Ziquítaro. Fiesta patronal 2014. EL CASTILLO

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EL CASTILLO

Tenía desde luego su atractivo el “torito”, un artefacto elaborado por los mismos artesanos que manufacturaban el castillo. Una como armazón hecha con cañas de carrizo, u otros materiales, en forma, claro, de toro, y entreverada en sus costillas y en su cabeza, con entramado de tubitos en los que se anidaba la pólvora, tal vez los materiales luminiscentes que hacían colorido el artefacto; y los tubitos que detonaban los abundantes buscapiés que se arrastraban por el suelo, o se elevaban sin ton ni son, en busca precisamente de los pies o la curiosa humanidad de los presentes.

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Un hueco en la parte baja del torito, facilitaba que un muchacho audaz y travieso, se animara a entrarle al toro, literalmente, ponérselo sobre su cabeza y así, corre y corre, correteaba a los igualmente traviesos muchachos que pretendían escapar de los “buscapiés”, o de los cohetes inofensivos. Bueno, esa era mi experiencia de niño y aún de joven: en otros lugares y tiempos, debió tal vez ser distinto,  de acuerdo a la creatividad de los artesanos fabricantes de castillo y su inmediato precursor el torito, una vez que la autoridad había sonado la trompeta para empezar la corrida de toros, digo del toro, persiguiendo a los alborozados muchachos.

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 Y no está usted para saberlo ni yo para contarlo, joven lector de esto, habría de verse, o más bien de oírse, la algarabía del respetable público ante las travesuras del toro y las corretizas de la muchachada para evitar sus inofensivos cohetes y buscapiés. Habría de venir luego la exaltación del sentimiento, no sé cuándo nacido en el curso de las generaciones, de sentirse elevado, sublimado a aún más ser expresado por luces, chasquidos de los fuegos cada vez que los expertos artesanos cambiaban la escena .El castillo, 34

Y, aunado a todo eso, algo que había comenzado desde las corretizas del toro, con aquellos sones purépechas precisamente llamados toritos, y aquí sí, como dice el dicho, la banda de música tradicional toque y toque, fuese de Zirahuén, de Ichán o de cualquier  punto del mapa del pueblo de artistas, el purépecha o el tarasco, como antes se decía.

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 Era cosa de vibrar en exultante acorde sostenido, al ritmo de

sus llamativos, exultantes y pegajosos sones  diseñados tanto para sintonizar con la gritería festiva, como para zapatear cuando viniese el caso y elevar la fiesta brava, entonces sólo “ cibernética”, a las alturas del arte y del regocijo por estar en día, más bien noche, de fiesta, y formar parte, íntima  del terruño y su gente, animados por la devoción, o no, del santo patronal o del “santo” laico, en caso de las celebraciones cívicas.

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 El espacio se prestaba, en el amplio solar tal vez reminiscencia de la familia Cerda (Josefina, Concepción, Juan), nombre homónimo aplicado también a un  potrero cercano al poblado, denominado Potrero de los Cerdas. Tiempos aquellos, cuando se estaban conformando las cosas tal y como ahora las conocemos. Pero como eran conforme a las entendían nuestros antepasados, padres y abuelos, hijos de su tiempo, que determina conductas y aconteceres. El caso es que así, y todo, las fiestas cívicas, o la patronal, algún tiempo suspendida, eran motivo, como ahora, de concentración de los fervores campiranos que requerían, como ahora, sus expansiones.

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 Aún así solamente una vez hubo de lamentarse un accidente, cuando un torito se pasó a un salón de la vieja escuela, donde según llegué a saber, se refugiaban algunas personas y fue que  una chispa del torito fue a dar a unos cohetes y resultaron varias personas con quemaduras. Estoy hablando de los cuarenta, o de los cincuenta. Era entonces la plaza improvisada, de una sola pista para dar la vuelta sobre todo muchachos y muchachas, practicando el flirteo regalándose flores recogidas de los huertos familiares. Y el castillo, obviamente cuando lo había, “si no, no”, en una esquina de la plaza.

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Antes, y entre los juegos, el del famoso palo encebado, a prueba de muchachos audaces que sorteaban la prueba de los resbalones para poder llegarle al premio colocado en la cima del madero. Una sola pista dije, mientras la banda de música, donde se podía, y años después, una generación más, en el kiosko sobrepuesto al que fuera un depósito del agua potable, que llegaba por bombeo desde la ojodeagua central.  Los usos han cambiado, la población también y ahora la serenata es a tres pistas, para darle gusto a todos los gustos.

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 El circular por los ambulatorios de la plaza, por el gusto de los mayores, o por el flirteo de los jóvenes que, ya sin compartir ramos de flores, tal vez comparten ramos de relucientes miradas que sintonizan con la antenita de aquellos ojos negros o cafés. La pista otrora para el deporte, el día festivo para sintonizar con el canto y el baile del pueblo; y la pista en un rincón, pero no por eso menos sobresaliente, donde se centran las miradas y la admiración por el arte pirotécnico armado por los artesanos de Jacona, la familia de artistas del fuego de artificio, Gracia y Serafín.

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Y así, con miradas mediante las cuales se bendice al mundo, palpitar de corazones juveniles que buscan en el amor trascenderse  y la admiración por la inventiva humana en el canto, la música, la danza y la explosión luminosa de coloridos, nuestra generación va tejiendo también su propia historia para sintonizarla con los anhelos de ser mejores, los de aquí, y los de allá, porque al fin y al cabo la vida también danza con los regocijos de una fiesta patronal en un humilde pueblito michoacano. (Silviano Martínez Campos).

El castillo, 21El castillo, 19El castillo, 17El castillo, 8El castillo, 12El castillo, 16El castillo, 25El castillo, 22El castillo, 23El castillo, 29El castillo, 18

El tiempo de la Gran Transformación y de la Corrupción General. Leonardo Boff

El tiempo de la Gran Transformación y de la Corrupción General

2014-01-24


Normalmente las sociedades se asientan sobre el siguiente trípode: la economía, que garantiza la base material de la vida humana para que sea buena y decente; la política, por la cual se distribuye el poder y se organizan las instituciones que hacen funcionar la convivencia social; y la ética, que establece los valores y normas que rigen los comportamientos humanos para que haya justicia y paz y para que se resuelvan los conflictos sin recurrir a la violencia. Generalmente la ética viene acompañada de un aura espiritual que responde por el sentido último de la vida y del universo, exigencias siempre presentes en la agenda humana.

Estas instancias se entrelazan en una sociedad funcional, pero siempre en este orden: la economía obedece a la política y la política se somete a la ética.

Pero a partir de la revolución industrial en el siglo XIX, más exactamente a partir de 1834en Inglaterra, la economía empezó a despegarse de la política y a soterrar a la ética. Surgió una economía de mercado de forma que todo el sistema económico fuese dirigido y controlado solamente por el mercado libre de cualquier control o de un límite ético.

La marca registrada de este mercado no es la cooperación sino la competición, que va más allá de la economía e impregna todas las relaciones humanas. Pero ahora se creó, al decir Karl Polanyi, «un nuevo credo totalmente materialista que creía que todos los problemas podrían resolverse con una cantidad ilimitada de bienes materiales» (La Gran Transformación, Campus 2000, p. 58). Este credo es asumido todavía hoy con fervor religioso por la mayoría de los economistas del sistema imperante y, en general, por las políticas públicas.

A partir de ese momento, la economía iba a funcionar como el único eje articulador de todas las instancias sociales. Todo iba a pasar por la economía, concretamente, por el PIB. Quien estudió en detalle este proceso fue el filósofo e historiador de la economía antes mencionado, Karl Polanyi (1866-1964), de ascendencia húngara y judía y más tarde convertido al cristianismo de vertiente calvinista. Nacido en Viena, desarrolló su actividad en Inglaterra y después, bajo la presión macarthista, entre Toronto en Canadá y la Universidad de Columbia en Estados Unidos. El demostró que «en vez de estar la economía embutida en las relaciones sociales, son las relaciones sociales las que están embutidas en el sistema económico» (p. 77). Entonces ocurrió lo que él llama La Gran Transformación: de una economía de mercado se pasó a una sociedad de mercado.

Como consecuencia nació un nuevo sistema social, nunca habido antes, donde no existe la sociedad, solo los individuos compitiendo entre sí, cosa que Reagan y Thatcher van a repetir hasta la saciedad. Todo cambió, pues todo, realmente todo, se vuelve mercancía. Cualquier bien será llevado al mercado para ser negociado con vistas al lucro individual: productos naturales, manufacturados, cosas sagradas ligadas directamente a la vida como el agua potable, las semillas, los suelos, los órganos humanos. Polanyi no deja de anotar que todo esto es «contrario a la sustancia humana y natural de las sociedades». Pero fue lo que triunfó, especialmente en la posguerra. El mercado es «un elemento útil, pero subordinado a una comunidad democrática» dice Polanyi. El pensador está en la base de la «democracia económica».

Aquí cabe recordar las palabras proféticas de Karl Marx en La miseria de la filosofía, 1847: «Llegó, en fin, un tiempo en que todo lo que los hombres habían considerado inalienable se volvió objeto de cambio, de tráfico y podía venderse. El tiempo en que las propias cosas que hasta entonces eran co-participadas pero jamás cambiadas; dadas, pero jamás vendidas; adquiridas pero jamás compradas –virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia etc.– en que todo pasó al comercio. El tiempo de la corrupción general, de la venalidad universal, o para hablar en términos de economía política, el tiempo en que cualquier cosa, moral o física, una vez vuelta valor venal es llevada al mercado para recibir un precio, en su más justo valor».

Los efectos socioambientales desastrosos de esa mercantilización de todo, los estamos sintiendo hoy por el caos ecológico de la Tierra. Tenemos que repensar el lugar de la economía en el conjunto de la vida humana, especialmente frente a los límites de la Tierra. El individualismo más feroz, la acumulación obsesiva e ilimitada debilita aquellos valores sin los cuales ninguna sociedad puede considerarse humana: la cooperación, el cuidado de unos a otros, el amor y la veneración por la Madre Tierra y la escucha de la conciencia que nos incita para bien de todos.

Cuando una sociedad como la nuestra, entorpecida por culpa de su craso materialismo, se vuelve incapaz de sentir al otro como otro, solamente como eventual productor y consumidor, está cavando su propio abismo. Lo que dijo Chomsky hace días en Grecia (22/12/2013) vale como llamada de alerta: «quienes lideran la corrida hacia el precipicio son las sociedades más ricas y poderosas, con incomparables ventajas como Estados Unidos y Canadá. Esta es la loca racionalidad de la ‘democracia capitalista’ realmente existente.”

Ahora cabe aplicar el There is no Alternative (TINA): No hay alternativa: o mudamos o pereceremos porque nuestros bienes materiales no nos salvarán. Es el precio letal por haber entregado nuestro destino la dictadura de la economía transformada en un “dios salvador” de todos los problemas.

Leonardo Boff


Hoy revolución significa echar el freno de emergencia. Leonardo Boff

Hoy revolución significa echar el freno de emergencia

2014-01-19

Se atribuye a Karl Marx esta frase pertinente: «sólo se hacen las revoluciones que se hacen». Es decir, la revolución no se configura como un acto subjetivo y voluntarista. Cuando ocurre así, es pronto vencida por inmadura y falta de consistencia. La revolución sucede cuando las condiciones de la realidad están objetivamente maduras y simultáneamente existe en los grupos humanos el deseo subjetivo de quererla. Entonces, irrumpe, con la posibilidad, no siempre segura, de vencer y consolidarse.

Actualmente tendríamos todas las condiciones objetivas para una revolución. Revolución está tomada aquí en su sentido clásico como el cambio de los fines generales de una sociedad que crea los medios adecuados para alcanzarlos, lo que implica el cambio en las estructuras sociales, jurídicas, económicas y espirituales de esa sociedad.

Hoy en día la degradación general en casi todos los ámbitos, especialmente en la infraestructura natural que sustenta la vida, es tan profunda que, en sí, necesitaría una revolución radical. De lo contrario, podemos llegar demasiado tarde y presenciar catástrofes ecológico-sociales de magnitudes nunca antes vividas en la historia humana.

Pero no existe todavía en los “dueños del poder” la conciencia subjetiva de esta urgencia. Ni la quieren. Prefieren mantener su poderío aun a riesgo de sucumbir ellos mismos en un eventual Armagedón. El Titanic se está hundiendo, pero su obsesión por las ganancias es tan grande que siguen comprando y vendiendo joyas como si no estuviese pasando nada.

Generalmente las “revoluciones” son hechas por los poderosos que se anticipan a los oprimidos, diciendo, como se practica con frecuencia en Brasil: «hagamos nosotros la revolución antes de que la haga el pueblo». Naturalmente no se trata de una revolución sino de un golpe de clase, usando, como en el caso de la “revolución de 1964”, a las fuerzas armadas para ese fin. Los vencedores tienen sus acólitos que les cantan loas, les levantan monumentos, dan el nombre de los golpistas a calles, puentes y plazas, como persiste todavía en Brasil.

La historia de los vencidos raramente se hace. Su memoria es borrada. Pero a veces esta memoria resurge como una fuerza de denuncia peligrosa. El historiador mexicano Miguel León-Portilla ha tenido el mérito de narrar El Reverso de la Conquista de América Latina por los ibéricos. En ella recoge los testimonios dramáticos y lacerantes de las víctimas aztecas, mayas e incas. En portugués ha sido traducido como La conquista de América Latina vista por los Indios (Vozes 1987). Veamos apenas un testimonio indígena con ocasión de la toma de Tlatelolco (próxima a la capital Tenochtitlán, actual ciudad de México). Es simplemente para llorar:

«En los caminos yacen dardos rotos; cabelleras dispersas; casas destejadas, muros en llamas, abundan los gusanos en calles y plazas y las paredes están salpicadas de cerebros reventados; las aguas son rojas, como si las hubieran teñido; hemos masticado hierba salitrosa, pedazos de adobe, lagartijas, ratones y tierra en polvo, además de los gusanos» (León-Portilla, p. 41).

Tales tragedias nos plantean la pregunta nunca respondida satisfactoriamente: ¿Tiene sentido la historia? ¿sentido para quién? Hay todo tipo de interpretaciones, desde las más pesimistas que ven la historia como una secuencia de guerras, asesinatos y matanzas, hasta las más optimistas, como la de los iluministas que pensaban la historia como el crecimiento hacia el progreso sin fin y hacia sociedades cada vez más civilizadas.

Las dos grandes guerras mundiales, la de 1914 y la de 1939, y las que se hicieron después, matando a cerca de 200 millones de personas, han pulverizado ese optimismo. Hoy nadie nos puede decir en qué dirección caminamos: ni los sabios y santos Dalai Lama y Papa Francisco. Los eventos se suceden con toda su ambigüedad, unos esperanzadores, otros amedrentadores.

Me afilio a la tradición judeocristiana que afirma: la historia sólo puede ser pensada a partir de dos principios: el de la negación de lo negativo y el del cumplimiento de las promesas. La negación de lo negativo quiere decir que el criminal no va a triunfar sobre la víctima. El peso de lo negativo de la historia no será el sentido definitivo. Por el contrario, el Creador “enjugará toda lágrima de los ojos, la muerte ya no existirá y no habrá luto ni llanto, ni dolor, porque todo eso ya pasó” (Apocalipsis 21,4).

El principio del cumplimiento de las promesas afirma: “he aquí que renuevo todas las cosas; habrá un cielo nuevo y una tierra nueva; Dios habitará entre nosotros y todos los pueblos serán pueblos de Dios” (Apocalipsis 21, 5; 1 y 3). Es la esperanza inmortal de la tradición bíblica que no desaparecía ni cuando los judíos eran llevados a las cámaras nazis de exterminio.

Con referencia a la situación actual me remito a una frase de Walter Benjamin, citada por un estudioso suyo, Michael Löwy: «Marx había dicho que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presenten de manera completamente diferente. Es posible que las revoluciones sean, para la humanidad que viaja en ese tren, el acto de accionar los frenos de emergencia» (Walter Benjamin: aviso de incendio, Boitempo 2005, p. 93-94). Nuestro tiempo es el de echar el freno antes de que el tren reviente al final de la línea.

Ziquítaro. Fiestas Patronales 2014. Padre Manuel Vázquez Rubio. Celebración

El padre Manuel Vázquez Rubio

PADRE MANUEL VÁZQUEZ, Párroco en Zisquítaro

(Entrevista en la mañana del día 13)

Por Silviano Martínez Campos

—-Padre Manuel, a un día después de la fiesta central, de la celebración central,¿ cómo se siente usted, un poco relajado, tuvo alguna tensión especial de que alguna cosa, no dentro sino fuera del templo fuera no ser muy funcional, no salir muy bien?.

—-Creo que todo ha funcionado muy bien. La fiesta en realidad la realizan los fieles y con la participación de todos ellos, movidos por la fe, la docilidad a la fe, no hay necesidad de tener muchas complicaciones, sino una vez que se dan las  indicaciones, la gente sabe perfectamente lo que tiene qué hacer, y esto facilita todas las cosas. No hemos encontrado ningún problema, hasta el momento.Padre Sotero

—-He escuchado muchas opiniones, en el sentido de que ha habido muchos cambios: el templo más bello; obviamente ya estaba, pero usted ha contribuido mucho a embellecerlo, lo que es evidente. Pero en cuestión de la comunidad cristiana, cómo ve usted a siete años de ministerio en esta parroquia, cómo ve usted a la comunidad.

—-Bueno, yo creo que la comunidad sigue creciendo en todos los aspectosd, en lo e spiritual y en el aspecto humano. En el aspecto humano, la gente se hace cada vez más sensible a las necesidades entre los hermanos y, por lo tanto también esto se refleja en el trabajo que está haciendo en la iglesia, en la parroquia, porque la gente se esfuerza por embellecer este lugar para que tenga una mejor función. Para que por dignidad del lugar y dignidad de las personas el lugar se encuentre bello, cómodo. Y la gente se ha esforzado en este aspecto. En relación a la sociedad allá afuera, entre las familias, pues también yo veo cómo las personas han crecido en humanidad y veo el acompañamiento en todos los acontecimientos de alegría de tristeza. Y poco a poco la comunidad ya ido creciendo, creo yo, en este aspecto, fraternal.En la celebración, padre Sotero

—-Alguien me comentaba que los asistentes a esta fiesta, particularmente a los eventos como serenatas, jaripeos,  y todo,la mayor parte son foráneos, no sólo del municipio, sino de Estados Unidos, visitantes. Una vez que se van ¿sigue Ziquítaro igual como antes, o hay algún cambio?. En el aspecto humano, en el aspecto de fe, en el aspecto de relaciones humanas de la población.

—-Sí, sigue la comunidad igual, con un poco menos de presencia, de gente, porque ahora vienen bastantes fieles a las celebraciones, vemos bastante gente en las calles. Un  poco menos de gente, pero la comunidad sigue, su camino de fe, su camino de trabajo. Yo lo veo esto reflejado los domingos principalmente, que hay asistencia bastante en las celebraciones de las Eucaristía y en el movimiento fuera de la iglesia, en el pueblo, sigo viendo cómo la gente se esfuerza en ir a trabajar, los que van fuera de la comunidad y regresan el mismo día. Creo que la comunidad no se detiene ya, sigue su curso, sigue su camino.

—-Obviamente (esta pregunta tiene relación con los cambios muy probablemente fundamentales que están sucediendo en la Iglesia Católica). Cómo percibe usted estas cosas, aparentemente novedosas, del cambio en el Papado, con el nuevo Papa Francisco.

—-Yo las percibo, desde el  punto de vista espiritual, en la dimensión sacerdotal, pues como una bendición de Dios, elige a aquellos que desde la parte humana, pueden llamarnos la atención, pueden recordarnos que en el principio las cosas en relación a la vida sacerdotal y al servicio como apóstoles, no deben de ser muy complicadas, tienen qué ser sencillas. De  pronto, sentimos así un poco, como extraña, lo que el Papa nos invita a vivir y hacer como renovación.En la celebración, segunda lectura

Sin embargo creo que es lo más natural de la forma cómo ha de vivir la Iglesia. Lo vemos extraño porque nos hemos acostumbrado a lo largo de los siglos y también creo yo que la gente, al paso de los días, en nuestros lugares, nos va haciendo sentir en un lugar más particular, más alto y lejano al mismo tiempo. La gente misma contribuye a reconocer en el sacerdocio un don particular, pero este don no es para alejarnos de ellos, sino para acercarnos. No es para sentirnos más importantes, sino para ser más humildes y serviciales.

—-El padre Sotero (Sotero Fernández), que estuvo aquí en los años cincuenta, y lo reitera, ha dicho en varias ocasiones que (lo he entendido en referencia a usted), que usted ha venido a dar, a regalar, no a quitar. Cuál cree usted que en estos siete años ha sido su aportación como párroco a esta comunidad católica.Segunda lectura, en la celebración

—-Yo creo que principalmente la aportación es la propia de mi misión: ser pastor. En la línea de servicio, en la línea de atención, en la línea sacramental, en la línea de atención a las personas que buscan a Dios y buscar conjuntamente con ellos el camino que los haga llegar a su objetivo principal, que es la gracia de Dios. Por ese  lado: y la otra aportación que yo creo, es a lo mejor dedicarme con más enfoque, con más tiempo, a mejorar un poco el aspecto, por lo menos esta  parte, en torno al templo, el atrio, las calles enfrente de la parroquia y trabajar un poco por embellecerla.En la celebración

—-Una pregunta un  poco especulativa. La comunidad siempre se encariña con los presbíteros, con sus párrocos y pues el párroco, cuando se va, deja mucho. La comunidad considera que es una relación bonita, bella. Qué dejaría usted en la eventualidad que un día, cercano, lejano, le dieran otra función en otra parroquia, en otro ministerio.Primera lectura. Lupita

—-A mi me gustaría dejar bases dentro de la comunidad, en  primer lugar la gente entienda que los sacerdotes tenemos una misión y tenemos qué ir allá donde el obispo nos indique. Porque nosotros reconocemos en el obispo la presencia de Cristo y finalmente, entendemos las cosas así:  donde Dios me llama a servir. Ahora estoy aquí, después, estaré en otro lugar. Que la gente entienda que como sacerdotes no podemos quedarnos para siempre en un lugar, no podemos ser exclusivos, somos para el servicio de todos en todos los pueblos. Y el otro aspecto sería también dejarles en el corazón a las gentes el cariño que yo siento a esta comunidad. Al paso de los tiempos humanamente se encariña, quiere a la gente, se enseña uno a amar al pueblo y bueno, que ello sepan que yo también el tiempo que he estado aquí, me hace sentir, me han hecho sentir en paz, tranquilo, me han hecho sentir felicidad y, sobre todo, me han hecho sentir parte de su familia.En la celebración, Lupita Salgado

—-Sobre todo porque es su primera parroquia.

—-Sobre todo porque es la  primera parroquia. Y como dicen muchos, es el primer amor, le llaman. Entonces, sí se encariña uno demasiado.

—-¿A pesar de que Ziquítaro haya sido tan conflictivo, según la consideración general?.

—Yo creo que todos los pueblos tienen conflictos. Y los sacerdotes debemos tener claridad de que donde quiera que vayamos, habrá personas a favor nuestro y en contra. Lo vemos en la Sagrada Escritura con Jesucristo: tenía gente que lo seguía, que lo admiraba, que lo escuchaba; pero también había mucha gente que no estaba con él, que lo asediaban y no aceptaban su palabra. Yo creo que esta es la misión y así será en todoslos lugares.Primera lectura

—–Nos extendimos, padre, sin ninguna formalidad. Tengo entendido que usted padre Manuel, ahora es responsable de dos parroquias, sería la de Acuitzeramo y la de Ziquítaro, o la de Ziquítaro y la de Acuitzeramo. ¿Esa es una innovación?.

—-Sí, es una innovación que en estos últimos años el señor obispo ha realizado, nos ha pedido que le ayudemos con doble parroquia ya que por  una parte hay carencia sacerdotal y por otro lado, también el señor obispo desea que las parroquias tengan una extensión territorial un poco más amplia, aunque esto dificulta y aumenta mucho el trabajo, pero sí es una innovación.Jóvenes cantores de Purépero, Karen y Oswaldo

Me ha tocado ser el primero en iniciar con dos parroquias y ahora ya  hay dos o tres sacerdotes que tienen doble parroquia.

—¿No sería una dispersión de esfuerzos?.

—-Probablemente sienta uno al inicio como una dispersión de esfuerzos, pero ya experiencia ya en el camino, por un lado nos enseña a planear mejor, a comprometernos más, a tener menos tiempo para nosotros mismos, pero lo hacemos con gusto.En la celebración, fieles

—Bueno Acuitzeramo y Ziquítaro son vecinos, podría decirse que más que vecinos, hermanos: comparten la misma región, la misma mentalidad, una región de migrantes, etcétera. ¿Eso facilitaría su brabajo?.

—-Desde luego que sí.- Esto facilita mucho el trabajo, no es una comunidad muy lejana y, por otro lado, como lo acaba de decir, la experiencia del pueblo, la cultura, las vivencia, las necesidades, son similares entre Ziquítaro y Acuitzeramo.

Párroco Manuel Vázquez Rubio

En la celebración, fielesEn la celebración, los fielesConcelebrantesEl templo, antes de la misa concelebradaLa plaza, 1La plaza, 2La Plaza, 3La Plaza, 4La Plaza, 5Banda de Santa Fe, en el kiosko, 1Banda de Santa Fe, en el kiosko, 2Banda de Santa Fe, en el kiosko, 3El cancel del templo, vista hacia la plaza

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Durante la solemne celebración en Ziquítaro

Martínez Campos, 15/I/014

GUIA

Silviano Martínez Campos

ZIQUÍTARO, municipio de Penjamillo, enero 2014. La comunidad parroquial celebró con devoción y alegría su fiesta patronal en honor a la Virgen de Guadalupe, recibiendo con gusto a cientos de migrantes y sus familias radicados en los Estados Unidos, pero además abriéndose a muchos visitantes de comunidades cercanas, que aprecian esta fiesta como una de las más interesantes de la región.Fieles,1

El acto religioso central el día 12, estuvo presidido por el arzobispo emérito de Chihuahua, monseñor José Fernández Arteaga, oriundo de Santa Inés, municipio de Tocumbo, aquí en Michoacán, quien durante la misa, administró a menores los sacramentos del bautismo, la confirmación y la primera comunión.

El arzobispo, quien fuera también obispo en Apatzingán, Colima, y coadjutor en Chihuahua, exhortó a los menores a comenzar a vivir su fe, y a padrinos, padres y fieles, a que acompañen a los pequeños en la vivencia del Evangelio, que se lleve a la práctica de la vida diaria.Fieles, 2

Los festejos comenzaron una semana antes, con peregrinaciones a los distintos barrios, donde la imagen de La Guadalupana permanecía una noche para presidir rezos y cantos de los fieles, y regresarla  a su templo en la víspera de la fiesta, expuesta para su veneración a cientos de fieles durante el festejo central.

Días antes comenzaron a llegar los paisanos  para unirse a los cerca de dos mil residentes aquí, en los diversos actos festivos, desde peregrinaciones con cohetes y música en los barrios, hasta jaripeos, las misas y la grandiosa serenata en torno al bello jardín, donde lucieron sus mejores galas muchachas, muchachos, niños y adultos.

Fieles, 3

MUCHA MÚSICA, QUE NI QUÉ

Conjuntos musicales contratados por barrios, algunos espontáneos buscando agenciarse algunos pesos; pero sobre todo bandas de música profesionales, como la de Santa Fe del Río, que se vio en el kiosko por la mañana del doce y, la también muy versátil banda de San Angel Surumuapio, que interpretó música del gusto de todos frente al templo, por la tarde dio un concierto a la Guadalupana, frente a su trono, le tocó las golondrinas y, por la noche, el mencionado conjunto amenizó el baile popular dentro de los festejos, e hizo bailar al son o al ritmo que les tocaba, a cientos de jóvenes y adultos que vibraban lo mismo con una pieza ranchera, un ritmo de los nuevos, o algo romántico para las parejitas.Fieles, 4

Durante los ritos sacramentales, el arzobispo Fernández Arteaga empezó con expresiones festivas frente a los niños, a quienes les dijo que llegaban catrines, vestidos con su vestido de fiesta, e iban todos a completar su iniciación cristiana. Porque, les indicó, el bautismo, la confirmación y la comunión son los fundamentos de la vida cristiana.Fieles, 5

Esto, agregó, para ser plenamente cristianos y poder ellos no solamente recibir, sino colaborar, ayudar a evangelizar a los demás. Y debemos recibir a Dios con un corazón limpio, les dijo, pero  no solamente los pequeños, sino todos, incluidos padrinos, padres y fieles. Y los que se van a confesar, todos, vamos a juzgarnos pecadores y pedir perdón, expresó. Se rezó el Yo Pecador, y siguió una explicación para todos, del significado de dichos sacramentos.Fieles, 6

QUE TODOS CATEQUICEN

Así, dijo el arzobispo, seguramente María ha seguido cumpliendo el oficio que Dios le dio, todos los obispos hemos dicho que ella es la catequista de México, la catequista de América. De alguna forma ella interviene, se hace presente con la señorita catequista, con el catequista, con los demás, para que también ellos como Juan Diego, enseñen quién es Dios.

Los niños ya lo saben, y nosotros también,  pero de alguna forma vamos a renovar la fe  al participar, porque no solamente estamos asistiendo, no  a una comedia, no a un drama, sino estamos participando en la celebración del sacramento de la eucaristía, el sacramento del bautismo y el sacramento de la confirmación.Fieles, 7

Al principio de la misa, el párroco Manuel Vásquez  Rubio presentó a los fieles asistentes,  al arzobispo Fernández Arteaga, y a los presbíteros co-oficiantes, Martín García, párroco en Chirintzio, Jesús Valencia, párroco en  Penjamillo, y Sotero Fernández, quien fue vicario en Penjamillo en los cincuenta.

El párroco de Ziquítaro agradeció la cooperación de los residentes en los Estados Unidos, a los residentes aquí, porque precisó, “ustedes son los que hacen la fiesta en estas festividades a la Virgen María”.Fieles, 8

Aun cuando el día 13 habría jaripeo y baile por pago de boleto en la noche, la fiesta patronal prácticamente terminó luego de las espléndida serenata, y luego del bello castillo elaborado por artesanos de Jacona, dirigidos por los expertos: la pareja conformada por Serafín y Gracia y sus hijos.

ZIQUÍTARO SIGUE SU MARCHA

Luego del día 12, empezaron a retirarse poco a poco los paisanos que convivieron con familiares y ziquitarenses durante estos días de fiesta. Al ser abordado, en entrevista que manejo aparte, el párroco Manuel Vázquez afirmó que sin los visitantes, la comunidad sigue su ritmo.

“ Con un poco menos de presencia, de gente, porque ahora vienen bastantes fieles a las celebraciones, vemos bastante gente en las calles. Un  poco menos de gente, pero la comunidad sigue, su camino de fe, su camino de trabajo”.Fieles, 9

“Yo lo veo esto reflejado los domingos principalmente, que hay asistencia bastante en las celebraciones de las Eucaristía y en el movimiento fuera de la iglesia, en el pueblo, sigo viendo cómo la gente se esfuerza en ir a trabajar, los que van fuera de la comunidad y regresan el mismo día. Creo que la comunidad no se detiene ya, sigue su curso, sigue su camino”, expresó el párroco en Ziquítaro, desde hace siete años.

El padre Sotero, vicario en Penjamillo harás 58 años, había hecho referencia a los tiempos críticos de entonces, como cuando se puso la  primera piedra del ahora bello templo. Cierto, en todo, desde aquellos lejanos tiempos, todo ha cambiado, y para bien. Se notó durante esta muy tranquila celebración de la fiesta patronal.Fieles, 10

También quien escribe, que fue maestro improvisado aquí, cuando joven, aquellos tiempos, se atreve a decir, en una nota periodística, que sí, algo, o más bien mucho, aquí ha cambiado. Lo expresaron los fieles con su presencia en el templo lleno, lo expresaron los cientos de jóvenes luciendo sus galas durante la serenata y lo expresó la magnífica banda de San Angel Surumucapio, haciendo bailar al son que les tocaba, a los entusiasmados jóvenes, muchos de ellos campesinos, se notaba, lo que entonces, en aquellos tiempos,  con toda franqueza, no era posible.Fieles, 11

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En la celebración, confirmaciones, bautizos y primeras comunionesArzobispo JoséArzobispo José y padre ManuelConcelebrantes, arzobispo y párrocoArzobispo José Fernández, instruye a niños y adultosEl arzobispo emérito de Chihuahua, durante la celebración en ZiquítaroDurante la solemne celebración en ZiquítaroPárroco Manuel Vázquez Rubio. En primer término, una niña de primera comuniónEl párroco en Ziquítaro, explica durante la celebración

MOSAICO, 16-I-014

Fiesta, 38. Percusiones, en la banda de San Angel Surumucapio

(Fotos de Silviano Martínez Campos)

Martínez Campos, 16/I/914

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 16 de Mayo.-  AUN CUANDO EL conflicto forme parte de la vida, uno desearía que cuando se presenta, su desenlace llegue mediante la razón y el entendimiento, antes que por la fuerza y menos por las armas. Y aun cuando ni su entendimiento ni menos su solución sea simple, según se plantea, tampoco es imposible entenderlo. En el fondo, también se ha dicho, puede entenderse que lo genera un mundo de competencia y no de solidaridad y de acuerdo, y menos el ejercicio de esos altos valores llamados compasión y generosidad. Y eso, en grande, y en pequeño. Se hace lo que se puede, en el momento.Fiesta, 39 A lo grande, luego de que los esquemas viejos parecen ya no funcionar, ni en el entendimiento ni en la práctica, el mundo de los políticos en los altos niveles, lo vemos en las noticias, se muestra visiblemente preocupado y sus personeros van y vienen, para tapar los baches (o barrancos) que otras generaciones abrieron. Y está bien, tarde o temprano aceptaremos que la salida realmente humana es la unificación humana, de momento con la ONU (Naciones Unidas) como instrumento ineludible para hacer la transición hacia la civilización planetaria, aun cuando esto hoy por hoy, por utópico, suene rimbombante.Fiesta, 40. Banda San Angel ejecuta música frente al templo Desde luego, los pueblos, las comunidades en la redondez de la Tierra, también se mueven para llenar los vacíos que deje la política incompetente o inconsciente.  Y EN LO pequeño, ¡Cuánto desencuentro, cuánto desconcierto y cuánto sufrimiento!, cuando el conflicto no resuelto (choque de intereses) se apodera de una región, o de una comunidad. Lo estamos sintiendo en Michoacán, particularmente, en sus zonas críticas, un fenómeno con repercusiones nacionales y centro también de atención en otras latitudes. Abundan análisis, enfoque de analistas autorizados por su competencia o por su conocimiento de causa, o de causas.Fiesta, 12 Banda de Santa Fe, en el kiosco, durante la mañanaEn todo caso, para el común de las personas, es también obligación informarnos. Y bien podemos aprender a buscar, para conformar nuestro criterio. De lo contrario, caeremos en opiniones más bien emotivas y sumamente parciales, o acaso partidarias. Al respecto, me parece una opinión informada y crítica, la expresada por el colega Carlos, que comienza: “Michoacán no está en guerra y la violencia no es nueva” “ , la encuentra en la siguiente dirección electrónica: https://www.facebook.com/carlosluis.wagnerecheagaray . EN ZIQUÍTARO, AL ver y sentir vibrar a todo un pueblito (y sus visitantes) al ritmo al que lo llevaban los ritmos, sones, piezas, canciones, las magníficas interpretaciones de una banda de música tradicional de San Angel Sorumucapio, durante el baile popular de la fiesta patronal, sentí, percibí la paz de fondo, la que da el sentirse parte, y sintonizar en armonía consigo mismo.Fiesta, 11. Gabrielita y Miry Atrás quedaron aquellos tiempos del desencuentro, la cruza contaminada de rencores entre apellidos. Las nostalgias por supuestos paraísos perdidos, las remembranzas de tiempos mejores. Lo que, en mi caso, se expresaba desde un enfoque retórico, pero desde la emoción juvenil, en el artículo que escribí durante mi paso efímero por un diario de la ciudad de México, antes de mi comienzo del periodismo profesional 8 años después. De esto, hace 57 (cincuenta y siete años). http://eltaller.us.es/index.php/HISTORIA_DEL_PUEBLO_OLVIDADO .

Fiestas, 8, fantasía de nubes, durante la tardeDESDE LUEGO, LA paz de fondo, la convivencia civilizada, no se da sin esfuerzos y sin el afianzarse en los altos valores morales que hemos heredado. Y esto, también a lo grande y a lo pequeño. Por eso los líderes políticos buscan la cercanía con los líderes morales, lo que no significa que las políticas pacificadoras sean declaradas abiertamente confesionales. Desde el enfoque del creyente, particularmente cristiano, sólo la paz de Dios hace, a fondo, habitables nuestras comunidades y nuestro entorno, desde el regional, los pueblos, un  país y el mundo. Esa paz, vista desde nuestra humana perspectiva, no es otra cosa que, en nuestro entorno, los conflictos inevitables se resuelvan en justicia, respeto mutuo y compasión activa o sea el amor a todo viviente, comenzando por el ser humano desvalido, es decir, el menesteroso.Fiesta, 1, el castillo Y ejerciendo la justicia mediante programas adecuados, todo alejado de la dominación, los caciquismos y el privilegio para personas y grupos, estamos en el camino, y así se desarman las furias. En casos, nuestra historia nos dice lo contrario. Para qué nos hacemos. Quien hace la justicia en las comunidades, regiones o el mundo, ya está en el camino, aunque ni siquiera mencione a  Dios ni se dé, como se decía, tantos golpes (contricionales) de pecho.Fiesta, 9, Miry, Martín, Amadito, Chel, frente al templo www.miregionmichoacana.wordpress.com; www.mitierramaravillosa.wordpress.com ).

Fiesta, 4. La serenata, en familiaFiesta, 2. Tere y MartínFiesta, 6, a la hora del baile, Miry, Chel

Ziquítaro. Fiesta patronal 2014

Fiesta, 33. Arzobispo José, y párroco Manuel

(Fotos de Silviano. Donde aparece él, de Miry)

Martínez Campos, 15/I/014

GUIA

Silviano Martínez Campos

ZIQUÍTARO, municipio de Penjamillo, enero 2014. La comunidad parroquial celebró con devoción y alegría su fiesta patronal en honor a la Virgen de Guadalupe, recibiendo con gusto a cientos de migrantes y sus familias radicados en los Estados Unidos, pero además abriéndose a muchos visitantes de comunidades cercanas, que aprecian esta fiesta como una de las más interesantes de la región.Fiesta, 20, fieles

El acto religioso central el día 12, estuvo presidido por el arzobispo emérito de Chihuahua, monseñor José Fernández Arteaga, oriundo de Santa Inés, municipio de Tocumbo, aquí en Michoacán, quien durante la misa, administró a menores los sacramentos del bautismo, la confirmación y la primera comunión.

El arzobispo, quien fuera también obispo en Apatzingán, en Colima, y coadjutor en Chihuahua, exhortó a los menores a comenzar a vivir su fe, y a padrinos, padres y fieles, a que acompañen a los pequeños en la vivencia del Evangelio, que se lleve a la práctica de la vida diaria.

Los festejos comenzaron una semana antes, con peregrinaciones a los distintos barrios, donde la imagen de La Guadalupana permanecía una noche para presidir rezos y cantos de los fieles, y regresarla  a su templo en la víspera de la fiesta, expuesta para su veneración a cientos de fieles durante el festejo central.

Días antes comenzaron a llegar los paisanos  para unirse a los cerca de dos mil residentes aquí, en los diversos actos festivos, desde peregrinaciones con cohetes y música en los barrios, hasta jaripeos, las misas y la grandiosa serenata en torno al bello jardín, donde lucieron sus mejores galas muchachas, muchachos, niños y adultos.Fiesta, 32. Padre Sotero Fernández, vicario en los cincuenta

MUCHA MÚSICA, QUE NI QUÉ

Conjuntos musicales contratados por barrios, algunos espontáneos buscando agenciarse algunos pesos; pero sobre todo bandas de música profesionales, como la de Santa Fe del Río, que se vio en el kiosko por la mañana del doce y, la también muy versátil banda de San Angel Surumuapio, que interpretó música del gusto de todos frente al templo, por la tarde dio un concierto a la Guadalupana, frente a su trono, le tocó las golondrinas y, por la noche, el mencionado conjunto amenizó el baile popular dentro de los festejos, e hizo bailar al son o al ritmo que les tocaba, a cientos de jóvenes y adultos que vibraban lo mismo con una pieza ranchera, un ritmo de los nuevos, o algo romántico para las parejitas.Fiesta, 13, fieles en el templo

Durante los ritos sacramentales, el arzobispo Fernández Arteaga empezó con expresiones festivas frente a los niños, a quienes les dijo que llegaban catrines, vestidos con su vestido de fiesta, e iban todos a completar su iniciación cristiana. Porque, les indicó, el bautismo, la confirmación y la comunión son los fundamentos de la vida cristiana.

Esto, agregó, para ser plenamente cristianos y poder ellos no solamente recibir, sino colaborar, ayudar a evangelizar a los demás. Y debemos recibir a Dios con un corazón limpio, les dijo, pero  no solamente los pequeños, sino todos, incluidos padrinos, padres y fieles. Y los que se van a confesar, todos, vamos a juzgarnos pecadores y pedir perdón, expresó. Se rezó el Yo Pecador, y siguió una explicación para todos, del significado de dichos sacramentos.Fiesta, 15. El arzobispo José Fernández A. y el párroco Manuel Vázquez R.

QUE TODOS CATEQUICEN

Así, dijo el arzobispo, seguramente María ha seguido cumpliendo el oficio que Dios le dio, todos los obispos hemos dicho que ella es la catequista de México, la catequista de América. De alguna forma ella interviene, se hace presente con la señorita catequista, con el catequista, con los demás, para que también ellos como Juan Diego, enseñen quién es Dios.Fiesta, 17, administración de sacramentos

Los niños ya lo saben, y nosotros también,  pero de alguna forma vamos a renovar la fe  al participar, porque no solamente estamos asistiendo, no  a una comedia, no a un drama, sino estamos participando en la celebración del sacramento de la eucaristía, el sacramento del bautismo y el sacramento de la confirmación.

Al principio de la misa, el párroco Manuel Vásquez  Rubio presentó a los fieles asistentes,  al arzobispo Fernández Arteaga, y a los presbíteros co-oficiantes, Martín García, párroco en Chirintzio, Jesús Valencia, párroco en  Penjamillo, y Sotero Fernández, quien fue vicario en Penjamillo en los cincuenta.Fiesta, 18, el bautizo

El párroco de Ziquítaro agradeció la cooperación de los residentes en los Estados Unidos, a los residentes aquí, porque precisó, “ustedes son los que hacen la fiesta en estas festividades a la Virgen María”.

Aun cuando el día 13 habría jaripeo y baile por pago de boleto en la noche, la fiesta patronal prácticamente terminó luego de las espléndida serenata, y luego del bello castillo elaborado por artesanos de Jacona, dirigidos por los expertos: la pareja conformada por Serafín y Gracia y sus hijos.Fiesta, 23. Padre Manuel. Niña de primera comunión

ZIQUÍTARO SIGUE SU MARCHA

Luego del día 12, empezaron a retirarse poco a poco los paisanos que convivieron con familiares y ziquitarenses durante estos días de fiesta. Al ser abordado, en entrevista que manejo aparte, el párroco Manuel Vázquez afirmó que sin los visitantes, la comunidad sigue su ritmo.

“ Con un poco menos de presencia, de gente, porque ahora vienen bastantes fieles a las celebraciones, vemos bastante gente en las calles. Un  poco menos de gente, pero la comunidad sigue, su camino de fe, su camino de trabajo”.Fiesta, 24. Padre Sotero Fernández

“Yo lo veo esto reflejado los domingos principalmente, que hay asistencia bastante en las celebraciones de las Eucaristía y en el movimiento fuera de la iglesia, en el pueblo, sigo viendo cómo la gente se esfuerza en ir a trabajar, los que van fuera de la comunidad y regresan el mismo día. Creo que la comunidad no se detiene ya, sigue su curso, sigue su camino”, expresó el párroco en Ziquítaro, desde hace siete años.

El padre Sotero, vicario en Penjamillo harás 58 años, había hecho referencia a los tiempos críticos de entonces, como cuando se puso la  primera piedra del ahora bello templo. Cierto, en todo, desde aquellos lejanos tiempos, todo ha cambiado, y para bien. Se notó durante esta muy tranquila celebración de la fiesta patronal.Fiesta, 27. La primera lectura

También quien escribe, que fue maestro improvisado aquí, cuando joven, aquellos tiempos, se atreve a decir, en una nota periodística, que sí, algo, o más bien mucho, aquí ha cambiado. Lo expresaron los fieles con su presencia en el templo lleno, lo expresaron los cientos de jóvenes luciendo sus galas durante la serenata y lo expresó la magnífica banda de San Angel Surumucapio, haciendo bailar al son que les tocaba, a los entusiasmados jóvenes, muchos de ellos campesinos, se notaba, lo que entonces, en aquellos tiempos,  con toda franqueza, no era posible. Fiesta, 26(www.miregionmichoacana.wordpress.com )

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Fiesta patronal 2013

http://ziquitaromipueblito.wordpress.com/category/nosotros/ziquitaro-sus-fiestas-patronales/ziquitaro-fiesta-paronal-2013/

Fiesta patronal 2012. Los barrios

http://ziquitaromipueblito.wordpress.com/2012/02/12/ziquitaro-fiesta-patronal-2012-los-barrios/

Fiesta, 1, el castilloFiesta, 2. Tere y MartínFiesta, 3, las canastas de luzFiesta, 4. La serenata, en familiaFiesta, 6, a la hora del baile, Miry, ChelFiesta, 7. Banda de San Angel Surumucapio, despidiéndose de la VirgenFiestas, 8, fantasía de nubes, durante la tardeFiesta, 9, Miry, Martín, Amadito, Chel, frente al temploFiesta, 10, Gabrielita y Silviano, foto de MiryFiesta, 11. Gabrielita y MiryFiesta, 12 Banda de Santa Fe, en el kiosco, durante la mañanaFiesta, 29. Karen y OswaldoFiesta, 35. Antes de la celebración(

Fiesta, 40. Banda San Angel ejecuta música frente al templo

Un agradable encuentro, en La Piedad

Un encuentro agradable, en La Piedad. Allí estaban, en un paréntesis durante su recorrido por el centro de la ciudad, junto a la fuente cercana al templo de El Señor de La Piedad, cerca del monumento a quien fuera párroco de este santuario y posteriormente arzobispo de Morelia, monseñor Estanislao Alcaraz Figueroa.???????????????????????? Eran Guadalupe,  Ma. de la Luz y Bertha Campos Aguiñiga. Las acompañaban Carmen Gómez Campos, hija de Socorro Campos Aguiñiga, y del amigo José Gómez Nares, ambos ya finados; además de la jovencita Adriana Maya. Bella, linda, devota familia. Recuerdo cuando Lucita visitó, en una muestra de atención y amistad, al entonces seminarista que estaba de vacaciones. Y recuerdo a doña Esperanza Campos Aguiñiga, que en  paz descansa, quien fuera catequista de quien esto escribe. Don Onofre Campos y doña Ma. Trinidad Aguiñiga, eran los patriarcas de tan amable familia, integrada, además, por Eliseo,, Isaías y José. Honor al parentesco, claro, pero también a la amistad y a la finura en el trato que nace del genuino espíritu cristiano y del espíritu de fraternidad asumido desde la fe y fortalecido en estos y en muchos otros casos, por la sencilla vida campesina, a pesar de sus afanes diarios en la lucha por la vida.(Silviano Martínez Campos)DSCN2181????????????????????????DSCN2229????????????????????????????????????????????????????????????????????????

 

 

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CONTINÚA EL AGRADABLE ENCUENTRO EN LA PIEDAD, ahora en agosto de este mismo año 2014,  y

en esta ocasión aparecen en las fotos, también de Silviano Martínez Campos,  Lucita, Lupe y Bertha Campos Aguiñiga, acompañadas por Carmen Gómez Campos, Omar Arturo Rangel Gómez,Miguel Gómez Castillo, y Magui Guízar García.

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MI CAMINAR. Silviano Martínez Campos

MI CAMINAR. Silviano Martínez Campos

Posted on January 6, 2014 by silvianomartinez | Edit

Martínez Campos, 5/XI/06; 19/I/07

Mi Ziquítaro

MI CAMINAR

SILVIANO MARTINEZ CAMPOS

(Ziquítaro, Mich., México, 5 de Enero de 1935)

I.-  EL PASO POR LA ESCUELA

1944-1945   Primeros años de enseñanza, en la Escuela Primaria Rural Federal  “General Lázaro Cárdenas”, en Ziquítaro, Mich.

1946-1947 Tercero y cuarto años de primaria, en el Colegio Vasco de Quiroga, Penjamillo, Mich.

1948-1949 Quinto y sexto años de primaria en la Escuela Apostólica, de la Arquidiócesis de Puebla, en la ciudad de Puebla, Pue.

1950-1951  Primero y segundo años de “Latín” (humanidades), Seminario Conciliar Palafoxino en su casa de seminario menor en San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala.

1952-1953  Tercero y cuarto años de “Latín” (humanidades), en el   Seminario Conciliar Palafoxiano, en su casa de seminario menor en Puebla, Pue.

1963-1967     Estudios de periodismo, en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García, ciudad de México.

1977-1978   Dos cursos intensivos (una introducción al estudio de La                      Biblia), equivalentes a dos años de estudio,    denominados                       Seminario Bíblico, en el Instituto “Sedes Sapientiae” de la                       Arquidiócesis de México, ciudad de México.

1954           Curso introductorio, de un año, al idioma francés, en la                                   Alianza Francesa, ciudad de México.

1967-68   Curso introductorio, de año y medio, al idioma                       inglés, en el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones            Culturales, ciudad de México.

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II.- CAMINAR EN EL PERIODISMO   

 

1957   Paso efímero de 3 meses, por el Diario Zócalo, ciudad de México. Trabajos de reporteo en área cultural. Artículos.

1965-1967    Agencia Mexicana de Servicios Informativos (AMSI), reporteo.

1967               Breve temporada en el diario El Universal, ciudad de México, reporteo.

1967-1989  Diario Ovaciones, ciudad de México. Reporteo, mesa de redaccón.

1968                         Diario La Prensa, trabajo en mesa de redacción.(Actividad paralela a la de Ovaciones)

1969-1971  Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), Chapingo, México, edición de material impreso. (Actividad paralela a la de Ovaciones)

1971-1972  Instituto Mexicano del Seguro Social, Orientación y Quejas, trabajos de redacción. (Actividad paralela a la de Ovaciones)

1971-1973  Revista Comunicación del Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), ciudad de México. Artículos. (Actividad paralela a la de Ovaciones).

1989-1993  Diario La Voz de Michoacán, ciudad de Morelia, Mich., corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo, columna.

1994-1995  Diario Cambio de Michoacán, ciudad de Morelia, Mich., corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo.

1993-1996  Semanario Etcétera, La Piedad, Mich, colaborador. Reporteo, artículos, columna.

1994-2001  Semanario Por qué? de Michoacán, colaborador .Reporteo, columna.

1998-2000   Diario El Financiero, ciudad de México, corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo.

1993 a  la fecha, Semanario Guia, de Zamora, Mich, corresponsal en La Piedad, Mich. Reporteo, columna, trabajos literarios.

2006 hasta este día, página web MI ZIQUITARO, impulsor, colaborador.

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III.- OTRAS VEREDAS

1954           Banco Nacional de México, casa matriz, ciudad de México, trabajo de intendencia, mozo.

1955-1956 Una escuelita, de iniciativa propia,  en Ziquítaro, Mich.

1956-1962 (por temporadas) Obrero en la Aceitera Ejidal, Mexicali, Baja California. Esporádicamente, también, algunos turnos en la Despepitadora Ejidal, en las inmediaciones de Mexicali

1958-1959, trabajos del campo en el Sur de California, USA

1957-1961, Trabajos esporádicos en el campo, en el Valle de Mexicali, y en Ejido Eréndira, B.C.

1962   (Una temporada ,auxiliar de maestro en la Escuela Primaria Federal “Lázaro Cárdenas”, Ziquítaro, Mich.

1962 -1965  Almacenista de herramientas en la Fábrica de Dulces Bremen, ciudad de México.

1975   Clases en la Escuela de Periodismo “Carlos Septién García”, ciudad de México.

Década de los noventa, clases en la Academia Comercial México, La Piedad, Mich.

1999—2000; y 2002—2003, Consejero Electoral del Instituto Federal Electoral (IFE), Distrito 01 con cabecera en La Piedad, Mich.

2007.- Consejero Electoral en el Instituto Elecrtoral de Michoacán, en el distrito con cabecera en La Piedad.

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Barrios de Ziquítaro en temporada seca, en los setenta.Entonces poco poblado, se nota el  Cerrito de la Santa Cruz y El Consejo, ahora barrios. Foto de Silviano

(Ziquítaro en 1972. Foto de Silviano Martínez Campos)

Nota: A la siguiente sección de MI CAMINAR, le he puesto una barrera, una tercia de paréntesis. No es que esté prohibido el paso. Lo que pasa es que es provocativa, pro-voca, o sea que llama, invita, a ver la otra cara de la Luna, la otra cara de la moneda, la otra faz, pues, de quien escribe. Lo invito, la invito,  a que traspase la barrera y me haga el gran honor de leerme.

El templo

((( IV.- EN LA ESCUELA DE LA VIDA

 

En realidad, luego de MI CAMINAR, allá arriba, debí agregarle: A TROPEZONES, pero se hubiera embrollado la cosa. Mejor me reservo la apostilla, el agregado, para esta sección, con la advertencia de que es sólo un esbozo, una aproximación, porque desde luego quedan pendientes aspectos, muchos subjetivos, incluidas también las metidas de pata en baches, hoyos y a veces hasta barrancos, del caminar. Pero esos detallitos los reservo, si acaso, para el juicio final. De momento van, mi paciente y entretenido lector, lectora, unas pinceladas por si acaso le sirvan para situar sobre todo mis trabajos de fantasía, que yo he llamado, creo que con toda propiedad, literarios y, desde luego, si he de tener el honor de que los  visite.

¿Consideraría usted relevante, importante, en mi autoconsideración tan alrevesada, tan rimbombantemente llamada biografía, pero que viéndolo bien conforme a lo que significa el término, en buena parte lo es, consideraría importante, digo,  que comenzara mi caminar platicando un poco sobre mis primeras andanzas de vaquerillo, cuidando las vacas de papá Chon?.En El Guayabo

Creo que no, ni yo tampoco. Sin embargo, creo pertinente hacerlo, por lo que le voy a contar. Esas correrías, además de ser los primeros pasos en la exploración de mi tierra, fueron el principio para mis investigaciones sobre la Tierra en cuestiones  de geología, orografía, hidrografía, botánica y zoología. Desde luego también, y no al último, en relaciones humanas.

Estas pretensiones de hombre universal, requieren desde luego su explicación, porque lo primero que pudiera pensar usted, es que había en aquellos primeros pininos (pinitos) en el camino de la vida, una gran tendencia a la megalomanía, al delirio de grandeza. Y tendría usted razón, y así lo considero yo también: la había.

Lo que sucede, es que en mi niñez la ciencia  —mi conocer—, estaba integrada y me falta,  a ese propósito, la astronomía, motivo para mí  de tantos pesares; pero considero más bien oportuno, por la misma razón, dejarla para un análisis posterior.

Debo estar obligado, por mi método de exposición, o sea de prioridad, o sea porque enumeré, mencioné en primer lugar la geología, de referirme desde luego a ella. Lo que tal vez a usted desconcierte, sea el método para explorarla y la herramienta utilizada

Porque no creo sea muy ortodoxo, no muy apegado a las prácticas comunes, inspeccionar un paredón, de sentaderas, ni mucho menos con pantalón nuevo de mezclilla, resultado de lo cual podría poner en aprietos a la economía familiar y dar más trabajo a la sobrecargada del mismo, mamá Benita.

No es pues muy adecuado explorar las diversas capas de la tierra ni sentado, ni mucho menos de sentaderas, posaderas o cualquiera otra denominación que se quiera considerar para esa parte del cuerpo de la anatomía infantil. Hubiera estado mejor contentarse con observar los paredones en sus cortes transversales, con sus capas sobrepuestas de tierras, de sales, de piedritas, expuestas por el arroyo para la admiración infantil y en algunas barranquillas, para nidales del desaparecido cuiname.

O contentarse con admirarse por los yacimientos de tizate, las formas que tomaba el tepetate antes de convertirse en piso, o en enjarre de la vivienda rústica; explorar las concavidades de la cueva en la mina de arena; recorrer cual chiva los peñascales formados por lo siglos en la barranca o percibir la diferencia y hurgar en el porqué de la tierra blanca, la tierra negra, la tierra roja. Y por qué una es buena para el garbanzo, otra para el maíz y otra casi para nada.En el agua, en los sesenta. Depósito en  lo que haora es el jardín

Ha de disculpar el lector me aparte de mi propio esquema y trate en seguida la ciencia hidrográfica, de mayor interés y ocupación, tanto en mis exploraciones como en mis vivencias. De allí mi admiración por los manantiales, las fuentes, las ojodeaguas. Y los arroyos.

Por las barrancas no tanto, pero sólo en estos menesteres del agua, porque en lo demás, había y hay aún interés en esas exploraciones al interior de las cosas, aun cuando fallen métodos y haya, además, resistencias a aceptar lo que en ellas se encuentra. Y eso, lo sé por experiencia y vivencia, lo comprueba uno por sí mismo cuando adulto; pero estamos con la ciencia, la conocencia, la exploración infantil de la vida.

Soy consciente de mi indisposición contra las barrancas, pero sólo por una de ellas y en determinadas circunstancias. He de ser claro en esto y platicar por qué y cómo. Porque cuando no da uno razones razonables (¡mire usted qué redundancia tan razonada!), vienen los malos entendimientos, o sea los malos entendidos. Pero no es el caso aquí, desde luego.

Así es de que debo comenzar por situarme, en uno de esos días de secas, detrás de La Loma, antes llamada Pelona, pero ahora no tanto, gracias a la reforestación que hizo en ella el anterior propietario, don J. Trinidad Campos Silva, dejando la repoblación silvestre a su ritmo natural, con lo cual se recuperó de manera espontánea, en pocos años, el hábitat para el tepame, el nopal y la huizachera. No digamos de la liebre, aun cuando de esto no estoy tan seguro.

Ya sea por imprevisión de no llevar suficiente agua en la botella o en el guaje, ya sea por alguna tragazón imprevista con consecuencias indigestas, el caso es que durante las correrías de vaquerillo tras esa protuberancia (lo digo para no repetir loma) ya me andaba de sed. Tal vez el trance me condicionó para olvidar si andaba solo, o con mi compañerito de correrías, Chame, Samuel Ojeda, con quien me ligó el afecto antes y aún depués de que lo matara el rayo, él ya en el cielo, yo todavía caminando hacia él.

El caso es que ante aquel acoso estomacal, ardiendo la panza de sed, lo primero que se me ocurrió fue ir  a buscar agua a la barranca cercana, en vez de regresar a casa por ella, pocos kilómetros hacia el poblado, Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso.

Paraje, en Los GuanumosAcepto que fue un error de cálculo, ir a buscar agua donde no la puede haber dado lo avanzado de la temporada de sequía, cuando por allí sólo corre, o corría el líquido durante las aguas y pocos meses después, mientras los manantiales del área alimentan el arroyo.

Son lecciones de la vida, pero entonces no lo percibía, eso de buscar la satisfacción donde no se puede encontrar, trátese de las relaciones personales, o trátese de satisfactores tan elementales como el comer, beber, habitar y, a fin de cuentas, de todo el vivir.

Porque el  bajar sediento, ardiendo la panza, por la pendiente peñascosa de la barranca, no encontrar agua y tener qué subir de nuevo, no pasa de ser una tarugada, si se ven las cosas desde el sentido práctico. Pero es difícil  se tenga sentido práctico, de ese que da sentido a las cosas, no sólo en la infancia, sino además en el curso de la vida. Genio y figura, hasta la sepultura, podría recordarlo cualquiera.

Pero aquí lo inconcebible, es que a pesar de estas desilusiones y fracasos, cierto que pasajeros, vuelva uno a cometer los mismos errores y sea muy cierto que los seres humanos no sólo tropezamos dos veces en la misma piedra, sino cientos.Parte de La Penca, y El LLano

Digo esto porque llegué a cometer un segundo error y en la misma barranca, esa que conduce aguas con aguas, quiero decir cada temporada de lluvias, el agua a la Presa de la Luz, en las inmediaciones de Tirímacuaro, o más allá, hacia el Río Lerma, cuando el gran boquete de los cuarenta que facilitó, por cierto, que en su caja se cultivara el garbanzo por años.

Aquí he de mencionar, aunque no venga mucho al caso, porque no era lo mismo la caja de La Luz, ahora presa, que la caja, el terreno, también perteneciente a Ziquítaro (dicho sea de paso el ombligo del mundo), junto a la compuerta blanca, camino a la comunidad de La Luz.

Todo sea por buscar las fuentes de la vida, en el caso que mencioné, como es el agua. O pedir que el guayabo dé frutos entre peñascales y en tierra árida.

Pero de eso, ahora, no estoy tan seguro, porque a lo mejor le exigía que diera fruto a mi satisfacción , en tiempo y forma como se dice, cuando el ritmo del árbol era otro. En otras palabras, como si hubiese pretendido que tuviera las frutas disponibles en el momento en que yo lo deseara. Así es la vida, considero, pero en aquel trance no lo entendí.

No, desde luego no había abundancia de golosinas en mi tiempo y a decir verdad, tampoco en las secas había mucho dónde pepenar durante las correrías de vaquerillo. En las aguas, sí, desde luego, por lo menos tunas.        Aunque a este respecto, en el asunto de las tunas, he de decir que había una reserva, ante el abuso tuneril, por aquello que decían sobre el taparse con ellas. No tanto porque no fuera cierto, sino porque había de por medio la amenaza de que, si sucedía tal percance, el recurso supremo consistiría en hacer la operación de destape auxiliados con una aguja de arria, de esas de coser costales; o de plano encomendarle la tarea a un cúcuno.Rincón tradicional

Regreso, después de aquel breviario médico-anatómico, al asunto de las golosinas y he de decir que, en las secas, habrá de ser justos, también había nopales; pero no se estilaba entonces, ni creo que ahora, arrancar la penca, pelarla, ponerle su sal, limón y chile,  y dar cuenta de ella a manera de pepino.

No quiero extenderme mucho en esto, ni mucho menos a costa del guayabo. El error fue mío y también el desenfoque, no del árbol. Pero sí he de decir que mis servicios informativos indicaban que en el fondo de la barranca, había un guayabo y que tal vez pudiera pepenarse de él una que otra guayaba.

Era grande la tentación  – no tanto como las que se presentan cuando adulto  y no sólo en el plano erótico, que han sido las más famosas en la historia, sino las de otros órdenes derivados del tener, poder y gozar–, de ir a buscar guayabas y lo mas natural era buscarlas en el guayabo.

Así es de que emprendí la excursión pendiente abajo, y todo sudoroso me encontré con el guayabo de tan verde follaje, plantado en el fondo de la barranca, en medio de las peñas. ¡Con cuánta avidez hurgué en su follaje, en busca del tesoro oculto, de la piedra filosofal, en busca de la guayaba madura! ¡Y creo que ni las había verdes!.

No hay  peor frustración, considero, que desandar lo andado luego de verificar, in situ, quiero decir en el mero lugar de los hechos, que las cosas no eran como uno las creía. Sin embargo, y a pesar de los contratiempos, como el hecho de subir la pendiente sin guayabas y con sed redoblada, siempre hay manera de comenzar de nuevo y de manera más plena.

Porque en este caso no le pedía peras al olmo, como dice el dicho, ni tunas al guayabo, sino guayabas. Y la falla estuvo en que las busqué donde no y cuando no era oportuno. Esto me lleva a considerar que las frustraciones traen a veces su desquite, si sabe uno aprovecharlas.Rita y Benita Campos Cerda

Y bien que las aproveché, en el caso de las guayabas. Y fue tiempo después, al llegar la ocasión de pasar al tercero de primaria, porque en mi Ziquítaro en esas cuestiones no andaba la cosa tan regular. Por influencia, positiva desde luego, de mi abuelo paterno don Vicente Martínez del Río, mis padres decidieron enviarme a continuar el estudio en Penjamillo, en este caso en el Colegio Vasco de Quiroga.

Era desde luego importante encontrar dónde hospedar al tal Silviano, durante los cinco días de clase. Porque sábado y domingo eran buenos para regresar a casa y entonces siete y medio kilómetros de recorrido a pie, entre los terrones o el lodo, según temporada,  no eran gran cosa ni trastorno para quien estaba acostumbrado a las andanzas vaqueriles.

Y qué mejor lugar al encontrado por la solicitud paterna, que la casa de unas magníficas personas, amistades, con ligas al Ziquítaro vecino, que las de la familia González- Díaz. Sí, la de don Ciro González y la de doña Luisa (Luisita) Díaz. Él carpintero de oficio, ella maestra de profesión.

Y sus hijitas Raquel, Guadalupe, Etelvina. Otra, la Paz, la Pacita, en el estudio en Morelia. El niño montaraz conviviendo con niñas. Para mí “ranchero”, ellas pueblerinas y, en fin, con una familia a la que, si en aquel tiempo y luego de joven y por razones que no vienen al caso, tal vez retraimiento e intensa lucha por la vida (por la papa, para ser claro), no pude agradecer lo debido, ahora les rindo agradecido homenaje.

Sé que nunca es tarde para reconocerlo, pero vuelvo al tema central, en este caso las guayabas. Porque en aquella casa de Penjamillo, no podía faltar la pequeña huerta de naranjales, limonares y mangos pero ¡Oh sorpresa!, poblada de guayabos.

De alguna manera debí entender que había huerta libre, porque sin pedir permiso la hice mía y no había quién me bajara de los guayabos, donde la única competencia para mí, eran los pájaros. Debe ser bueno el desquite, aunque en este caso saludando con sombrero ajeno, tanto la huerta como el guayabo, mientras el de la barranca era comunitario.

Claro, en aquellos tiempos mi cabecita, aunque ya los captaba, no se hacía la vida problemática  ni pesada en cuanto a las teorías sobre la propiedad privada. Cuantimás que durante las correrías por terrenos ejidales, cuando más o menos funcionaba el ejido, permitían a uno libremente agarrar de lo que se podía, y había. El recuerdo, pues, del solitario y austero guayabo barranqueño, había quedado en el pasado.

Compensación, dirían los entendidos; pero en aquellos dos años de abundancia de frutas, entre ellas las guayabas ¡quién iba a interesarse en las cambiantes teorías en torno al comportamiento humano! Lo que sí sé decir es que a pesar de mis tragazones personales, el viernes por la tarde la benevolente familia me invitaba a que llenara la arganita para surtir de limas, naranjas y guayabas, a mis hermanas y hermano de mi Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso.

¡Cómo poder olvidar las bromas de don Ciro!, encaminadas siempre, ahora detecto muy bien su intención, a que mi vida fuera encausada, si no hacia las altas esferas eclesiásticas, por lo menos a cura rural. Claro que no faltaba el recurso a la vanidad latente del niño campesino, al asegurar don Ciro que al regreso del seminario, estarían recibiendo al padre Martínez a repique tendido de campanas. Y esto, lo decía el bondadoso hombre, acompañado de una sonrisa, transformada en carcajada, que de momento desconcertaba, pero que pude interpretar después como amorosa.

No fue así, es cierto. Pero con todo y todo, guardo un grato recuerdo de dicha familia. Mi agradecimiento a don Ciro, porque a petición mía me hizo una pequeña alcancía de madera. No, no nací para banquero, porque nunca logre llenarla. Más bien tuve el descaro de desclavarla cuando llevaba unos cuantos centavos, monedas, para sacarlos. Y fue a dar la alcancía a manos más previsoras y prácticas, como las de Mariquita, mi abuelita materna.

Del cura frustrado, tal vez lo supo don Ciro. Pero de ahorrador fracasado, de seguro no. Porque ninguna alcancía, de madera, de metal o electrónica, pudo lograr de mí el hábito del ahorro.

Si usted, amable lector, benevolente lectora, me ha seguido hasta aquí, lleva un diez y mención honorífica, en mi consideración, por lo que se refiere al interés y a la paciencia. He de ofrecerle disculpas, sin embargo, porque el asunto de las guayabas desvió un poco las consideraciones de tipo hidráulico que me había prometido abordar, a propósito del interés por manantiales y arroyos.

Sin embargo, es de justicia un par de menciones más a las guayabas, que dicho sea de paso, tienen fama de ser tan nutritivas como el limón en eso de la vitamina C, en la cual lo aventajan. Pero aquí no hay recriminaciones, nada sobra en la creación y todo salió bueno de Sus manos: debe reconocerse  la versatilidad del limón en cuanto aderezo tanto de moles en su rica variedad, como de carnes, pozoles, menudos o “pancitas”, hasta la proletaria botana.

Ni qué escoger, pero en eso de lo sabroso, me quedo con la guayaba como fiel compañera en su aromática crudeza, o en la dulzura de su postre después de haber pasado por el sacrificio del fuego para convertirse en guayabate. Igual que el alma, dicen, después de los desarraigos  a que obliga la vida o tanto mejor cuando son voluntariamente buscados.

Dije dos menciones, pero en realidad son tres porque no puedo ni debo terminar el ciclo de la guayaba sin dar cuenta  de la vez en que tal vez esa frutita sacó de apuros a mamá Benita y a papá Chon y a mí me dejó medio frustrado. Pero ni a ellos ni a ella les guardo sentimiento, aunque me acuerdo y tal vez venga a ser lo mismo.

El caso es que sí me acuerdo de don Lencho, don Lorenzo y basta el nombre aunque falten apellidos. En los archivos profundos , habrá muchos Martínez o López o Molina, pero cada Silviano, o José o Melesio en sí es original y será llamado desde el disco duro por su nombre,  no apellido, mientras, en tanto al final reciba el nombre nuevo prometido.

Don Lencho llegaba encaramado en su burrito, con dos chundes o cestos de carrizo atravesados con el sabroso pan, creo de El Guayabo, con aquellas semas  de granillo, endulzadas con piloncillo que hacían buena pero muy buena compañía con la tibia leche. Pero más que todo, en los chundes iban también las aromáticas guayabas. Y era un peregrinar por conseguir el cinco, o el centavo, para abordar al viejo bondadoso y mercadear con él pan o guayaba.

¡Y quién podrá olvidar La Jamacua, surtidora de caña o de guayabas!. Era toda una aventura montarle al burro y emprender la marcha familiar por La Mesa, bajar la barranca en burro o en caballo, llegar al manantial tan generoso y recorrer la huerta de guayabas. Y en aquel calorón de temporada, volver cargados de caña y de guayabas frescas, de corazón rosa o amarillo, robustas, aromáticas, como una mujer en plenitud creativa.

Nadie lo tome a mal, no es mi intención desfogar sentimientos soterrados, sino sólo hacer mención de algo muy chistoso, si ha de verse ahora en tiempos de abundancia, tiempos de consumismo y de derroche cuando de complacer a los críos se trata, en tiempos de fin de año, o de Los Santos Reyes.

Porque no era uso común que los Reyes Magos, tan ocupados en las ciudades, pasaron por los pueblitos. Pero algo se sabía de su llegada, por lo que se atrevía uno a dejar el zapato, o el guarache, si de niño campesino de entonces se trata,  por allí, por si acaso ellos los vieran. Pero esos reyes, agotados, habían vaciado ya sus bolsas en las ciudades y al rancho llegaban, si llegaban, con bastante retraso y ya sin nada.

Por eso es que aquella vez por la mañana, acudí a donde el zapato, más bien el guarache, por si acaso y ¡Oh sorpresa!, encontré dentro de él ¡una guayaba! Pero eso no es nada, en otra ocasión encontré sólo un piloncillo. ¿Tendrán esas dos circunstancias algo qué ver en mi gusto por el guayabate?. No alcanzo a entenderlo, porque no hurgué en ello cuando me aficioné a leer sicología, buscando explicaciones más bien en torno al erotismo, o al sentido profundo de la vida.

Vuelvo pues a los manantiales, aun cuando los arroyos mantengan su atractivo, ya sean crecidos o secos. Mi desfortuna, en este caso, es que mi inclinación es igualmente marcada por el agua y la sequía, por lo verde y lo árido, por lo boscoso o por lo desértico. Igual admiro la obra de arte del Creador, en un mogote poblado de casahuates y nopales, que en un barranco peñascoso y seco. Lo mismo la noche oscura, tenebrosa y estrellada, con Luna o sin ella, que el día esplendoroso con su resolana y su Sol quemante. Ni de aquí, ni de allá, podría ser el resumen de toda vida, retomando el título de la chistosa película.

Así, y todo, no puedo menos de recordar mi empecinamiento y tozudez, quiero decir mi terquedad en saber de dónde venía el agua en la Ojodeagua de La Pila. Y no me contentaba con admirar el arroyito del venero ruidoso que llenaba poco a poco las pilas para el baño, o para los menesteres del lavado de ropa, o la atarjea cercana para el ganado.

No escapa a mi pensamiento la idea de que alguna teoría interpretara ese interés por las profundidades, en un soterrado impulso de volver al seno de la madre, o de recorrer a la inversa el camino que ha seguido el mundo hasta llegar a mí. Me inclinaría por esto último, aunque viéndolo bien, podría pensarse también que el mucho hablar de sí mismo delata una inclinación narcisista a explicarse las cosas a partir de uno mismo. Y no faltaría razón, porque pienso y digo, de quién va a saber uno un poco más, en el maremagnun de interpretaciones, si no es de uno mismo.

De todas maneras, no fue el caso de todas estas elucubraciones en aquella edad temprana. Es la ventaja de ser niño. Y es la desventaja de ser adulto. Entonces vives, y sueñas; ahora interpretas. Si vives, sueñas e interpretas, tal vez encuentres el añorado equilibrio.

Puede que sea la lección de los manantiales, porque siempre hay la tendencia a hurgar de dónde viene el agua. Antes, in situ, en las ojodeaguas, ahora, in situ al asomarse un poco a los rumores de que puede haber algo en el fondo de los agujeros negros, tal vez otro Universo, o percibir la barrera “teórica” en torno al Big-Bang del que venimos.

Pero en el caso de la Ojodeagua del Sáuz (Sauce), en El Llano Grande,  no es lo mismo. Porque allí el venero era callado y llenaba desde abajo el pozo. Aquí sí también sabes que viene el agua, y a dónde va, pero no de dónde viene. Igual como el viento. Lo bueno que, en ambos casos, llegan y, a veces, cuando menos se espera. Como gotas, o como torrentes. Como caricias, o como huracanes.

Dije sauce, en este caso, sabinos, en La Pila. Arbol, manantial juntos; peñas, cerritos, mogotes. ¡Qué interesante! Y con razón los antepasados fincaron allí cascos de haciendas. Como en La Nopalera, como en El Chorro, como en La Ojodeagua central más abundante, como en La Pila.

Y hay más agua: El Ojito de Agua, en el barrio La Penca. Y Tía Tula, más modesta, pero no menos importante. Y El Pocito, un venero que sobrevívía, año con año, unos meses a las aguas, para que en él pudieran abrebar, beber, huilotas, conguitas y pájaros diversos. Y no se puede olvidar el venero temporal del Cerrito de la Santa Cruz, ni aquél muy efímero también surtido por una pequeña meseta por las inmediaciones de La Nopalera, pero cerca del Santamarillal, en terrenos donde don Emilio Mejía ponía sus chilares.

¿Se podrá desligar de la memoria la Ojodeagua central, de la misma vida de Ziquítaro, el ombligo del mundo, dicho sea de paso?. Creo que no, porque sus aguas abundantes en tiempo lluvioso llenaban la presita que en tiempos rudos era bendición para el ganado y era todo un ritual bajar las vacas a abrebar en la tarde, con todo el  bramadero de reses como saludándose unas a otras desde manadas vecinas. Y la atarjea de aguas más transparentes para facilitar la bebedera al caballo, o al burro.

La Ojodeagua, centro de comunicación entre vecinas para transportar noticias de uno a otro barrio. Agua blanquisca para que en una de sus pilas la muchacha o el ama zambullera su cántaro, o el joven o el señor igualmente, pero en cántaros colgados en par en la burra de palo, travesaño de madera para equilibrar el peso, y el paso. O bien en el burro equipado con arames de Palodulce y cuatro orificios con asiento para los cántaros, cuando el viaje hacia Los Guanumos, Los Nopales Altos, El Llano y otros barrios, era obligado antes de los sesentas cuando llegó la técnica moderna del pozo profundo, el depósito en alto nivel y la tubería domiciliaria.

Y la pintoresca noria de la familia Mejía, con el animalito, un macho, dando vueltas y vueltas en el cúmulo que remataba la noria, para surtir agua a la huerta de naranjales desde la presa cercana. Y desde ese cúmulo, el ingenio del primer amor improvisando lenguajes cifrados de señas  convenidas cuyos secretos ingenuos se fueron al cielo, y se quedaron en la tierra. Lenguajes y señas que cruzaban la aroma de azahares de naranjos y flores encarnadas de granados para volar al otro barrio donde eran recogidos para,  en juego convenido, regresarlos en retroalimentación bonita y así entretener la mente y el afecto en la transparencia del idilio campirano.

Esto que voy a contar ahora, no tiene parangón con el resto de mi biografía, si acaso cuando me agarraron en la maroma luego que le robé un palomar de lodo a José Duarte. O cuando aproveché al cien por ciento la llegada de divisas cuando papá Chon era bracero y la distraída mamá Benita ni cuenta…Lo cual, todo junto, me da a entender que de haber seguido por ese camino y no me hubiesen mandado al internado, pude haber terminado en político millonario.

(José Duarte, Jose (sin acento y de cariño). Gratos recuerdos para él y para toda su familia, tan buenos vecinos, hay qué decirlo: doña Altagracia, don José, Poncho, Roberto, Toya, Alicia, Salvador, Consta y Fitos, todos pues sin que deba faltarme ninguno).

Tampoco tiene parangón como cuando me agarraron en la maroma tras mi operación del apéndice, con una mentirilla impropia de “piadoso” seminarista; o cuando ví a un ángel, una bellìsima enfermera,  tras la operación del oído, el definitivamente sordo. Eso no tiene nada de raro, pues en mi vida me he topado con un montón de ángeles y no sólo, por cierto, con ángeles de cofia. Pero esto que digo aquí, sería materia de otro ciclo si acaso, y no del niño campirano, lo cual es el caso.

Hay cosas que rozan tanto la intimidad, que es mejor queden reservadas al amor propio, si es que en estas cuestiones hay amor, aunque sea propio. Lo digo porque de haberse sabido, ni imaginarse la pena que me hubiese dado con las niñas, ángeles pues, donde me hospedaba y no sólo con ellas. Después de todo, en esto, todos somos pecadores y la diferencia estará si acaso en reconocerlo. Pero por favor, que los demás no lo sepan.

Digo esto porque ese día por la tarde, andaba en la plaza de Penjamillo. El turno para niñas en el colegio, era vespertino y para los niños, en la mañana. Así que buen turno ese para investigar, vagar, correr y qué mejor que hacerlo en la plaza, en el tan bello jardín de la cabecera municipal.

No está usted para saberlo, ni yo para contarlo, mi posible amable lector, lectora: no recuerdo haber abusado de golosinas porque hasta eso, salvo huerta libre, no había manera: no abundaba el dinero para las compras, pero ni siquiera las golosinas chatarra como ahora, disponibles para todos los bolsillos infantiles.

Sospecho que estoy retrasando el desenlace, por algún atavismo que me hace revivir aquel trance del cual, aunque tal vez manchado  —porque mi plumaje sí se ha manchado en la vida, no lo niego—; pero a salvo de la crítica y el posible hazmerreír de mis compañeros de juegos, no digamos del desde entonces digno de tomarse en cuenta, el juicio crítico del bello sexo y me refiero a las niñas.

El caso es que a media tarde ya me andaba. No había entonces, que recuerde, baños, sanitarios públicos, si acaso algún paraje solitario por el rumbo del arroyo, a unas cuantas cuadras de la plaza. Pero ni eso se me atravesó por la mente, ante tamaño trance, ante el temor de salir con mi batea de babas, o batea peor y hacerme a media calle.

He de hacer aquí una consideración muy razonable ( a manera de paréntesis), porque desde entonces, mayormente ahora mayor de edad, es decir viejo, tengo en cuenta los sitios estratégicos para todo efecto de emergencia. Con mayor razón que en la zona urbana, una trasgresión voluntaria o involuntaria, puede ocasionar encarcelamiento, así sea momentáneo, por faltas a la moral. Ya ve usted que en esa materia la moral ha sido muy estricta desde siglos, no en otras cuestiones como latrocinios, homicidios, genocidios y masacres.

Nunca me he creído con vocación de matemático, ni mucho menos de topógrafo, aunque en eso terminé ahora, midiendo calles, al volverme caminante, aunque comencé desde niño. Lo digo sinceramente, pero en ese caso comenzó a funcionar mi mente a las mil maravillas, pero sólo la mente, por lo que contaré enseguida. De seguro hice mal cálculo y creí que aguantaba hasta la casa, a unas cuatro, cinco cuadras si ha de tomarse en cuenta medida urbana, aunque en el poblado eran sólo dos largas, infinitas cuadras según lo recuerdo, y lo sentí entonces. Mal cálculo, digo, porque, en todo caso hubiese estado mejor tomar el atajo más corto, hacia el arroyo, conforme a la experiencia de vaquerillo, y así me hubiese ahorrado tantas angustias ¡y reservas!.

Y hay cosas que son inevitables, según las leyes de la naturaleza o de la imprevisión humana, aun cuando se sea niño. Porque a medio camino sucedió, ¡Y sucedió!… Y no hay poder humano en esos casos para detener los acontecimientos. Aunque aquí la ventaja, si se han de sacar lecciones, fue mejor llegar a la casa con tambache que de otra manera menos digna.

¡Y qué huerta ni qué huerta, ni mucho menos treparse a los guayabos! Lo razonable fue llegar directo al lugar reservado para la condición humana desde siglos de siglos, hacer lo conducente y sepultar por siempre hasta el cuerpo del delito, para que no quedara rastro de aquel trance inoportuno, ahorrando investigaciones a quien pretendiera hacerlo.

Nunca aprende uno las lecciones, y lo digo por lo que debí aprender muchos años atrás de esa infortunada fecha del incidente al que me referí, allí mismo en Penjamillo. Cómo no recordar sus fiestas con la devoción mariana de Mayo, con sus vistosos y devotos arreglos en el templo, la entrada de la flor el día 30, aromas de pinos, frescura de los lirios, con sus pintorescas mojigangas y el día último la fiesta en grande,  la banda de música de la sierra que se tupe ahora sones tan sabrosos como el Juan Colorado, o Arriba Pichátaro, y en aquellos días la Casita de Paja, La Virgen Morena, o Guadalajara.

Pero no hay mayor estropicio para las reglas que soltarle al niño campesino, por lo general deseoso de golosinas, abundancia de dinero. Y si no le dan, lo busca, como entonces, poniendo en juego todas sus artes de pediche, entre la parentela, hábitos que se adquieren y a veces no terminan sino con la vida. El caso es que en una de esas fiestas no hubo sandía, aguacate, plátanos, mangos verdes,  perones y dulces que no llegaran a pasar por la  panza de Silviano, entonces de unos ocho años, o tal vez uno menos.

Debo reconocer mi gusto por los mesones de entonces, estancias de vieja herencia con su amplio corral, cuartos para el hospedaje de los viajeros pueblerinos, depósitos para la pastura de caballos y burros, el pozo  y, por qué no decirlo, más que hoteles de cinco estrellas para el cansado huésped, sobre todo después del ajetreo sin fin durante el jolgorio de una fiesta patronal. Y esto explicaría, soy sincero, la admiración fantasiosa del adulto por los mesones españoles, pero los de la literatura cervantina, allá llamados Ventas, con todo y Maritornes.

Por eso el reparador, así se dice, descanso de la turba familiar donde pudiera tenderse, acomodarse, y no había poder que pudiera despertarlos de su bien ganado y merecido sueño, después de disfrutar de cuanta diversión era posible, en aquellos tiempos de austeridad forzada.

Dije que no hay poder, pero debo retractarme, porque hice entonces, a media noche o comienzo de madrugada, un despertadero con el poder de mis gritos. Y no era para menos: se me había abultado la panza y la alarma entre el vecindario familiar era razonada: Silviano estaba sofocado.

¡Denle yerba del haito!, decía una, recomendando una de las recetas preferidas, recuerdo, de la tía Conchita; pónganle un lavado, decía creo que la tía ChucheNo, cósanle el estafiate, parecía decir otra, en referencia, claro, en eso del estafiate, a la yerbita medicinal usual en estos menesteres. Y creo que la consulta, en debate abierto de la concurrencia, terminó en lavativa, se haya cocido (con “c”),  o no cosido (con “s”), el estafiate, lo que en honor a la verdad, de plano, no recuerdo.

Cierto, entonces, en la edad de la inocencia, no había tanto amor propio. Pero luego, en la edad de la conciencia, como en la aventura tan bochornante de la plaza, antes referida, ya afloraba el sentimiento tan difuso como indefinible, del respeto humano. Igual que en el mundo de ahora, pero, de seguro, hoy en grande.

Insinué algo parecido a corretiza desde la plaza, con aquello de la urgencia que terminó en borrar todo rastro, en la casa del hospedaje, en el lugar reservado. Aunque viéndolo bien, más fue autocorretiza, porque no había factor ajeno que la hiciera, sino las leyes de esta naturaleza que llevamos a cuestas, y a mucha honra.

Pero es momento de referirme también a otras dos corretizas, una tal vez ilusoria y otra más real, pero ambas motivadas por el miedo.

Las correrías infantiles no eludían, desde luego, los peñascales, fueran en barrancas o en arroyos secos, por lo que aquella vez, arribita de El Chorro — barrio, paraje y manantial, que los tres significados abarca–, muy cerca de la casita de mi tía Rafaila Cerda y de la casa de mi tio Pancho Mora, fui víctima de la corretiza primera de las dos a que hice referencia.

No sé qué diantres andaba haciendo por allí, en el arroyo entonces seco, pero que en tiempo de aguas forma un poco adelante una cascada, en la Barranquilla de donde nace, de un costado, el manantial de El Chorro. Allí  se llenaban cántaros utilizando una penca de maguey, aunque después se construyó un depósito, a la moderna, frente a la casa de mi tío Pancho y en la falda Oriente del cerrito de La Santa Cruz, ahora fincado por ese y por otro lado.

En aquel tiempo yo no estaba tan influenciado por pasajes bíblicos, como los relativos al Paraíso Terrenal, donde las víboras hasta hablaban. Menos iba a creer entonces que hasta corrían dando saltos sepenteantes (esto literalmente, porque también son serpientes). Y fue el caso, que en un momento dado vi al animalito, le digo así de cariño no tanto porque sea de mi particular devoción, sino porque a pesar de todo es criatura del Señor.

No sé si ese miedo vino antes o vino después de que un travieso muchacho, no digo nombres porque esta es una página amigable, me puso de corbata una víbora muerta. Así le fue con mi mamá Benita, pero el susto nadie me lo quitó.

Por eso tal vez imaginé que la víbora del peñascal no sólo iba serpenteando en vertical, sino me iba correteando. Lo confieso, eso de que caminaba está por verse, a lo mejor aquella que dije ni tampoco hablaba.

Pero en todo caso, son animalitos a los que, junto con el zorrillo, aun cuando en este caso por razones no tanto visuales sino más bien olfativas, mejor no me les acerco. De haber practicado cuando joven y aún como adulto, carreras de obstáculos, por lo menos termino en algún estadio olímpico y cosechando medallas, porque la carrera que emprendí en el peñascal, dizque correteado por la víbora, no envidiaría a nadie ni en velocidad ni en destreza. Y eso de que el miedo no anda en burros, está por verse, aunque ni por asomo me comparo con el manso animalito, al que admiro por sus dos grandes antenas.

La otra corretiza pendiente de platicar, fue más realista y más a lo humano, no faltaba más. Sé que a veces son más de confiar los animales que los hombres y no es cosa de devanarse los sesos para entenderlo: los animalitos están diseñados con un propósito propio al que son fieles, y los humanos también diseñados con un propósito, pero en el que participan y por eso pretenden ser libres,  y al buscar cumplir su propósito se cruzan con los propósitos ajenos.

Pero eso no implica, por supuesto, coincidir con el Kempis en aquiello de  que en la medida en que convivivió con los hombres, se sintió menos hombre. Por el contrario, en la medida en que conviví con los hombres (sobre todo mujeres), me sentí más hombre. Y habría qué ver qué se escoge, si ser devorado por un fuego atómico, o por el contrario acogerse a la caricia liberadora de un cuerpo humano.

Pero esas no son consideraciones de niño y allí radica la inocencia. ¡Cómo no voy a acordarme de Toño Gómez!, si junto con otros vaquerillos cuidábamos el ganado paterno, fueran dos o cinco reses, no es el caso de cantidad, sino de calidad. Por eso andábamos de potrero en potrero y en una de esas Toño me enseñó a hacer hondas, echando mano de ixtle sacado de costales o hilos y de popotes cosechados en la barranca de El Consejo, de la plantita que llamábamos soromuta, si no se me cuatrapea el nombre con otra llamada tacari, propia para rellenar colchones rústicos.

Por eso conocía yo más o menos el manejo de las hondas, la apantallada que daba uno a los demás haciéndola chasquear con la pajuela, al lanzar la piedra y, no se diga, los efectos si daba uno en el blanco. Ni por asomo hubiera imaginado yo el poder destructivo de las bombas inteligentes de ahora, pero en cuanto a las hondas, sabía que no sólo eran juguetes de vaquerillo.

Por eso y por no sé qué diferencia, alguna expresión tal vez con involuntaria carga de sentido, como a veces lo hace uno ya entrado en el viejo oficio del periodismo (y aún ya viejo el oficiante), un compañero que aun cuando recordara el nombre no lo diría porque esta es una página amigable, entabló pleito conmigo.

Creo que no medí fuerzas, porque era más grandulón que yo, así que, en un momento dado, opté por el retiro estratégico, no sé si con honda o no en la mano y acogiéndome un poco sin darme cuenta, a la sabia sentencia de más vale que digan aquí corrió que aquí quedó, la emprendí corriendo loma abajo, rumbo al poblado y a la casa paterna.

Lo que es cargarle la mano a uno, en este caso la honda, porque en la corretiza, ésta sí provocada, me llovían las pedradas que, por fortuna ninguna dio en el blanco, porque de haberlo dado, ni lo estuviera contando. No logré averiguar si el contrincante, sacando ventaja de estatura, edad y tecnología, haya disparado sólo balas (digo piedras) disuasivas, o haya tirado a dar. No tuve tiempo de averiguarlo, porque en la corretiza cuesta abajo, hasta olvidé las vacas.

Creo  fue desde entonces que comprendí: mi fuerte no son las armas y, salvo agresiones verbales que no faltan en el curso de una vida a tropezones, he preferido las batallas que usan como herramienta la razón , aunque aún así no son tampoco polémicas (batallas) sino razonables, discursivas, porque en estos terrenos, como en amores o afinidades, los zapatos entran mejor sin calzador. Y siempre, siempre, es mejor con-vencer que vencer a secas. La imposición tiende a aplastar: la persuasión tiende a levantar. Y hay su diferencia entre quien conquista y quien libera.

Llego aquí a mi descubrimiento central, el Cosmos. Y aunque pudiera parecer presumido, por aquello del “descubrimiento del Cosmos”, debo precisar que mi primer conocimiento profundo del mismo no me vino por horas y años en alguna universidad de prestigio ni en algún observatorio astronómico, sino me llegó gratis.

Y es natural que un niño campesino, en su despertar a eso de los seis o siete años a lo que lo rodee, se encuentre con que hay grillos que cantan. O estrellitas que relumbran. Otra cosa será cuando percibe que las estrellitas cantan y que los grillos relumbran. Y para el caso, en su primer saber campirano en torno al Cosmos, es lo mismo: la estrella que canta, el grillo que brilla. Y ambos, al unísono, son en sí mismos el Cosmos que se expresa.

Y claro, el gran poeta laureado, el mexicano, dirá lo mismo de su experiencia adulta y hasta le compondrá al suceso un pequeñito poema. Y así es que se nos dirá lo mismo, seamos niños o adultos.

¿Tendrá eso relación con el gusto, el placer de contemplar el cielo estrellado, el Camino de Santo Santiago (la Vía Láctea) tendido de espaldas sobre un manojo de rastrojo luego de haber consumado al rústica cena, que culmina en “postre” con un toqueri tostado en las brazas de la hoguera, de la lumbre, una noche de  noviembre durante la vela del “montón” (de maíz) tras su cosecha en la milpa de El Guayabo?.

¡Quién sabe!: pero no es desestimable haya nacido allí el gusto por lo grande, lo grandioso y el toque por el misterio que rodea la existencia, que hace, en los años de juventud, capturar aquella frase de un salmo en un libro que no sé por qué decía en italiano “cieli narrano la gloria di Dio”, luego leída en su versión latina también: “caeli enarrant gloria Dei”, o sea “los cielos proclaman la gloria de Dios”.

Y de allí, llegar en la madurez a la verdadera megalomanía, sentirse grandioso porque eres y formas parte, de ese formidable proyecto creativo que nació con el Big-Bang y culminará ¿cómo?. Con un nuevo nombre, con un nuevo ser para todo.

Pero esto me lleva a otro gran descubrimiento, mi limitación y mi incursión en la gran herencia recibida, la cultura en su expresión del pensamiento cristiano.

Podría, si estuviera en mi mano, proporcionar a mi paciente lector, lectora, no sólo diez y mención honorífica, sino diplomado, o algún otro grado en el saber, luego de aguantarme hasta estos renglones, en los cuales parece que desbarro y sobre paso límites con temas o vivencias fronterizas.

Y tiene razón, desbarro porque he llegado a una zona límite, en la que comenzaron mis penas y empezó al mismo tiempo para mí, la verdadera riqueza heredada: el don de la palabra y tal vez, con modestia lo digo, el Don de la Palabra.

Y fue en el Colegio de Penjamillo, donde pasaron por mis manos y mi vista, aquellos textos de la Historia Sagrada (FTD) o de la liturgia, mismos que, en honor a la verdad, junto con otros como los relativos a historia, capturaron mi interés.

Llego, luego de tanto rodeo, a mi remembranza de la Madre Francisca, la bondadosa religiosa y maestra. Debió su sensibilidad maternal verme un poco desnutrido, no sé, o algo amarillento de mi faz, lo que me hace temer haya correspondido a la realidad, a juzgar por algunas exclamaciones del público (digo de compañeros de aula), a la hora de la hora.

Y esa hora de la hora, era a media mañana, cuando la madrecita, con una imperativa pero amorosa seña o mirada, me mandaba a la cocina. Allí estaba siempre Marina, la cocinera, que preparaba desde luego al interfecto su tacita de caldo de frijol sancochado.Ziquítaro, con el Cerro del Metate, al fondo

Debió la madrecita saber de alguna cualidad nutritiva del caldo, porque tenía qué ser de frijol y sancochado. Pero no se crea que el tentempié matutino se reducía siempre al frijol, porque de vez en cuando la dieta de las monjitas–maestras incluía pollo, por lo cual el no muy grato caldo rutinario, se convertía en el más agradable de gallina.

Si algún especialista pretendiera darme lecciones sobre cómo nacen los complejos, bien podría decirle, en réplica, que muy a tiempo lo supe. Porque todo era que la madrecita hiciera la seña consabida y el estudiante de tercero encaminara sus pasos hacia la cocina, para que alguna que otra voz celosa comenzara a maullar como si dijera: “hái” va el gato. O el epíteto del limón amarillento.

No debo terminar mi ciclo del caldo, sin mencionar lo realmente importante: fue allí, con la madre Francisca, cuando recibí mi primer curso, mi primer tratado de teología sistemática, si se me permite usar para el caso, términos académicos sin que por asomo pretenda atribuirme en ello competencia.Ziquítaro, paisaje

La madre amorosa puso, pues, en mis manos, la Instrucción Religiosa, librito famoso entonces bajo el subtítulo de “El Cristianismo. Sus dogmas, Oraciones, Mandamientos y Sacramentos”, 375 páginas según una reimpresión que adquirí muchos años después en una librería de viejo en la ciudad de México.

Pedagógico, o no, para un niño de once años, el caso es que me soplé el librito de pe a pa: la tradición de mi Iglesia en unas cuantas páginas. Fue de cierta manera, el librito, el principio en un proceso de “intelectualización” de la fe. Por eso me habrían de hacer después un Concilio, a fin de revisar todo eso y llegar al “aggiornamento”, a la puesta al día en la cual aún estamos. Luego seguiría por mi cuenta en la literatura repectiva. Por eso digo, y a pesar de que el desandar lo andado ideológico trae sus pesares, bendita la madre Francisca que me abrió el paso hacia lo recibido comunitario, la tradición de mi Iglesia.

Esa tradición, mi contemplación del firmamento, el convivir con bichos, peñascos y matorros y  las vivencias de niño campesino, aunque no sólo, fueron la gran escuela de mi vida. Y de alguna manera todo ello se refleja, también, en esos breves trabajos que he llamado Fantasías. Y si tuve el honor de que me siguiera hasta aquí, lector (a) amigo (a), espero tener también el honor de que las visite. Habré quedado convencido de que, a pesar del caminar mediante tropezones, algo pudo quedar, entre el caer y levantarse. De ser así, por mí, se lo regalo)))Ziquítaro. burritos

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NOTA BENE:

No sé si lo anterior sea primera, o última parte. El caso es que, ni por asomo, está debidamente agotado el ciclo de la infancia. Prometo, de ser el caso, un agregado con matices subjetivos de la misma.

He de hacer notar, sin embargo, que en el terreno laboral,  práctico,  ya adentrado en la vida urbana, mi caminar comenzó allá por el 53, en México. Mi interesado lector (a) habrá de saber que mi primera incursión en ese mundo interesante, antes de ser contratado por el Banco, fue allegarme al taller automotriz de mi primo Chente.

Él, benevolente, a fin de que me ganara unos pesos, me pidió cambiar la llanta en el carro de uno su clientes, tan decentito  que hasta vestía traje. Hice todo el propósito de cambiar la llanta. El bondadoso cliente captó el trance, me ayudó a cambiar la llanta y me “pagó” el servicio: dos o tres pesos…¿Crisis de un adolescente, de 19 años recién desempacado del exilio campirano?. No, crisis de civilización: el joven inexperto, de mentalidad campirana; el ex internado de mentalidad monacal, incapaz de adaptarse a las primeras de cambio a la práctica urbana de la vida moderna. Y ahora al revés, la mentalidad tecnológica superacelerada, destructiva, cibernética y virtual, incapaz de recuperar su origen: la convivencia con yerbas, bichos y el trato directo, transparente que da el contacto con la vida y el alma campirana…

Ziquítaro, paisaje con Cerro del Metate al fondo

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MI CAMINAR, SEGUNDA PARTE

MI CAMINAR. POR LA SEGUNDA VEREDA

La Piedad, 5 de Enero de 2014.

A pocas horas de que la manecilla del reloj de los 78, entregue su relevo a la que sigue, ¡qué momento más oportuno para recordar!, un 5 de enero, cuando se cumplen los 79 y, lo más importante, se penetra, al atardecer, como no queriendo, en el túnel enigmático de los 80s.??????????

El calendario formal, es lo de menos. El “calendario” del soñar, es lo de más. Y por eso unas horas más, daré vuelo a mis ensueños para contar, cantar, y quien quite logre salir de mi narcisismo y de mi “egocentrismo” y así poder decir algo a propósito de mi caminar, pero a la hora del atardecer, en el crepúsculo de la ancianidad y, por qué no, en la aurora del amanecer, si las cosas han de verse con Esperanza, según se vea o se sienta, conforme a las enseñanzas del caminar, pero éste comunitario.

         Bajo pues la escalera, hacia los sótanos del mí mismo, dijéramos, hacia mi propia subjetividad según lo prometido en MI primer CAMINAR,http://eltaller.us.es/index.php/MI_CAMINAR

 para incursionar en el país de los sueños, vale decir, del recordar. Y lo haré a manera de pinceladas, de aquí, y de allá. De aquí, como lo veo ahora. De allá, como lo presentía tal vez entonces.ENTRADA A LA VISCOSA. AL FONDO, SOLAR CON AGAVE Y EL QUE A LO LEJOS PARECE POCHOTE

Y en la mañanita del cinco,  y a las cinco cuarenta y cuatro marcada en el reloj de “pader” que me acaba de regalar GUIA (a ver si así mando más temprano mi material, digo yo) , y lo agradezco, vago por mis ensueños para contar de aquella vez en que se me apareció un monstruo. Y fue en Panindícuaro.

Siempre me han gustado las mañanitas, sobre todo campiranas. Siempre me han gustado las tardecitas, sobre todo campiranas. Y aquella mañana, no sé ni por qué, andaba por  Panindícuaro con mi papá Chon, a quien siempre me le pegaba en sus correrías de músico pueblerino, o a la hora de sembrar el trigo, o el garbanzo, en el potrero ziquitarense llamado La Ciénega, o simplemente a la hora de las cosechas del maíz, fuese en la milpa del Potrero de los Cerdas, ahora barrio, fuese en El Palo de la Llegada, o en la “pedacera” de parcelitas en El Guayabo, o en El Potrero Viejo.ESTACION DE COMUNICACIONES

Pero creo que en Panindícuro mas bien andábamos de turistas y no en planes de trabajo. Alguna encomienda de los afanes familiares, o tal vez alguno de los mandados, a los cuales era afecto el servicial de mi papá.

El caso es que sentí algo como escalofrío al oír con su gran intensidad los resoplidos del monstruo y quedé paralizado por el no saber y el no  poder, aun cuando quedaba en mí un dejo de confianza, porque en ese trance no estaba solo, sino bajo la protección de mi padre.

No alcanza mi imaginación para describir aquel monstruo de fauces indefinidas, rasgando con su presencia y lo blanquizco de su vaho, la oscuridad todavía de la naciente mañana.

Decían que esa bestia, ese monstruo, pasaba todos los días, y que brotaba de las tierras de Guanajuato para caminar asustando chiquillos por todo un trayecto que pasaba por donde dije, recorría en su chacachaca rodar pasando por Ajuno, cerca de Zirahuén, y no sé si llegaba hasta Uruapan.??????????

Debió llegar, porque una vez, según decían, ya en las entrañas del monstruo, hubo necesidad de recorrer sus corredores intestinos para buscar dónde, el niño tragón, hiciera de la popo, lo que no logró por cierto, según decían, porque se  hizo antes y alcanzó por ello enérgico reproche. Y según decires chistosos de Trinillo, el sonriente vecino de parcela paterna, el dicho defensivo del niño aquel, era simplemente: nomás no me legañes Cana (mi papá). Es que en tal aprieto y al intentar pasar de un carro al otro, hubo el riesgo de que ahora me fuera imposible contar aquello, y no tanto porque me hubiera hecho antes de tiempo.

De todas maneras, guardo gratos recuerdos de aquello que me pareció bestia. Fue el primer medio de transporte que me llevó a México, cuando mi abuelo Vicente nos trasladó a Ramiro, Ramón y a mí, a Puebla, donde comencé, por no sé qué designios, mi internado educativo de seis años, para completar poco a poco la información que había captado en el librito que me regaló en Penjamillo la bendita madre Francisca, según dije.??????????

De ese año en adelante, hasta bien entrados los cincuenta y creo que aún después, aquello que consideré bestia me trasladó también, en su seno, a recorrer mundo, las muchas veces que viajaba a la capital, desde la antigua estación de Santa Ana (le decíamos estación de La Piedad), o a Mexicali, la primera vez, ya de joven, con mi papá, ida y vuelta, pero el regreso en un trayecto que duró tres días, en asientos de madera. O al regreso de Morelia, ya con críos, en un recorrido de casi un día, hacia la ciudad de México, toda una excursión que nos permitió disfrutar de cuanta golosina se nos puso por delante por afanosos vendedores durante cada estación pueblerina, o  atisbar el misterio de por qué muchachos, en la noche oscura, por las inmediaciones de Tacuba, agarraban al tren a pedradas, antes de  éste llegar a la entonces nueva estación de Buena Vista.

LA VISCOSA. AL FONDO EL CERRO DE EPEJANPero ¡Oh decepción!, se acabó el encanto de los trenes populares, luego que los afanes privatizadores los vendieron al negocio privado. Pero en el pecado llevamos la penitencia: ahora se considera que el ferroviario es un transporte ecológico, y se piensa volver a ellos, como en la vieja Europa, donde bien que funcionan. Aunque sea sin el chacachaca monótono durante los interminables recorridos contemplando desde la ventanilla el variopinto paisaje mexicano, con la tracción silenciosa del diesel o más aún, de la energía eléctrica.

Ahora me divierte, también por las mañanitas, el grito sonoro del tren que en su caminar bien hacia Guadalajara y más allá, o a Colima, grita, a todo pulmón, durante las silenciosas mañanas, al pasar por San Juan del Fuerte, como si dijera: mira, aquí estoy, todavía vamos juntos en el atardecer de la vida.

Cambio de frecuencia para decir que aquel día, o aquella tarde, no estoy seguro, y bajo el añoso mezquite de la casa que fuera de papá Vicente y mamá Petrita y luego de papá Chon y Mamá Benita, la casa del sufrimiento, jugaban los niños sus rondas infantiles, pero echando mano de las estrofas que, según voz familiar, eran de la autoría del cuando niño,“poeta” Silviano.

Miry, Flavia, Gabrielita y otros de la ronda familiar, danzaban va y viene, a la manera del Matarili, pero entonando el Cabudedos, Cabudedos, Cabuderos; Los Mecates, Los Mecates, Los Mecates; Sani Sani, Sani Sani, Sanisantes. Era tal el alborozo infantil que Chon les llamó la atención considerando tal vez que era una especie de profanación al estro del susodicho poeta. A mi desde luego me parecía toda aquella inventiva infantil de la chiquillada, una feliz ocurrencia.??????????

No tan feliz, ni tan infeliz, aquella versificación habría de retomar otras dimensiones, al casi engarzarla con el cantar de altura del músico Rossini, en su crescendo de la obertura El Barbero de Sevilla.

Decían las crónicas familiares que al niño Silviano le dio por cantar, en los albores del despertar a la vida social, unas estrofas tan “originales” y tan “extensas”, como lo arriba mencionado. A uno de los muchachos de la buena, servicial, alegre familia Duarte, vecinos en la casita del Llano, se le ocurrió dotar al referido “músico-poeta” del instrumental necesario para su desempeño, y fue como le improvisó con un leño largo, un tololoche, y con cordeles de lazo, las cuerdas. Y así, con su gabán bien puesto y su flamante tololoche, cantaba y cantaba el  Cabudedos, cabudedos. Así decían.

LA VISCOSA. AL FRENTE, CASA DE LA FAMILIA CORNEJODías vendrían cuando durante una postración de esas que hacen mella, el tal cantito recobrara vida y luego se le colgara al más profesional y desde luego mejor articulado del crescendo referido, para expresar indecibles mociones que también, por sublimes, marcan vidas y despiertan añoranzas.

Fantasías posteriores en busca de explicaciones, habrían de jugar con los números de la aritmética, al recurrir al cuatro del ritmo dominante, que mitologema, en determinadas tradiciones significa ni más ni menos, que lo universal existente. La mente intelectualizada inventando conclusiones que en el sentir de un niño era simplemente divertido “cantar”.??????????

Cambio de frecuencia para decir que durante las correrías infantiles de vaquerillo, no había más quehacer que atajar las reses para contenerlas en el pastizal que uno considerara mejor; y en el interin, usar los paredones a manera de resbaladillas, dizque nadar en la tinaja del tiempo de aguas, improvisar la fogata con leña de tepame, palodulce o de perdida del modesto casahuate, cantar o componer versos.

Esto del cantar y componer versos, es relativo, porque de recordarlo, sólo intenté  hacerlo una vez, con  una “composición”, tan original, tan original, que la bauticé como La Guaracha y no sé por qué, sería con el afán de darle compañía al guarache. El caso es que en mis ratos libres, cante y cante, camine y camine por los campos que duraron días, hice la referida “composición”, cuyo texto quedó en los archivos de la memoria, pero ¡Oh Curiosidad!, al tratar de desentrañar después los intríngulis de aquello, resultó cifrado, con el 4 como referencia del universal existente y el total diez, como la plenitud de plenitudes, según determinadas tradiciones, de reminiscencias apocalípticas.

Ganas de hacerse tarugo, porque si a esas vamos, especulando sobre eso, todo está cifrado para enseñarnos a caminar según los diseños de la vida realmente existente, a fin de completar la plenitud que vendrá, pero ese, en realidad, es el verdadero cantar, el cantar de los cantares. Y cualquiera lo puede percibir, si se abre al gran libro de la naturaleza, ahora amenazada por nosotros mismos, que somos también de la familia de los vivientes, o dicho de otra manera, de la familia de lo realmente existente.

Pero aquello de las mociones, u ondas que interrumpían mi discurrir de niño, y que se dieron durante algunas temporadas, no pasaban de ser elucubraciones infantiles, que mi persona vaqueril interpretaba simplemente como “otra figura”. Pero eso nos sucede a todos cuando hacemos paréntesis en el mundanal ruido y nos dejamos llevar por las mociones (o susurros imaginativos) que nos regalan el amor, o el afecto, la admiración o el respeto,  sea a una persona, a una planta, o a un animalito.

Lo que sí digo, y esto sin cambiar de frecuencia, es  aquello de la estrellita y el grillo, que de alguna manera he contado en otras oportunidades de mi modesto escribir. Pero, por lo demás, no es cosa de buscarle rebuscadas explicaciones a lo que puede ser común en el ambiente campirano en un niño que contempla el firmamento y sus estrellas. Y no son deseables los apagones, pero durante ellos, el hombre urbano bien podría contemplar el cielo y remembrar sus nostalgias del paraíso perdido.

El caso es que serían los seis o siete años cuando aquella noche vi las estrellas, en particular alguna de ellas que me llamó…la atención, pero al mismo tiempo escuchaba un grillo cantador. En mi mente infantil, no disocié al grillito por aquí, a la estrellita por allá, aun cuando creo le daba su lugar a cada una de las criaturas mencionadas.

Porque en un momento, creí que grillito y estrella cantaban y brillaban (tintileaban) al unísono. O más bien dicho, la estrellita en su intermitente tintilear, expresaba, al grillito, en su intermitente canturrear.

Será cosa de aprender a leer, en nuestro caso el homo sapiens civilizado, releer, a la naturaleza. Los científicos nos dicen ahora que no hay ser aislado en este Universo mundo. Ni átomos, ni estrellas, ni grillos. Nuestra edad es la misma para todos, unos 13,300 millones de años, poco más o menos; somos una familia (la Creación) y ella pertenecemos y nuestro destino es compartido.

También se dirá que la raza humana, la única, con sus admirables matices,  tiende a su unidad; pero si no se une realmente, se destruye y esto no es juego, ni mucho menos retórico.RUMBO A LA MESA, A VER EL GANADO, DICE GERARDO PLACENCIA

En eso del bailar, lo digo con franqueza, no soy modelo, ni me considero serlo en nada. Los internados de antes, en eso y en algo más copaban, pero además condicionan los propios temperamentos. No es desdeñable, sin embargo, que de todas maneras lleva uno la música por dentro, porque eso le fue dado y no hay castraciones ideológicas que lo quiten.

Recuerdo bien que yo seguía, a Chon, músico pueblerino, en algunas de sus “tocadas”, en sus fiestas, y bien que se desempeñaba con el trombón. Y era cosa de ver y oír aquellos jarabes, del uso campirano entonces, como aquella vez en San Antonio Carupo, donde la chusma infantil se entremezclaba entre los adultos para vibrar al ritmo zapateado.

??????????Y no era ni es  desdeñable aquella costumbre, en fiestas pueblerinas, de acompañar a la banda de música tradicional, aun cuando a veces sea un “privilegio” de alumbrados, o sea cuando a  uno se le han pasado las cucharadas, zapateando y al son que le toquen baila.

Son de recordar expresiones recientes, en otras latitudes, cómo todo un pueblo despidió a su líder (Mandela) con cantos y baile. Aquí, nosotros, disponemos según se cree de cientos y cientos de danzas. Somos, pues, un pueblo de artistas. Vale una especulación: ¿Sería el mismo México si hubiésemos recibido con danzas a los Papas, no sólo con discursos, y sintonizando con ellos en el mensaje que ahora se dice, es de alegría?.

El cambio de frecuencia me permite decir lo que llegó a decirse, en aquellos tiempos un poco turbulentos, a nivel  de pueblito, que un día llegó por los cerros de Ziquítaro un padre, posiblemente misionero, procedente posiblemente de Zamora, cabecera de la diócesis. No era raro que las misiones tanto de religiosas como de sacerdotes, fueran complementarias de acciones rutinarias dentro del esquema usual en estos menesteres de fe. Lo que me impresionó fue el hecho del caminar del misionero, quien según se decía, se regresó también, a campo traviesa, a pie, rumbo al lugar de donde había venido.??????????

Eso debió impresionarme, porque muchos años después, luego que me llevaron de la plancha de operaciones a la cama de reposo, y ante la preocupada concurrencia de médicos y directivos del internado, se me ocurrió decir que sería misionero. Lo chistoso del caso, es que pretendía llevarme a la enfermera de compañera, a mi empresa misional, je je. El caso quirúrgico debió ser delicado, porque supe que un año después un compañero del internado, no sobrevivió a la apendicitis aguda. No me tocaba, si no, de seguro ni lo mencionaría ahora.

TRINO ROA Y LUIS OJEDA, CON LAS MUCHACHAS QUE FUERON A PLANTEAR UN ASUNTO A LA JEFATURAEs de dudarse si en la adolescencia los afanes misioneros no serán sino el deseo de aventura por países exóticos, antes que debidos afanes evangélicos.

 Ahora pienso que hay muchas maneras de ser misioneros, aún laicos. El caso es que abundan: misioneros que expresen algo, en pequeño, o en grande, en favor de la vida, amenazada por nosotros mismos. En todo caso, serán siempre biofílicos los designios de la Vida.

http://eltaller.us.es/index.php/FANT.13-_A2K_O_EL_ERROR_DEL_MILENIO

Cambio radicalmente de frecuencia para relatar lo que considero una experiencia subjetiva (y espero no sea redundancia entre los dos términos), la cual podrá interpretarse como se pueda o como se quiera, según enfoques, pero que la presento solamente como un acontecimiento síquico, en sus líneas generales  no borrado de la mente, a través del tiempo.

Soy consciente de que esto es un atrevimiento, pero va como lo sentí, lo viví, lo experimenté. En todo caso, no me siento, en torno a ello, ni único, ni exclusivo y caigo en la cuenta que, a pesar de todo, cada uno de nosotros, y todo lo existente, es un enigma siempre abordable, y desde la perspectiva creyente, un misterio de la vida.

Es un asunto para consignarse en libro, me expresó  alguna vez una persona autorizada; una especie de incursión en el inconsciente colectivo, acaso, le escuché a otra; y sé ahora, que en determinados asuntos, no se le pueden poner condiciones a Quien decide ofrecer un regalo…compartido. Al fin y al cabo, “nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de  paz”.

Son, en todo caso, meras opiniones subjetivas en el fondo y,  en la forma, expresiones literarias si acaso, sin que de ninguna manera, y en ambas modalidades, me atribuya en ello competencia ni académica, ni autoridad en ninguna clase de investidura.

El no haberse borrado en lo fundamental, aquellas experiencias a través de las décadas, 39, 40 años, y al ser apreciado su contenido como algo bueno y por lo tanto con indicios de verdadero, es por lo que considero, he considerado, abordarlo por escrito (exclusivamente por escrito) de diversas maneras.

Admitiendo, como admito ser diletante, en las diversas cuestiones que abordo, y sin que tenga para mi ningún sentido referirme a circunstancias objetivas que hayan rodeado mi entorno de entonces, reconozco mis limitaciones de expresión y, al mismo tiempo, considero que todo aquello podrá decir algo a mis posibles lectores. Nada más.http://silviano.wordpress.com/2011/04/29/suenos-guajiros-rusticos-vi-silviano-martinez-campos/

Y si bien las experiencias comenzaron en el 74 y se prolongaron el 75, relato aquí el que considero episodio central de mis vivencias. Sueños Guajiros, pues, dicho a la manera festiva, reduciendo todo a lo que, a fin de cuentas, podría ser un episodio más de lo que miríadas de personas han aportado para la buena marcha de las cosas, en lo pequeño y en lo grande.

Ni qué decir que como ciudadano me inclino porque nuestro entorno social se oriente, en todos los niveles, por la justicia y la unificación humana. Y como católico, que el mensaje del Señor Jesús sea una aportación vigorosa en todas partes, para que se reoriente nuestra vida comunitaria igual en justicia y en la paz constructiva que salvaguarde la vida, tan amenazada hoy  por hoy, en todas sus expresiones.

Va pues mi relato (relato, dije, no crónica):

Era un día de octubre, media mañana. Bajé la escalera de mi pequeño departamento, en un cuarto piso y en uno de los recovecos vi un paquetito de Sal. Lo digo, para ubicarme. Había suspendido mis clases que daba sobre una materia quizás de título rimbombante como geopolítica de la información (agencias noticiosas y organizaciones relativas al periodismo en niveles no nacionales) y mis alumnos eran, sobre todo, muchachas, lindas por cierto.

Había dejado las clases por una especie de obnubilación que pude entender vagamente como enfermedad y los médicos tal vez sin vaguedades, la calificaban así.

Caminé por la calle de Edison, rumbo al centro de aquella desde entonces gigantesca ciudad de México. Poco antes de la alameda central vi los cristalitos del piso, activados en su reluciente esplendor, por el sol mañanero. Mi subjetividad transtornada los interpretó como estrellitas, estrellas reales de esas del firmamento, y luego como una proyección hacia lindas muchachas.

Aturdido como andaba, llegué a la Alameda central, la crucé por el lado frontal del Palacio de Bellas Artes, crucé la avenida Eje Lázaro Cárdenas, o Niño Perdido, sobre lo cual no me ha interesado precisar cuál era el nombre de entonces.

Tomé, en mi caminata, la avenida Madero, que comienza según creo recordar con La Torre Latinoamericana y sigue el templo de San Francisco. No recuerdo haber pasado al templo, el cual era de mi predilección  porque admiraba su interior, sobre todo aquellos grandes cuadros con motivos franciscanos. El templo, pues, dedicado a San Francisco, no me atrevería a decir santo de mi devoción porque en aquellos tiempos no me consideraba muy devoto, pero sí santo de mi admiración, entonces y ahora.

Continué mi caminata rumbo a Bolívar, obvio, por la banqueta, puesto que la calle no se abrió al peatón sino décadas después.

Poco antes de aquella calle mencionada, me sentí transformado en un ser bellísimo, cuerpo reluciente con los colores del oro, tornasol el cuerpo, tachonada la frente con diminutas joyas a través de las cuales y de la diadema que coronaba la cabeza, recibía mensajes luminiscentes de lo alto, o de lo profundo.UNA VISTA DEL ALA ORIENTE DE LA PLAZA

Creí no perder el juicio, porque no me atreví a cruzar la calle antes de que se pusiera la luz verde del semáforo. El de la voz me había “dicho”, respeto sus reglamentos.

Todo atolondrado giré hacia la izquierda y luego también a la izquierda por la calle de Tacuba, creo que así se llama. Y frente a la casa perfumada (una aromática perfumería) mirando al Norte, sobre aquellas edificaciones, llegué a creer que el mensaje también era para quienes destruyen la Tierra.

ZONA DE JACARANDAS, QUE SON PODADASSeguí rumbo a la Alameda, me senté en una banca que miraba hacia un conjunto colonial de dos templos, plazoleta de por medio y, en el centro de la edificación, plazoleta de  por medio, uno como museo, o palacio artesanal, del cual provenían bellas piezas del folclore mexicano, algunas tal vez con temas de la revolución mexicana. En el momento en que escuchaba la música de mi tierra, de mi México, me invadía una tranquilidad, una paz indecible, con dejos de suave melancolía.

Me levanté de la banca, me dirigí hacia el Poniente y en las cercanías del templo de San Hipólito, pero todavía en la Alameda, me encontré a un colega zamorano, periodista muy activo entonces, de trato amable siempre conmigo, que interpreto como una característica de su talante y una simpatía innata en él, por el paisanaje. Me preguntó en torno de un accidente ocurrido tal vez el día anterior, en una de las estaciones del Metro. No se me ocurrió ni entonces ni después, averiguar en la prensa los pormenores de tal accidente, así es de que no logré contestarle con precisión, y no llegué a detectar si él detectó mi perturbación.

ESTAN EN LA LIGA DE PENJAMILLO

Allí había terminado mi vivencia, regresé a casa y de lo demás de ese día, de plano nada recuerdo. http://eltaller.us.es/index.php/FANT.3-_ENCUENTROS_CERCANOS

(Fotos de Silviano Martínez Campos)

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MOSAICO, 28-XI-013

Cambados...

Cambados… (Photo credit: JesusDQ)

Martínez Campos, 28/XI/013

GUIA

MOSAICO

Silviano Martinez Campos

LA PIEDAD, 28 de Noviembre.-  EN LAS VIEJAS (en el tiempo) redacciones de los diarios, en el ejercicio del viejo (en el tiempo) periodismo, a veces a vuelapájaro valorábamos una nota con la muletilla corriente, de “no aguanta” o “sí aguanta”, para ahorrarnos interpretaciones de los criterios valorativos de las mismas, que dábamos por sabidos: oportunidad, novedad, rareza, etcétera. Y aun cuando todo acontecimiento, en el que se basa nuestra práctica, es importante, no era ni es lo mismo una impactante noticia (nota cuando redactada), que una tan mínima, la cual si acaso sirve como relleno cuando la penuria de la escasez de información en períodos de vacaciones. Ahora, en esta vorágine de acontecimientos, el problema no es si “aguanta” o no, una noticia, sino cómo mantener el interés en algo, cuando la aceleración es ciertamente formidable. ASÍ ES DE que hay noticias que arman revuelo, así sea efímero, como el triunfo de tal o cual equipo, un terremoto, un tsunami, algún maremoto, un acto de violencia extrema. Y se van al cajón de la memoria colectiva unos días después, para dar paso a las que vienen resultado de la convulsión planetaria que vivimos. ES DESDE LUEGO importante, “y aguanta” el hecho de que vaya a efectuarse, a partir de hoy, en las inmediaciones de esta ciudad, uno más de los festivales del globo, evento deportivo que llama la atención de cientos de pobladores, por la variedad de espectáculos que se efectúan en torno al evento principal del revuelo (aquí si literal) de los globos por los aires regionales. ES DESDE LUEGO importante, y aguanta, el hecho de que se aprueben reformas en materia electoral relativas a candidaturas independientes a nivel local en la geografía política mexicana. Hará unos años los ciudadanos con marcada conciencia social, clamaban porque nos sacudiéramos la camisa de fuerza del partido oficial y sus satélites y se abriera la política a la democracia, expresada con mayor representación partidaria. Hoy clamamos por quitarle poder a las cúpulas partidarias que en muchos casos dominan la esfera política imponiendo sus clanes, tribus, intereses “privados” en lo que se ha llamado “partidocracia”. En el avance a pasos lentos pero seguros hacia una democracia más madura, es de esperarse que no tarde mucho el legislarse también respecto a otros ámbitos del quehacer político, para dar paso de nuestra democracia representativa, a la democracia participativa, más adecuada para el entendimiento entre nosotros mismos y  por consiguiente, para alcanzar una sociedad más justa. UN REVUELO CIERTAMENTE más grande y no sólo por espectacular, está provocando en la Iglesia Católica (y  por repercusión en esferas no eclesiales), la gestión del Papa Francisco. El documento (Evcangelii Gaudium”, la alegría del Evangelio) que acaba de ser publicado y que según enterados da la pauta de lo que será el pontificado de Francisco, dará mucho no sólo de qué hablar, sino de qué y cómo actuar entre fieles y comunidades católicas y por repercusión, en otros ámbitos de comunidades creyentes o no. Desde luego, son documentos para leerse y asimilarse con toda calma y no estará por demás comenzar su lectura pausada, responsablemente comprometida. Habrá desde luego, si no es que ya están saliendo a la luz, ediciones impresas. De pronto, en diversos sitios web, comenzando por el de la Santa Sede (www.vatican.va ) se puede encontrar.  Le sugiero lo vea, con sus respectivos enlaces, en la dirección del blog abajo indicada. Como digo, habrán muchas personas interesadas, de comenzar una lectura pausada, reflexiva. Llaman la atención los cuatro “no” en el documento, incluidos en Algunos Desafíos del Mundo Actual, números del 52 al 60. Ellos son No a una economía de la exclusión; No a la nueva idolatría del dinero; No a un dinero que gobierna en lugar de servir; No a la inequidad que genera violencia. Respecto al  primer “no”, el del número 53, transcribo esto: “No a una economía de la exclusión “53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil.  Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve…” (www.losnuevostiempos.wordpress.com; www.miregionmichoacana.wordpress.com; www.mitierramaravillosa.wordpress.com

)

MOSAICO, 14-XI-013

Fresh corn ready to roast in Mexico City stree...

Fresh corn ready to roast in Mexico City street. Deutsch: Frischer Mais bereit, Braten in Mexico City Straße. العربية: الذرة الطازجة على استعداد لالمشوي في مكسيكو سيتي في الشوارع. Русский: Свежая кукуруза жарится на улице в Мехико. हिन्दी: ताजा मकई मेक्सिको सिटी सड़क में भुना करने के लिए तैयार है. 中文: 准备在墨西哥城街头烤鲜玉米。 (Photo credit: Wikipedia)

English: Elote.

English: Elote. (Photo credit: Wikipedia)

Martínez Campos, 14/XI/013

GUIA

MOSAICO

Silviano Martínez Campos

LA PIEDAD, 14 de noviembre.- DADO QUE, SEGÚN nos dicen académicos, somos una sociedad enferma; pero además lo constatamos diariamente con sólo prender la tele y ver y escuchar un noticiero, pues las personas requerimos de curación tanto del cuerpo como del alma. Hará muchos años, en la ciudad de México, pregunté a un médico, por qué causa enfermiza era el mayor número de consultas. Enfermedades sicosomáticas, dijo, casi por mitad o más. Todo está relacionado en nuestro ser. Necesitamos pues muchos y mejores médicos y paramédicos, Y mientras tanto, nuestras instituciones de salud, cada vez más desembarazadas de sus problemas económicos, son necesarias, sea nuestro Seguro, o el llamado seguro popular. Ni son perfectas, ni lo serán, pero son necesarias para la generalizada pobrería que no  puede ir a gastarse ni aquí ni del otro lado, las millonadas en la medicina  privada. Y ojalá nunca el capitalismo en decadencia se atreva a tocarlas, porque sería peor una eventual privatización médica, que una eventual privatización energética. PERO AHORA, TAMBIÉN abundan proyectos de medicinas alternativas, tal vez algunos muy serios, tal vez otros propuestas de charlatanes, que lo digan quienes sepan de ello. Pero la herbolaria, según se entiende, es una práctica tan vieja como la especie y practicada por la sabiduría de los pueblos aborígenes. Y los remedios caseros, algunos buenos, otros que ni recordarlos, como las purgas con aceite de ricino, o las lavativas de triste y chusca memoria. A PROPÓSITO DE yerbas, recuerdo a mi tía Conchita, experta desde luego en remedios caseros. Que el niño Silviano se sobrepasaba en alguna tragazón indigesta, pues cósele yerba del “haito”. Que tiene calentura, ponle unos chiquiadores de manteca en las sienes; que para esto es buena la yerba de la golondrina, que los cabellos de elote son buenos p’al maldiorín; que tiene lombrices, hazle tal y tal, que está desganado y no quiere comer, hazle su sopa de fideo (con el resultado que alguien, no yo, aborreciera la tal sopa, porque era sopa de calentura (je, je). Bueno, todos esos remedios no necesariamente llevaban dedicatoria para el tal individuo, sino eran indicaciones generales y que cada quien agarrara su receta. AQUÍ EN LA Piedad, quiero entender que el DIF municipal está promoviendo la herbolaria, como medicina alternativa, para quien quiera o pueda utilizarla. Es el caso de un curso intensivo de esa materia, realizado en la comunicad de Acuitzio. Los participantes, según informaciones, tuvieron la oportunidad de conocer las propiedades de determinadas plantitas del entorno, como “romero, malva, yerbabuena, chicalote, pelo de elote, cáscara de granada, árnica, limón, eucalipto, rosa de castilla, fresno, Jamaica, gordolobo, anís, lentejilla, orégano, cebolla, ajo, aguacate, entre otras, sirvieron para la elaboración de pomadas contra males de la piel, jarabes para la tos, pasta dental, jabones, vaporub, entre otros”. Carmen Lilia Rojas Abarca, estuvo al pendiente del desarrollo del taller. HAY OTRAS ENFERMEDADES tan difíciles de diagnosticar y tan difíciles de curar, como la de la violencia. Complejo asunto, que por donde se le aborde, se topa uno con pared. Dice la ONU que “La inseguridad ciudadana, la violencia y el delito aumentan en América Latina pese a los avances económicos y sociales que la región ha reportado durante la última década”. Y que “ la región sigue siendo la más desigual e insegura del mundo, con más de 100,000 homicidios al año”. Resulta que no es sólo México, opino, sino todo el Continente (si le agregamos al vecino del Norte, que no puede lanzar primeras piedras, y menos en cuestiones guerreras). QUÉ DECIR DE esa otra “violencia”, la de la madre Tierra tan amorosa y al mismo tiempo tan airada cuando se enoja. Que lo digan los pobres filipinos víctimas por miles y miles del tifón Haiyán. Ya sabemos que tifones, ciclones, huracanas, nos acompañan desde toda nuestra historia. La diferencia es que ahora, por los cambios climáticos, son más “feroces”, intensos, y tal vez extensos, con sus consiguientes efectos destructivos. Día, a día, nos llueven informaciones sobre esto. Como ese de que la acidificación de los océanos, podría ocasionar la pérdida del 30  por ciento de las especies marinas. ANTE TANTA CALAMIDAD  frente a nuestros “ojos”, y la anunciada por la ciencia especializada, no nos queda más que rezar, y actuar. Es admirable la solidaridad que se genera (lo vemos en México en cada desastre) en el mundo, la organizada y la espontánea. El mundo da para más que penas. Se me ocurre pensar, y de seguro no lo  inventé yo, que la salida terráquea es una especie de novísima organización (dijéramos una especie de socialismo, ahora planetario, aunque no se mencione la palabrita porque se asustan los del dinero cibernético, los del gran capital pues). Y para comenzar, no es por demás reanimar, reavivar la ONU, como instrumento incipiente hacia un gobierno mundial (gobernanza mundial, se dice), pero no el de las ilusiones de supermanes que tengan en sus mentes y en sus manos el dominio del mundo. (www.losnuevostiempos.wordpress.com)