Fant. 23. LA PRESENCIA. (Elogio a una mosca, y otras consideraciones). Silviano Martínez Campos

                                                    La Mosca

FANT.23.- LA PRESENCIA

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Martínez Campos, 9/II/1997

GUIA

 

LA PRESENCIA

Silviano Martínez Campos

Después de la Víbora, tal vez los animalejos más desprestigiados sean las cucarachas y las moscas, por molestos y fastidiosos, de tal mnera que su prencia es, si no aceptada, por lo menos tolerada a regañadientes en cualquier casa que se respete, no digamos en sitios públicos y uno que otro exprendio callejero de alimentos.

De la víbora, la brava, por supuesto, ni qué hablar. Sus mordidas y su veneno dan escalofríos, aunque no tenga la culpa el animalito de haber sido dotado de ponzoña defensiva y, para colmo, se haya tomado como símbolo del mal, aun cuando en distintas tradiciones también represente la sabiduría y la inmortalidad. Su presencia siempre es temible y veces lo mejor será no acercársele.

Pero la mosca es incomprensible. Su presencia es siempre molesta, aunque es menos agresiva que su pariente el mosquito el cual, por otra parte, sólo pica para alimentarse.

Tan desprestigiada porque vive y se reproduce en basureros y transporta microbios de ellos a nuestros alimentos, los de casa y algunos de los callejeros. Su presencia es molesta y no acaba uno de dar manotazos para quitársela de encima cuando llega inoportuna e irrespetuosa mientras comemos, leemos o descansamos, para posarse irreverente en la nariz o la frente.

Y es tanta la insistencia del animalejo, que llega uno a darse por vencido y como a decirle: ¡bueno, qué quieres! Y es cuando puede llegar el momento de concebir que el alado insecto, el insignificante portador de microbios, le traiga a uno un mensaje del “más allä”.


Aquí estoy, como si dijera, mira si el conocimiento de tus científicos puede siquiera construir mis alas; si tus laboratorios logran reproducir al detalle los paneles grandotes de mis ojos; si tus filósofos o pensadores adivinan por qué necesito 2 series de 3 patas; y si tus artistas pueden interpretar por qué a cada mirada curiosa, o sin ningún motivo, aplaudo con las 2 delanteras y por qué meto mi trompa curiosa donde quiera.


HAY COSAS QUE INCOMODAN

Hay presencias molestas como la de la mosca, que no puede captarlas uno porque lo cuestionan a fondo y trastornan nuestra conciencia tranquila y adormecida. La mosca es sucia, pero optamos mejor por acabar con ella que acabar con los basureros e inventamos insecticidas en lugar de eliminar estercoleros o construir letrinas.

Pero hay presencias más molestas, como la del niño descarriado que fue a parar, aun cuando de paso, a la cárcel, junto con los demás miembros de su pandilla, pequeños o adolescentes; y ojalá vayamos a las causas que lo orillaron a robar, como tal vez la irresponsabilidad paterna, la desintegración familiar o la pobreza ambiental.

También infamias derivadas de las presencias molestas y por eso en algunas ciudades brasileñas se suceden desde hace años los asesinatos de niños callejeros. Estadísticas escalofriantes indican que en dicho país, en los últimos años han sido exterminados más de 5 mil menores. Hay 50 mil mendicantes pequeños tan sólo en Río de Janeiro. Su presencia es molesta, tal vez, para algunos grupos y personas A lo mejor porque afea las calles, ahuyenta el turismo o echa en cara la injusticia de una sociedad desajustada, allá y en todas partes.

Presencias molestas que echan en cara lo maleado de la condición humana, expresadas en racismos pervivientes al final del segundo mileno del cristianismo; guerras fratricidas que diezman con su violencia pueblos y naciones o pobrezas extremas cuando se ha dicho que los bienes de la Tierra tienen destino universal.

Presencias molestas del otro, porque tiene más bienes o poder, o porque no tiene ninguno; porque sabe más o porque es ignorante; porque piensa distinto de mí, se organiza en siglas que no son las mías, se adhiere a sistemas de pensamiento que no son los míos o creen en lo que yo no creo.

Presencias molestas que tal vez me orillen a combatir al otro, a hostigarlo, o por lo menos ignorar lo que es, según dicen, otra forma aun cuando sutil de hostilidad.


HAY CASOS QUE CONMUEVEN


Pero el existir es ya una presencia. Desde el arroyito, otrora cristalino, que baja murmurando para entregarse amoroso en el arroyo bullicioso que repta por los peñascales en la temporada de lluvias, se regala a su vez al ruidoso río, otrora límpido, que va generoso a perderse por su parte al gran mar otrora descontaminado pero siempre enigmático.

O de la verde campiña poblada de mariposas, saltamontes, libélulas, pájaros, cuadrúpedos, flores amarillas, rosas, blancas o azules, soleada por la estrella del día y durante la noche arrullada en su sueño levemente ruidoso vigilado por las estrellas; campiña poblada también por duendes, ninfas, hadas, fantasmas y voces de los muertos que vagan todos por las inmensidades de los bosques, llanos o mogotes, en la fantasía de las tradiciones mágicas.

Presencia de las luminarias sempiternas que invitan a la oración humilde, por su grandeza y desmesura y, aunque la modesta Luna de los potas haya perdido su inocencia en julio de 1969, sigue siendo bella, luminosa y su conejo no ha perdido el interés para la fantasía infantil. Aunque sepamos que no es de queso, ni está habitada por lunáticos (de ellos es más pródiga la Tierra) ni está en ella el profeta Elías.

Presencias más cercanas como la gracia del bebé que es el vivo retrato de su madre o de su padre o de su madre y de su padre y te maravillas de que esto sea así, cuando la ciencia dice que es una combinación de genes. Pero imaginas el principio, allá cuando la célula paterna recibió el “fiat” (hágase), ganó la carrera entre millones y llegó, temerosa de no ser acogida, a la puerta del óvulo de la vida en un primer tembloroso destello de con-ciencia, para repetir el milagro creativo.

O la presencia del otro, ese otro que te encuentra a diario. De él aprendes siempre. Eres hombre, no ángel y la presencia del hombre tu hermano te abruma. Porque lo entiendes y porque no lo entiendes. Lo entiendes porque te ves en el espejo de sus fallas. No lo entiendes porque en ese mismo espejo te reflejas y temes precipitarte, como Narciso, en el espejo de tu belleza contemplada.

El ejemplo de los hombres generosos es siempre actual. Y la sabiduría heredada en bibliotecas, pinacotecas, catedrales, palacios, monumentos, aunque sepas que muchos de ellos fueron amasados con lágrimas y sudores y siempre sea discutible encerrar museos y fosilizar la creatividad humana y mucho más convertirla en mercancía. La presencia del pasado en el presente porque como insinúa nuestro poeta laureado, todos somos contemporáneos.

La novena sinfonía de Beethoven, con su clímax coral entonado por ángeles humanos, te orilla a sentir que en el hombre-mujer hay un trasunto de cielo expresado en aquellas bellísimas voces que en cada nota, en cada matiz, te remiten a una presencia insondable que te captura porque desde el fondo de ti mismo también te habla en cadencias y es capaz de concentrarse la sabiduría del Universo en un semitono, lastimero, o festivo.

Y si puedes concebir laberintos inextricables, grises y sombríos, con estructuras demenciales de donde no sabes cómo saliste pero afuera te esperaba la mirada severa de un ángel; tu imaginación podrá también llevarte a universos “robotizados”, dorados y luminosos donde las “máquinas inteligentes” te señalan las medidas en años luz y más de lo que no está hecho a tu escala.

Pero esto, para que sepas apreciar lo que está hecho a tu escala, a la escala de tu afecto y de tu amor, traspasando la simetría dual de la vida. La presencia luminosa y colorida, regocijante y plena, humana y trashumana del verdadero vivir. Lo soñado y esperado, donde se colman en ti todas las ansias de plenitud compartida, porque con la misma energía pero con extrema suvidad se te dice lo que querías saber: que tu destino es muy bello y muy bueno.


LA HORA DE REIR

Es cuando percibes que hay presencias benévolas que sólo esperan las descubras y se hacen notar de todos modos: te lo dicen pintando, te lo dicen construyendo, te lo dicen cantando, te lo dicen mediante la palabra o el afecto.

El mundo es racional. Hablan desde lo racional la simetría de una mosca con 2 alas y 6 patas y 2 ojos. Y la racional simetría del hombre-mujer diseñada en pares, pero con 10 dedos y un solo corazón.

El corazón del mundo, la Palabra que todo lo llena porque todo en el mundo es hecho conforme a razón. Pero al hombre se nos dio la libertad insondable para transformarnos y transformar la Tierra hasta que la Palabra, que nos fue dada de una vez para siempre, sea totalmente transparente para nosotros y de alguna manera nuestra presencia llene el Cosmos.

Es la máxima presencia, escondida desde siempre en la naturaleza y expresada en las buenas y bellas obras del hombre, como lo han reconocido siempre todas las creencias.

Pero expresa y transparente par el cristiano, para quien esa presencia debiera ser evidente, en una mirada de compasión, en una carcajada aparentemente burlona de niños tras la reja que te dicen: “sácame de aquí, papá; dame dinero”, tal vez invocando sin querer la nostalgia del padre real.

Pero eso de que la Palabra se hizo hombre, para que el hombre traspase el Universo, va en serio. Es la mayor y más profunda de las presencias.

Palabra que te pensó antes de que nacieras, te piensa ahora, tiene reservado para ti un plan, un proyecto, un lanzarte hacia las honduras de la vida que “enjugará toda lágrima”, al liquidar toda au-sencia lastimera y regalarte la definitiva, indudable Presencia, que ahora sólo vislumbras en el rostro del hermano y en el “sentido de la creación”.


(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, 3-B. 1997)


Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web

 


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