíritu y la conciencia tienen su lugar dentro del proceso cosmogénico. Podemos decir que ellos están primero en el universo y después en la Tierra y en el ser humano. La distinción entre el espíritu de la Tierra y del universo y nuestro espíritu no es de principio sino de grado.

Este espíritu está en acción desde el primerísimo momento después de la gran explosión. Es la capacidad que muestra el universo de hacer una unidad sinfónica de todas las relaciones e interdependencias. Su obra es realizar aquello que algunos físicos cuánticos (Zohar, Swimme y otros) llaman holismo relacional: articular todos los factores, hacer convergir todas las energías, coordinar odas las informaciones y todos los impulsos hacia delante y hacia arriba de forma que se forme un Todo y el cosmos aparezca de hecho como cosmos (algo ordenado) y no simplemente como una yuxtaposición de entes o caos.

En este sentido no pocos científicos (A. Goswami, D. Bohm, B. Swimme y otros) hablan de un universo autoconsciente y de un propósito que es perseguido por el conjunto de las energías en acción. No es posible negar esta trayectoria: de las energías primordiales pasamos a la materia, de la materia a la complejidad, de la complejidad a la vida, de la vida a la conciencia, que en nosotros, los seres humanos, se realiza como autoconciencia individual, y de la autoconciencia pasamos a la noosfera (Teilhard de Chardin), por la cual nos sentimos una mente colectiva.

Todos los seres participan de alguna forma del espíritu, por más “inertes” que se nos presenten, como una montaña o una roca. Ellos también están envueltos en una incontable red de relaciones, que son la manifestación del espíritu. Formalizando podríamos decir: el espíritu en nosotros es aquel momento de la conciencia en que ella sabe de sí misma, se siente parte de un todo mayor y percibe que un Eslabón liga y re-liga a todos los seres, haciendo que haya un cosmos y no un caos.

Esta comprensión despierta en nosotros un sentimiento de pertenencia a este Todo, de parentesco con los demás seres de la creación, de aprecio de su valor intrínseco por el simple hecho de existir y de revelar algo del misterio del universo.

Al hablar de sostenibilidad en su sentido más global, necesitamos incorporar este momento de espiritualidad cósmica, terrenal y humana, para ser completa, integral y potenciar su fuerza de sustentación.

 

 

Leonardo Boff

 


MOSAICO, 8-V-014

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Berenice

La Madre Tierra, 2

La Madre Tierra (Foto de la red)

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Martínez Campos, 8-V-014
GUIA

MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 8 de Mayo.- Y EL NIDITO quedó vacío, solo, desolado y ni quién se pare por allí. Creíamos que algo no había funcionado, y hasta pensamos que algo no funcionó. Pero no, no hubo aborto, y después de largas semanas de percibir la “paciencia” de la pajarita sobre su nido, en el mandarino, vimos a dos avecillas picudas, despiertas, hijas de la pajarita (y del pajarito). Un día de esos estaba el nido vacío y progenitores y crías esperaban sobre una ramita del guayabo vecino, el tiempo propicio para emprender el vuelo definitivo. Al día siguiente ya no estaban. Lo mismo había pasado un año anterior, las torcacitas (conguitas) siguieron su esquema trazado desde siglos y siglos: el cortejo, apareamiento, la fabricación del nido, el “paciente” empollar, el vuelo de “prueba” hacia la ramita cercana y el vuelo definitivo para recorrer el mundo. La naturaleza de las avecillas no había fallado, por obra y gracia de la pajarita (y el apoyo del pajarito) y había dos nuevos seres volátiles por los prados cercanos. Pero hay otra especie (nosotros los humanos) que al parecer ya falló y en el sentir de muchos está en callejones sin salida luego de transgredir las leyes de la Tierra. Y percibe uno que hay mucha desnaturalización y por ello quién sabe cómo nos vaya. NI QUIEN DUDE que haya madres desnaturalizadas que agreden a los críos, o madres dominadoras y más domadoras que promotoras. Pero estas y otras conductas, como el rapto en Nigeria de unas trescientas niñas, son más bien marginales, por más que nos echen en cara lo maleado de la condición humana. Y DOMINA, CIERTO, el lado luminoso, hasta donde podemos percibirlo, de nuestra condición humana, a pesar de sus lados negros, tan evidentes en los noticieros. Como la madre, aquí, y en todos lados, a la que festejamos en diversas fechas según países y culturas, pero en México el próximo sábado 10 de mayo. Aun cuando ha disminuido en cantidad y en horas el desfile de muchachas, muchachos por las razones obvias de precauciones en los recorridos nocturnos, la prole agradecida entona, canta las mañanitas y festeja a la querida mamá, merecedora de toda consideración porque a través de ella (el papá no queda al lado, conste) llegamos a la existencia. Aquí, además del festejo en hogares y planteles, las autoridades nunca olvidan a las madrecitas. Ni las organizaciones, por lo común. En uno de los comunicados que “cáen”, en mi maleta informativa (correo electrónico), el Partido Acción Nacional de aquí asegura que festejará el sábado a las madres piedadenses. Anuncia un festival en la explanada de la plaza principal, un espectáculo variado, ameno y alegre, según dice, que incluye una obra de teatro, al cantante Ramón Cabrera y la presentación del Ballet Internacional de Yurécuaro. A LA QUE no le va muy bien con nuestra conducta, es a la mamá de todos, en su expresión masculina, el Planeta, y en su expresión femenina, La Madre Tierra, denominación aceptada desde hace poco tiempo, por las mismas Naciones Unidas. Aquí sí, responsabilidad compartida y que cada quien agarre su parte, desde personas, comunidades, instituciones, países. Pero parece que la gran responsable de tanto desmadre (ataques a la madre), es la mismísima civilización industrial nacida en las Europas hará cosa de dos siglos, y un poquito más, afianzada con más “fiereza” en la parte norte de nuestro planeta y con representación más manifiesta en el país nuestro vecino. La gran crisis ambiental, pues, englobante, pero con manifestaciones ya espectaculares en los últimos decenios y años Y EN ESTO, la ciencia, tan idolatrada por muchos en el pasado, los llamados progresistas y tan vilipendiada por otros por reduccionista y perturbadora según dicen (la visión integrista que ni siquiera acepta la teoría de la evolución), nos está abriendo los ojos. El mundo que construimos con la ayuda de la ciencia y de su parienta la técnica, se nos revirtió y estamos a punto (a largo plazo, claro) de darnos en la madre, en la Madre Tierra. LA INFORMACIÓN CONTENIDA en el documento dado a conocer estos días por la administración del Presidente Obama, tal vez no diga nada nuevo al círculo científico, o a los enterados de cómo van las cosas en eso de los fenómenos climáticos. Pero el documento elaborado por 300 científicos y que lleva por nombre Evaluación Nacional del Clima, de seguro nos dice mucho a quienes lo leamos y, desde luego, a la población norteamericana y a quienes se resisten a los cambios. La novedad pues, que el gobierno estadounidense toma posición pública, en difusión masiva, de la situación, riesgos y posibles salidas para afrontar el fenómeno que se reconoce ya afecta al gran país y, desde luego al mundo. El cambio climático dejó de ser un tema de un distante futuro y se ha convertido en un tópico presente, se dice. QUIEN DESEE INFORMARSE sobre dicho documento, puede consultar el sitio (en Inglés) http://nca2014.globalchange.gov/highlights/overview/overview . Hay señales de Esperanza. Entramos ya a la era de la “comprensión” global de estas cuestiones. (http://losnuevostiempos.wordpress.com/ )

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EVALUACIÓN NACIONAL DEL CLIMA, USA

http://nca2014.globalchange.gov/

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MOSAICO, 24-IV-014

 

Martínez Campos, 24-IV-014
GUIA

MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 24 de Abril.- AUN CUANDO PAREZCA, en los ámbitos urbanos, que los libros pasaron de moda, la verdad es que no, o por lo menos es verdad a medias.Ve uno a los chavos entretenidos con sus “laptops”, “ipads”, celulares al último grito de la moda tecnológica y otros aditamentos enchufados en “órganos auditivos” (orejas), los cuales cierto que los aíslan del mundo externo, cierto también que los vinculan a un mundo mágico, fantasmasgórico, sublime, pero real: el mundo virtual, se dice. En todo caso, el libro desaparece, pero no el texto, hasta ahora, bajo el agobiante, vertiginoso, indigerible mundo de la imagen. El texto virtual parece ganarle la batalla, al texto impreso en papel. Esto ha de tener sus pros y sus contras, según los expertos, o los críticos del “homo videns”, o sea del hombre televisivo. DE TODAS MANERAS la UNESCO (el organismo de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura) promueve la búsqueda, la indagación, a través de la lectura de textos y de la lectura virtual, por ejemplo su biblioteca virtual. Aun cuando de seguro hay grandes, grandísimas multitudes que no leen ni libros impresos ni textos virtuales, estamos llegando, es obvio ya para muchos, a la extensión masiva del conocimiento a través de los modernos medios de comunicación. Y reconocemos, sin duda, nuestra ignorancia. Es de imaginarse las bibliotecas virtuales con millones y millones de libros. VIRTUALES, O NO, lo fundamental no es la cantidad sino la calidad de lo que se lee. Por eso los censores virtuales no podrán controlarlo todo. Quienes perciben el valor de los medios, como en el mismo convulsionado Vaticano, reconocen, en documentos, el valor de los nuevos medios y también hacen una crítica fundada de los mismos. Escuchamos miles de veces, que la cruz es penosa, pero conduce a la resurrección. Y en el ámbito laico, escuchamos o leemos, de manera virtual sobre todo, que referido a nuestro convulso mundo, aun cuando nos se use lenguaje religioso, parece que la crisis universal más semeja un juicio universal y un calvario global, que un mundo de Esperanza. Sin embargo, ese calvario, promovido en gran parte por nosotros los humanos, apunta, por nuestra acción, a un nuevo mundo, porque “un nuevo mundo es posible”. ESTE ES EL mensaje del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, con motivo del Día Mundial de la Madre Tierra: “Cada año, en ocasión del Día de la Madre Tierra, reflexionamos sobre nuestra relación con el planeta que nos sustenta. El aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra en la que crecen nuestros alimentos forman parte de un delicado ecosistema mundial que está sometido a una presión cada vez mayor a causa de las actividades humanas. La pesada mano de la humanidad se manifiesta en la deforestación tropical y el agotamiento de la pesca oceánica, en la creciente escasez de agua dulce y la rápida disminución de la diversidad biológica y en cielos y mares cada vez más contaminados en muchas partes del mundo. A medida que crece nuestra población, debemos reconocer que nuestro consumo de los recursos del planeta es insostenible. Es necesaria una transformación mundial de actitudes y prácticas. Es especialmente urgente abordar la manera en que generamos la energía que impulsa nuestro progreso. La quema de combustibles fósiles es el principal factor del cambio climático, que constituye una creciente amenaza a la prosperidad y la estabilidad en todas las regiones. Este es el motivo por el cual los dirigentes mundiales se han comprometido a alcanzar un acuerdo jurídico sobre el clima mundial en 2015.La adopción de medidas respecto del cambio climático ofrece múltiples oportunidades para replantear nuestra relación con la Madre Tierra y mejorar el bienestar humano, especialmente para los más pobres y vulnerables. La energía sostenible para todos puede mejorar la salud, la riqueza y las oportunidades de miles de millones de personas, como también pueden hacerlo la agricultura climáticamente inteligente, una mayor eficiencia de las ciudades y una mejor gestión y protección de los bosques.Con el fin de generar medidas ambiciosas sobre el terreno y promover un nuevo tratado sobre el clima en 2015, he convocado una Cumbre sobre el Clima en Nueva York el 23 de septiembre de este año. Invito a los Jefes de Estado y de Gobierno, junto con los dirigentes del sector privado y la sociedad civil, a que den a conocer sus iniciativas y forjen alianzas que ayuden a crear un futuro sostenible. Pero necesitan apoyo y aliento, dado que cambiar nunca es fácil. Por lo tanto, hoy, Día Internacional de la Madre Tierra, hago un llamamiento a que todas las personas del mundo alcen su voz y hablen en nombre de este planeta, nuestro único hogar. Cuidemos de la Madre Tierra para que esta pueda seguir cuidando de nosotros como lo ha hecho durante milenios”. AQUÍ VAN DOS enlaces de mis propias fantasías. Espero la actitud benevolente de mi posible lector. (http://silviano.wordpress.com/2010/07/02/la-musa-silviano-martinez-campos/ ; http://silviano.wordpress.com/2009/09/12/fant-11-el-enredo/ )

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Cuidar de la Madre Tierra y amar a todos los seres. Leonardo Boff

Cuidar de la Madre Tierra y amar a todos los seres

01/04/2014

El amor es la mayor fuerza que existe en el universo, en los seres vivos y en nosotros los humanos. Porque el amor es una fuerza de atracción, de unión y de transformación. Ya el antiguo mito griego lo formulaba con elegancia: «Eros, el dios del amor, se irguió para crear la Tierra. Antes, todo era silencio, vacío e inmóvil. Ahora todo es vida, alegría, movimiento». El amor es la expresión más alta de la vida que siempre irradia y pide cuidado, porque, sin cuidado, languidece, enferma y muere.

Humberto Maturana, chileno, uno de los mayores exponentes de la biología contemporánea, mostró en sus estudios sobre la autopoiesis, es decir, sobre la autoorganización de la materia de la cual resulta la vida, cómo el amor surge desde dentro del proceso evolutivo. En la naturaleza, afirma Maturana, se verifican dos tipos de conexiones (él las llama acoplamientos) de los seres con el medio y entre sí: una necesaria, ligada a la propia subsistencia, y otra espontánea, vinculada a relaciones gratuitas, por afinidades electivas y por puro placer, en el fluir del propio vivir.

Cuando esta última ocurre, incluso en estadios primitivos de la evolución hace miles de millones de años, surge ahí la primera manifestación del amor como fenómeno cósmico y biológico. En la medida en que el universo se inflaciona y se vuelve complejo, esa conexión espontánea y amorosa tiende a incrementarse. A nivel humano, gana fuerza y se vuelve el móvil principal de las acciones humanas.

El amor se orienta siempre por el otro. Significa una aventura abrahámica, la de dejar su propia realidad e ir al encuentro del diferente y establecer una relación de alianza, de amistad y de amor con él.

El límite más desastroso del paradigma occidental tiene que ver con el otro, pues lo ve antes como obstáculo que como oportunidad de encuentro. La estrategia ha sido y sigue siendo esta: incorporarlo o someterlo o eliminarlo como hizo con las culturas de África y de América Latina. Esto se aplica también a la naturaleza. La relación no es de mutua pertenencia y de inclusión sino de explotación y de sometimiento. Negando al otro, se pierde la oportunidad de alianza, de diálogo y de mutuo aprendizaje. En la cultura occidental ha triunfado el paradigma de la identidad, con exclusión de la diferencia. Esto ha generado arrogancia y mucha violencia.

El otro goza de un privilegio: permite surgir el ethos que ama. Fue vivido por el Jesús histórico y por el paleocristianismo antes de constituirse en institución con doctrinas y ritos. La ética cristiana estuvo más influenciada por los maestros griegos que por el sermón de la montaña y la práctica de Jesús. El paleocristianismo, por el contrario, da absoluta centralidad al amor al otro, que para Jesús es idéntico al amor a Dios. El amor es tan central que quien tiene amor lo tiene todo. Testimonia esta sagrada convicción de que Dios es amor (1 Jn 4,8), que el amor viene de Dios (1 Jn 4,7), y que el amor no morirá jamás (1Cor 13,8). Ese amor incondicional y universal incluye también al enemigo (Lc 6,35). El ethos que ama se expresa en la ley áurea, presente en todas las tradiciones de la humanidad: «ama al prójimo como a ti mismo»; «no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti». El Papa Francisco está rescatando al Jesús histórico: para él es más importante el amor y la misericordia que la doctrina y la disciplina.

Para el cristianismo, Dios mismo se hizo otro por la encarnación. Sin pasar por el otro, sin el otro más otro, que es el hambriento, el pobre, el peregrino y el desnudo, no se puede encontrar a Dios ni alcanzar la plenitud de la vida (Mt 25,31-46). Esta salida de sí hacia el otro a fin de amarlo en sí mismo, amarlo sin retorno, de forma incondicional, funda el ethos más inclusivo posible, el más humanizador que se pueda imaginar. Ese amor es un solo movimiento, va al otro, a todas las cosas y a Dios.

En Occidente fue Francisco de Asís quien mejor expresó esta ética amorosa y cordial. Él unía las dos ecologías, la interior, integrando sus emociones y deseos, y la exterior, hermanándose con todos los seres. Comenta Eloi Leclerc, uno de los mejores pensadores franciscanos de nuestro tiempo, sobreviviente de los campos de exterminio nazi de Buchenwald:

«En vez de hacerse rígido y cerrarse en un soberbio aislamiento, Francisco se dejó despojar de todo, se hizo pequeño. Se situó con gran humildad en medio de las criaturas, próximo y hermano de las más humildes entre ellas. Confraternizó con la propia Tierra, como su humus original, con sus raíces oscuras. Y he aquí que “nuestra hermana y Madre-Tierra” abrió ante sus ojos maravillados el camino de una hermandad sin límites, sin fronteras. Una hermandad que abarcaba a toda la creación. El humilde Francisco se hizo hermano del Sol, de las estrellas, del viento, de las nubes, del agua, del fuego, de todo lo que vive, y hasta de la muerte».

Ese es el resultado de un amor esencial que abraza a todos los seres, vivos e inertes, con cariño, ternura y amor. El ethos que ama funda un nuevo sentido de vivir. Amar al otro, sea el ser humano, sea cada representante de la comunidad de vida, es darle razón de existir. No hay razón para existir. El existir es pura gratuidad. Amar al otro es querer que él exista porque el amor hace al otro importante. «Amar a una persona es decirle: tú no podrás morir jamás» (G.Marcel); “tú debes existir, tú no puedes irte».

Cuando alguien o alguna cosa se hacen importantes para el otro, nace un valor que moviliza todas las energías vitales. Por eso cuando alguien ama, rejuvenece y tiene la sensación de comenzar la vida de nuevo. El amor es fuente de suprema alegría.

Solamente ese ethos que ama está a la altura de los desafíos de la Madre Tierra devastada y amenazada en su futuro. Ese amor nos podrá salvar a todos, porque nos abraza y hace de los distantes, próximos y de los próximos, hermanos y hermanas.

Leonardo Boff es autor de El cuidado necesario, Vozes 2013.

Traducción de Mª José Gavito Milano