MOSAICO, 24-IV-014

 

Martínez Campos, 24-IV-014
GUIA

MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 24 de Abril.- AUN CUANDO PAREZCA, en los ámbitos urbanos, que los libros pasaron de moda, la verdad es que no, o por lo menos es verdad a medias.Ve uno a los chavos entretenidos con sus “laptops”, “ipads”, celulares al último grito de la moda tecnológica y otros aditamentos enchufados en “órganos auditivos” (orejas), los cuales cierto que los aíslan del mundo externo, cierto también que los vinculan a un mundo mágico, fantasmasgórico, sublime, pero real: el mundo virtual, se dice. En todo caso, el libro desaparece, pero no el texto, hasta ahora, bajo el agobiante, vertiginoso, indigerible mundo de la imagen. El texto virtual parece ganarle la batalla, al texto impreso en papel. Esto ha de tener sus pros y sus contras, según los expertos, o los críticos del “homo videns”, o sea del hombre televisivo. DE TODAS MANERAS la UNESCO (el organismo de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura) promueve la búsqueda, la indagación, a través de la lectura de textos y de la lectura virtual, por ejemplo su biblioteca virtual. Aun cuando de seguro hay grandes, grandísimas multitudes que no leen ni libros impresos ni textos virtuales, estamos llegando, es obvio ya para muchos, a la extensión masiva del conocimiento a través de los modernos medios de comunicación. Y reconocemos, sin duda, nuestra ignorancia. Es de imaginarse las bibliotecas virtuales con millones y millones de libros. VIRTUALES, O NO, lo fundamental no es la cantidad sino la calidad de lo que se lee. Por eso los censores virtuales no podrán controlarlo todo. Quienes perciben el valor de los medios, como en el mismo convulsionado Vaticano, reconocen, en documentos, el valor de los nuevos medios y también hacen una crítica fundada de los mismos. Escuchamos miles de veces, que la cruz es penosa, pero conduce a la resurrección. Y en el ámbito laico, escuchamos o leemos, de manera virtual sobre todo, que referido a nuestro convulso mundo, aun cuando nos se use lenguaje religioso, parece que la crisis universal más semeja un juicio universal y un calvario global, que un mundo de Esperanza. Sin embargo, ese calvario, promovido en gran parte por nosotros los humanos, apunta, por nuestra acción, a un nuevo mundo, porque “un nuevo mundo es posible”. ESTE ES EL mensaje del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, con motivo del Día Mundial de la Madre Tierra: “Cada año, en ocasión del Día de la Madre Tierra, reflexionamos sobre nuestra relación con el planeta que nos sustenta. El aire que respiramos, el agua que bebemos y la tierra en la que crecen nuestros alimentos forman parte de un delicado ecosistema mundial que está sometido a una presión cada vez mayor a causa de las actividades humanas. La pesada mano de la humanidad se manifiesta en la deforestación tropical y el agotamiento de la pesca oceánica, en la creciente escasez de agua dulce y la rápida disminución de la diversidad biológica y en cielos y mares cada vez más contaminados en muchas partes del mundo. A medida que crece nuestra población, debemos reconocer que nuestro consumo de los recursos del planeta es insostenible. Es necesaria una transformación mundial de actitudes y prácticas. Es especialmente urgente abordar la manera en que generamos la energía que impulsa nuestro progreso. La quema de combustibles fósiles es el principal factor del cambio climático, que constituye una creciente amenaza a la prosperidad y la estabilidad en todas las regiones. Este es el motivo por el cual los dirigentes mundiales se han comprometido a alcanzar un acuerdo jurídico sobre el clima mundial en 2015.La adopción de medidas respecto del cambio climático ofrece múltiples oportunidades para replantear nuestra relación con la Madre Tierra y mejorar el bienestar humano, especialmente para los más pobres y vulnerables. La energía sostenible para todos puede mejorar la salud, la riqueza y las oportunidades de miles de millones de personas, como también pueden hacerlo la agricultura climáticamente inteligente, una mayor eficiencia de las ciudades y una mejor gestión y protección de los bosques.Con el fin de generar medidas ambiciosas sobre el terreno y promover un nuevo tratado sobre el clima en 2015, he convocado una Cumbre sobre el Clima en Nueva York el 23 de septiembre de este año. Invito a los Jefes de Estado y de Gobierno, junto con los dirigentes del sector privado y la sociedad civil, a que den a conocer sus iniciativas y forjen alianzas que ayuden a crear un futuro sostenible. Pero necesitan apoyo y aliento, dado que cambiar nunca es fácil. Por lo tanto, hoy, Día Internacional de la Madre Tierra, hago un llamamiento a que todas las personas del mundo alcen su voz y hablen en nombre de este planeta, nuestro único hogar. Cuidemos de la Madre Tierra para que esta pueda seguir cuidando de nosotros como lo ha hecho durante milenios”. AQUÍ VAN DOS enlaces de mis propias fantasías. Espero la actitud benevolente de mi posible lector. (http://silviano.wordpress.com/2010/07/02/la-musa-silviano-martinez-campos/ ; http://silviano.wordpress.com/2009/09/12/fant-11-el-enredo/ )

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MOSAICO, 3-IV-014

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(La Piedad. El trueno, el árbol vigilante del Infonavit, en la Primavera del 2014)

Martínez Campos, 3/IV/014
GUIA

MOSAICO
Silviano Martínez Campos
LA PIEDAD, 3 de Abril.- COMO UN MODESTO lector de los acontecimientos, he afirmado desde hace muchos años , en cuanta ocasión se me presenta que, en rigor de rigor, estamos pasando por una transformación radical, multidimensional, englobante, planetaria pues y por eso inclusiva de cualquier rincón del mundo. Algunos le llaman globalización, por la trama económica que se hizo global y dominante; otros más propiamente globalidad, comenzó hace siglos y se aceleró a partir de mediados del pasado, o sea en nuestros tiempos. Y CÓMO SE manifiesta, a un lector de publicaciones, vidente de noticieros o documentales, pues como un mundo revuelto, dominado por los señores del dinero, por el crimen organizado, por las amenazas ambientales incluidos los cambios climáticos, por la crisis económica incluidos sus efectos en los débiles, carencia de empleo.Y por lo tanto, poco dinero para poder comprar no digamos lo que exhiben los pregoneros del consumismo, sino lo más elemental: entre nosotros, granos, algo de verduras, una poquita de carne y la manera de guisarlos y llevarlos a la mesa. Y para eso, pepena uno lo que puede, en sembradíos, tiraderos de mercados, limosnea, o agarra donde se pueda. La ropa, bueno, esa puede esperar un poco, acude uno a la de segundo uso, recicla cuando encuentra qué reciclar y sobrevive, pero vive. Un mundo trágico y, los grandes se pelean tratando de repartirse los fragmentos del mundo que ellos mismos fragmentaron durante la guerra fría, luego de las infames guerras calientes que costaron la vida, a millones de civiles y militares, todos humanos y dignos de vivir en un planeta pacífico. ESA SERÍA PARTE de una visión catastrofista de las cosas, no por eso, menos real, pero irresoluble de manera súbita, sino en un camino de transición hasta que se logre, en la gran metamorfosis, el mundo nuevo. Sin embargo, como también vemos, hay una crisis tal vez más fundamental pero menos visible a través de los medios, la crisis espiritual (de sentido, síquica, mental, de orientación, púes). Pero aquí, al final del túnel oscuro, se avizora, aun cuando a largo plazo pero desde ya construyéndose, un mundo nuevo, luminoso, un planeta renovado y sería la visión utópica, no ilusoria sino posible de una Nueva Tierra, de amplitudes insospechadas. RECUERDO MIS VIVENCIAS campiranas, cómo en medio de las contradicciones y penares de comunidades en pobreza, era posible la vinculación con las raíces de la Tierra. Y cómo en el mundo urbano, lector aficionado, me acerqué a la obra del P. Teilhard de Chardin, a la Pacem in Terris, la encíclica de Juan XIII y otros documentos del naciente concilio ecuménico, las publicaciones del Club de Roma (un organismo de civiles cultos y estudiosos que alertaban sobre los inminentes peligros del nuevo mundo globalizado) . Y luego sobre la nueva reflexión desde América Latina, todo lo cual me permitió también cambiar un poco mi visión tan tradicional de las cosas. Sí, “¡Un Mundo Nuevo es Posible!”. Y MIENTRAS, EL mundo bello también se abre paso: un desfile infantil de Primavera, aquí, alarde creativo de las educadoras y las madres de familias, que adornaron a cientos de pequeños de los jardines de niños, quienes manifestaban a sus admiradores, que una vida mejor es posible y que ellos, cuando adultos, habrán encontrado un mundo digno de vivirse. En la alegría del arte, por ejemplo, de la que nos dan ejemplo estos días los artistas, muchachas y muchachos, directivos, de los conjuntos del Festival de Danza de Yurécuaro, presentado en La Piedad. Ballets nacionales como el Quetzal de Jalisco los de Coahuila, San Luis Potosí, y Veracruz. E internacionales, de Bolivia y Ecuador. LE PREGUNTARON A Leonardo Boff, el escritor brasileño, sobre el camino franciscano y expresó que ser lo más simple, sencillo posible, sentirse hermano de todos, también de las criaturas de la naturaleza, procurar ver primero el lado de la luz y menos el de las sombras y no hay razones para quejarnos de Dios. Estos consejos, diría uno, corresponde seguirlos no sólo a clérigos, sino también a laicos. FINALMENTE CITO AL mismo escritor: “Hoy nos encontramos en una nueva fase de la humanidad. Todos estamos regresando a nuestra casa común, la Tierra: los pueblos, las sociedades, las culturas y las religiones. Intercambiando experiencias y valores, todos nos enriquecemos y nos completamos mutuamente. (…)(…) Vamos a reír, a llorar y a aprender. Aprender especialmente cómo casar Cielo y Tierra, es decir, cómo combinar lo cotidiano con lo sorprendente, la inmanencia opaca de los días con la trascendencia radiante del espíritu, la vida en plena libertad con la muerte simbolizada como un unirse a los antepasados, la felicidad discreta de este mundo con la gran promesa de la eternidad. Y al final habremos descubierto mil razones para vivir más y mejor, todos juntos, como una gran familia, en la misma Aldea Común, bella y generosa, el planeta Tierra.” Casamento entre o céu e a terra. Salamandra, Rio de Janeiro, 2001.pg09”.

(La Piedad. Jacarandas de Primavera, en el Parque Morelos)

(http://www.losnuevostiempos.wordpress.com

Nuestro lugar en el conjunto de los seres. Leonardo Boff

Nuestro lugar en el conjunto de los seres

2014-03-21

La ética de la sociedad dominante en el mundo es utilitarista y antropocéntrica. Es decir: considera ilusoriamente que los seres de la naturaleza solamente tienen razón de existir en la medida en que sirven al ser humano y que este puede disponer de ellos a su gusto. Él se presenta como rey y reina de la creación.

La tradición judeocristiana reforzó esta idea con su “someted la Tierra y dominad sobre todo lo que vive y se mueve sobre ella” (Gn 1,28).

Mal sabemos que, nosotros los humanos, fuimos uno de los últimos seres a entrar en el teatro de la creación. Cuando el 99,98% de todo estaba ya hecho, surgimos nosotros. El universo, la Tierra y los ecosistemas no necesitaron de nosotros para organizarse y ordenar su majestuosa complejidad y belleza.

Cada ser tiene un valor intrínseco, independiente del uso que hacemos de él. Representa una manifestación de aquella Energía de fondo, como dicen los cosmólogos, o de aquel Abismo generador de todos los seres. Tiene algo que revelar que solo él, hasta el menos adaptado, lo puede hacer y que enseguida, por la selección natural, desaparecerá para siempre. Pero a nosotros nos cabe escuchar y celebrar el mensaje que tiene para revelarnos.

Lo más grave, sin embargo, es la idea que toda la modernidad y gran parte de la comunidad científica actual proyecta del planeta Tierra y de la naturaleza. Las consideran simple “res extensa”, una cosa que puede ser medida, manipulada, según el rudo lenguaje de Francis Bacon, «torturada como lo hace el inquisidor con su víctima, hasta arrancarle todos los secretos». El método científico predominante mantiene, en gran parte, esa lógica agresiva y perversa.

René Descartes en su Discurso del Método dice algo de un clamoroso reduccionismo en la comprensión: «no entiendo por “naturaleza” ninguna diosa ni ningún otro tipo de poder imaginario; antes me sirvo de esa palabra para significar la materia». Considera el planeta como algo muerto, sin propósito, como si el ser humano no fuese parte de esa naturaleza”.

El hecho es que nosotros entramos en el proceso evolutivo cuando éste alcanzó un altísimo nivel de complejidad. Entonces irrumpió la vida humana consciente y libre como un subcapítulo de la vida. Por nosotros el universo llegó a la conciencia de sí mismo. Y eso ocurrió en una minúscula parte del universo que es la Tierra. Por eso nosotros somos aquella porción de la Tierra que siente, ama, piensa, cuida y venera. Somos Tierra que anda, como dice el cantautor indígena argentino Atahualpa Yupanqui.

Nuestra misión específica, nuestro lugar en el conjunto de los seres, es el de ser aquellos que pueden apreciar la grandeur del universo, escuchar los mensajes que enuncia cada ser y celebrar la diversidad de los seres y de la vida.

Y por ser portadores de sensibilidad y de inteligencia tenemos una misión ética: cuidar de la creación y ser sus guardianes para que continúe con vitalidad e integridad y con condiciones para seguir evolucionando como lo viene haciendo desde hace 4,4 mil millones de años. Gracias a Dios que el autor bíblico, como corrigiendo el texto que citamos antes, dice en el segundo capítulo del Génesis: “El Señor tomó al ser humano y lo puso en el jardín del Edén (Tierra originaria) para que lo cultivara y lo guardara” (2,15).

Lamentablemente estamos cumpliendo mal esta misión nuestra, pues al decir del biólogo E. Wilson «la humanidad es la primera especie de la historia de la vida en volverse una fuerza geofísica; el ser humano, ese ser bípedo, tan cabeza-de-viento, ha alterado ya la atmósfera y el clima del planeta, desviándolos mucho de las normas usuales; ha esparcido ya miles de sustancias químicas tóxicas por el mundo entero y estamos cerca de agotar el agua potable” (A Criação: como salvar a vida na Terra, 2008, 38). Pesaroso ante un cuadro como este y bajo la amenaza de un apocalipsis nuclear, el gran filósofo italiano del derecho y de la democracia, Norberto Bobbio, se preguntaba: «¿La humanidad merece ser salvada?» (Il Foglion, 409, 2014, 3).

Si no queremos ser expulsados de la Tierra por la propia Tierra, como los enemigos de la vida, cumple cambiar nuestro comportamiento hacia la naturaleza, pero principalmente acoger a la Tierra como aceptó la ONU en abril de 2009, como Madre Tierra, cuidarla como tal, y reconocer y respetar la historia de cada ser, vivo o inerte. Existieron antes de nosotros y durante millones y millones de años sin nosotros. Por esta razón deben ser respetados como lo hacemos con las personas de más edad, a las que tratamos con respeto y amor. Más que nosotros, ellos tienen derecho al presente y al futuro junto con nosotros. En caso contrario no hay tecnología ni promesas de progreso ilimitado que puedan salvarnos.

El mundo en que vivimos es ecocida. Leonardo Boff

Tierra recién arada

Tierra recién arada (Photo credit: gotencool)

El mundo en que vivimos es ecocida

2013-10-25

El 27 de septiembre algunos cientos de científicos, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), se reunieron en Estocolmo para evaluar el nivel de calentamiento global, y nos trasmitieron datos preocupantes: «las concentraciones de dióxido de carbono (CO2), de metano (CH4) y de óxido nitroso (N2O), principales responsables del calentamiento global, superan ahora considerablemente las concentraciones más altas registradas en núcleos de hielo durante los últimos 800.000 años». La actividad humana ha influido en este calentamiento con una certeza del 95%. Entre 1951 y 2010 la temperatura aumentó entre 0,5 °C y 1,3 °C y en algunos lugares ya ha alcanzado los 2 °C. Las previsiones para Brasil no son buenas: a partir de 2050 podemos tener verano permanente durante todo el año.

Esta temperatura puede tener efectos devastadores para muchos ecosistemas y para los niños y personas mayores. Los científicos del IPCC hacen una súplica apasionada a la gente para iniciar una acción inmediata a nivel mundial en términos de producción y de consumo que puedan detener este proceso y reducir sus efectos nocivos. Como dijo uno de los coordinadores del informe final, el suizo Thomas Stocker: «La pregunta más importante no es dónde estamos hoy, sino dónde estaremos en 10, 15 o 30 años. Y eso depende de lo que hagamos hoy».

Al parecer, se está haciendo muy poco o nada de forma articulada y global. Los intereses económicos de acumulación ilimitada a costa del agotamiento de los bienes y servicios naturales prevalecen sobre las preocupaciones por el futuro de la vida y la integridad de la Tierra.

La percepción fundamental que uno tiene al leer el resumen de 31 páginas es que vivimos en una especie de mundo que destruye sistemáticamente la capacidad del planeta para sostener la vida. Nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza y con la Tierra en su conjunto es ecocida y geocida. Siguiendo en esta dirección, seguramente vamos a conocer una tragedia ecosocial.

El propósito de un sinnúmero de grupos, movimientos y activistas se concentra en la identificación de nuevas formas de vivir de manera que garanticemos la vida en su gran diversidad y que vivamos en armonía con la Tierra, con la comunidad de la vida y con el cosmos.

En un trabajo que nos llevó más de diez años de investigación intensiva, a un educador experto en cosmología moderna Marcos Hathaway, canadiense, y a mí, tratamos de ensayar una reflexión cuidadosa que incluyese la contribución de Oriente y Occidente a fin de delinear una dirección viable para todos. El libro se llama: “El Tao de la Liberación: Explorando la Ecología de Transformación” (Voces 2012). Fritjof Capra le hizo un hermoso prólogo y la comunidad científica norteamericana ha recibido la edición en inglés con beneplácito, pues el Instituto Nautilus nos concedió en 2010 la medalla de oro en Ciencia y Cosmología.

Nuestra investigación parte de la siguiente observación: hay una aguda patología inherente al sistema que actualmente domina y explota el mundo: la pobreza, la desigualdad social, el agotamiento de la Tierra y el fuerte desequilibrio del sistema-vida. Las mismas fuerzas e ideologías que explotan y excluyen los pobres también están devastando toda la comunidad de vida y socavando las bases ecológicas que sostienen el planeta Tierra.

Para salir de esta situación trágica estamos llamados, de una manera muy real, a reinventarnos como especie. Para ello necesitamos sabiduría que nos lleve a una profunda liberación/transformación personal, pasando de señores sobre las cosas a hermanos y hermanas de las cosas. Esa transformación implica también una liberación/reinvención colectiva a través de otro diseño ecológico, que nos impulse a respetar y a vivir de acuerdo con los ritmos de la naturaleza. Debemos saber qué extraer de ella para nuestra supervivencia colectiva y cómo aprender de ella, pues ella se estructura sistémicamente en redes de inter-retro-relaciones que aseguran la cooperación y la solidaridad de todos con todos y dan sostenibilidad a la vida en todas sus formas, especialmente a la vida humana. Sin esta cooperación/solidaridad nuestra con la naturaleza y con los seres humanos, no encontraremos una salida eficaz.

Sin una revolución espiritual (no necesariamente religiosa) que envuelva otra mente (nueva visión) y un nuevo corazón (nueva sensibilidad) en vano buscaremos soluciones meramente científicas y técnicas. Estas son indispensables, pero integradas dentro de otro marco de principios y valores que son la base para un nuevo paradigma de civilización.

Todo esto está dentro de las virtualidades del proceso cosmogénico y también dentro de las posibilidades humanas. Es importante creer en tales realidades. Sin la fe y la esperanza humanas no vamos a construir un arca salvadora para todos.