La Palma, pueblo de pescadores. Benjamín González Oregel

LOS ALREDEDORES

La Palma, pueblo de pescadores

BENJAMÍN GONZÁLEZ OREGEL

Tratan de pescar en tierra, porque no hay qué  pescar en el Lago

La Palma, Mpio. de Venustiano Carranza, Mich.,–   Para los habitantes de esta población, que desde hace muchos años han vivido de lo que la Laguna de Chapala les ha dado, los tiempos no son los deseados. Con la desaparición de las especies acuáticas que alguna vez fueron motivo de orgullo –entre otras el pescado blanco–, los  pescadores ahora tratan de pescar en tierra firme, en los campos labrantíos, lo que el lago más grande del país ya no les puede dar: el modo de vida.

Guaracha y los pleitos

El origen de La Palma ocurrió, según consta en el Archivo General de la Nación, cuando le fue otorgada una Merced Real  de Ganado Mayor al presbítero don Hernando Toribio de Alcaráz. Esto sucedió el 16 de octubre de…

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Enrique Solorio Campos

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Los profetas leen el presente y anticipan el futuro.Leonardo Boff

Los profetas leen el presente y anticipan el futuro.Leonardo Boff.

Los profetas leen el presente y anticipan el futuro.Leonardo Boff

Tierra del Fuego

Tierra del Fuego (Photo credit: brent_buford)

Español: Profetas Jeremías, Joel y Miqueas, ól...

Español: Profetas Jeremías, Joel y Miqueas, óleo sobre tabla, 47 x 134 cm. Museo de Zaragoza, sotabanco del retablo de la Santa Cruz de Blesa (Teruel). (Photo credit: Wikipedia)

Tierra recién arada

Tierra recién arada (Photo credit: gotencool)

La Tierra y la Luna.Voyager 1

La Tierra y la Luna.Voyager 1 (Photo credit: Wikipedia)

Una cocha (laguna) en la amazonía. El proceso ...

Una cocha (laguna) en la amazonía. El proceso de eutrofización ha producido tanto sedimento que la ha convertido en tierra firme. Pronto crecerán árboles y desaparecerá totalmente. (Photo credit: Wikipedia)

The Selk'nam, also known as the Ona, lived in ...

The Selk’nam, also known as the Ona, lived in the Tierra del Fuego islands, in southern Chile and Argentina. They were one of the last aboriginal groups in South America to be reached by Westerners, in the late 19th century, when the Chilean and Argentine governments began efforts to explore and integrate Tierra del Fuego (literally, the “land of fire” based on early European explorers observing Selk’nam smoke from their bonfires). (Photo credit: Wikipedia)

Los profetas leen el presente y anticipan el futuro

2013-07-05

Profeta en sentido bíblico no es en primer lugar aquel que prevé elfuturo. Es aquel que analiza el presente, identifica tendencias,

generalmente desviadas, hace advertencias y hasta amenazas. Anuncia el

juicio de Dios sobre el curso presente de la historia y hace promesas de

liberación de las calamidades.

A partir de las tendencias captadas, hace previsiones para el futuro. En

el fondo afirma: si continúa este tipo de comportamiento de los

dirigentes y del pueblo sucederán fatales desgracias. Éstas son

consecuencia de las violaciones de leyes sagradas. Y ahí proyectan

escenarios dramáticos que tienen una función pedagógica: hacer entrar a

todos en razón y en la observancia de lo que es justo y recto delante de

Dios y de la naturaleza.

Leyendo a algunos profetas del Antiguo Testamento y también advertencias

de Jesús sobre la situación de los tiempos futuros, casi

espontáneamente nos acordamos de nuestros dirigentes y de su

comportamiento irresponsable ante los dramas que se están preparando

para la Tierra, para la biosfera y para el eventual destino de nuestra

civilización.

Hace días en algunas partes del mundo se ha roto la barrera considerada

como la línea roja que debería ser respetada a toda costa: no permitir

que la presencia de dióxido de carbono en la atmósfera llegase a 400

partes por millón. Y lamentablemente ha llegado. Alcanzado este nivel,

difícilmente el clima calentado volverá atrás. Se estabilizará y podrá

seguir subiendo. La Tierra quedará calentada unos dos grados

centígrados, o más. Muchos organismos vivos no conseguirán adaptarse,

pues no tienen cómo minimizar los efectos negativos, y acabarán

desapareciendo. La desertificación se acelerará; se perderán cosechas,

miles de personas tendrán que abandonar sus lugares a causa del calor

insoportable y la imposibilidad de garantizar su alimentación.

En un contexto así leo al profeta Isaías. Vivió en el siglo VIII a. C.,

uno de los periodos más conturbados de la historia. Israel se encontraba

exprimida entre dos potencias, Egipto y Asiria, que se disputaban la

hegemonía. Tan pronto era invadido por una de estas potencias como por

la otra, dejando un rastro de devastación y de muerte.

En este contexto dramático Isaías escribe un capítulo entero, el 24, en

una línea de devastación ecológica. Las descripciones se asemejan a lo

que puede sucedernos a nosotros si las naciones del mundo no se

organizan para parar el calentamiento global, especialmente el abrupto,

ya avisado por notables científicos, que podría ocurrir antes de finales

del presente siglo. Si efectivamente ocurriera, la especie humana

correría un gran riesgo de ser diezmada y de que se destruyera gran

parte de la biosfera.

Debemos tomar en serio a los profetas. Ellos descifran tendencias en una

perspectiva que va más allá del espacio y del tiempo. Por eso también

nuestra generación podría estar incluida en sus amenazas. Transcribo

partes del capítulo 24 como advertencia y material de meditación.

“Lo mismo sucederá al acreedor y al deudor. La Tierra será totalmente

devastada. Ha sido profanada por sus habitantes porque trasgredieron las

leyes, pasaron por encima de los preceptos, rompieron la alianza

eterna. Por esta razón, la maldición ha devorado la Tierra, la culpa es

de los que en ella habitan… La Tierra se rompe, se resquebraja, es

sacudida fuertemente. La Tierra se tambalea como un borracho, se agita

como una cabaña… La luna se sonrojará y el sol tendrá vergüenza”.

Jesús, el último y el mayor de todos los profetas advierte: “Se

levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá hambre y

peste y terremotos en diversos lugares” (Mateo 24,7). “En la Tierra los

pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia

de las olas. Las gentes desfallecerán de miedo ante la expectativa de

lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán” (Lucas

22,25-27).

¿No ocurren escenas semejantes en los tsunamis del sudeste de Asia, en

Fukushima en Japón, en los grandes tornados y ciclones como el Katrina y

el Sandy en Estados Unidos y en otros lugares del planeta? ¿Las

personas no se llenan de pavor al presenciar tal devastación y ver el

suelo cubierto de cadáveres? Estas catástrofes no suceden por

casualidad, suceden porque hemos roto la alianza sagrada con la Tierra y

sus ciclos. Son señales y analogías que nos llaman a la

responsabilidad.

Curiosamente, a pesar de todos estos escenarios de destrucción, la

palabra profética termina siempre con esperanza. Dice el profeta Isaías:

“Dios quitará el velo de tristeza que cubre a todas las naciones.

Enjugará las lágrimas de todos los rostros… Aquel día se dirá: este es

nuestro Dios, en quien hemos esperado y Él nos salvará” (25,7.9). Y

Jesús remata prometiendo: “cuando empiecen a suceder estas cosas,

animaos y levantad la cabeza porque se acerca la liberación” (Lucas

21,28).

Después de estas palabras proféticas no cabe comentario; sólo el silencio pesaroso y meditativo.

Los profetas leen el presente y anticipan el futuro. Leonardo Boff

Los profetas leen el presente y anticipan el futuro. Leonardo Boff.