Actualidad del espíritu de San Francisco. Leonardo Boff

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Português: (Photo credit: Wikipedia)

Actualidad del espíritu de San Francisco

03/06/2013

Debido a que el actual Papa ha elegido el nombre de
Francisco, mucha gente ha vuelto a interesarse por esta figura singular,
tal vez una de las más luminosas que el cristianismo y el propio
Occidente ha producido: Francisco de Asís. Algunos lo llaman el “último
cristiano” o “el primero después del Único”, es decir, de Jesucristo.

Seguramente podemos decir que cuando el cardenal Bergoglio eligió
este nombre quería indicar un proyecto de Iglesia en la línea del
espíritu de san Francisco. Este era lo opuesto al proyecto de la Iglesia
de su tiempo, que se expresaba por el poder temporal sobre casi toda
Europa hasta Rusia, por inmensas catedrales, suntuosos palacios y
grandiosas abadías. San Francisco optó por vivir el evangelio puro,
literalmente, en la pobreza más extrema, con una sencillez casi ingenua,
con una humildad que lo situaba junto a la Tierra, al mismo nivel de
los más despreciados de la sociedad, viviendo entre los leprosos y
comiendo con ellos en la misma escudilla. Nunca criticó al Papa o a
Roma. Simplemente no siguió su ejemplo. Para aquel tipo de Iglesia y de
sociedad confiesa explícitamente: “Yo quiero ser un ‘novellus pazzus ‘,
un nuevo loco”: loco por Cristo pobre y por “la señora dama pobreza”
como expresión de total libertad: nada ser, nada tener, nada poder, nada
pretender. Se le atribuye esta frase: “deseo poco, y lo poco que deseo
lo deseo poco”. En realidad no era nada. Se despojó de cualquier título.
Se consideraba “estúpido, mezquino, miserable y vil”.

Este camino espiritual fue vivido a duras penas, ya que cuantos más
seguidores acudían, más se oponían a él, reclamando conventos, normas y
estudios. Resistió como le fue posible, y al final tuvo que rendirse a
la mediocridad y la lógica de las instituciones que presuponen reglas,
orden y poder. Pero no renunció a su sueño. Frustrado, volvió a servir a
los leprosos, dejando que su movimiento, contra su voluntad,  fuese
transformado en la Orden de los Frailes Menores.

La humildad ilimitada y la pobreza radical le permitieron una
experiencia que viene al encuentro de nuestras preguntas: ¿es posible
recuperar la atención y el respeto por la naturaleza? ¿Es posible una
hermandad universal que incluya a todos, como él lo hizo: el sultán de
Egipto que encontró en la cruzada, la banda de asaltantes, el feroz lobo
de Gubbio y hasta la muerte?

Francisco mostró que esta posibilidad es realizable a través de una
práctica vivida con sencillez y pasión. Al no poseer nada, mantuvo una
interacción directa de convivencia y no de posesión, con cada ser de la
creación. Al ser radicalmente humilde se situaba en la misma tierra
(humus = humildad) y al pie de cada criatura, que consideraba su
hermana. Se sintió hermano del agua, del fuego, de la alondra, de la
nube, del sol y de cada persona que encontraba. Inauguró una fraternidad
sin fronteras: hacia abajo con los últimos, hacia los lados con sus
semejantes, independientemente de si eran papas o siervos, hacia arriba,
con el sol, la luna y las estrellas. Todos son hermanos y hermanas,
hijos del mismo Padre de bondad.

La pobreza y la humildad así practicadas no tienen nada de
santurronería. Suponen algo previo: el respeto sin restricciones a cada
ser. Lleno de devoción, quita a la lombriz del camino para que no sea
pisoteada, sujeta una rama rota para que se recupere, en invierno
alimenta las abejas que revoloteaban perdidas. Se colocó en medio de las
criaturas con profunda humildad, sintiéndose su hermano. Confraternizó
con la “hermana y Madre Tierra”. No negó el humus original y las raíces
oscuras de donde venimos todos. Al renunciar a cualquier posesión de
bienes, rechazando todo lo que podría ponerle por encima de otras
personas y de las cosas, y poseerlas, se convirtió en hermano universal.
Iba al encuentro de los otros con las manos vacías y el corazón puro,
ofreciéndoles sólo cortesía, amistad, amor desinteresado, lleno de
confianza y ternura.

La fraternidad universal surge cuando nos ponemos con gran humildad
en el seno de la creación, respetando a cada ser y todas las formas de
vida. Esta hermandad cósmica, fundada en el respeto ilimitado, es el
requisito previo necesario para la fraternidad humana. Sin este respeto y
esta fraternidad, difícilmente la Declaración de los Derechos Humanos
será eficaz. Habrá siempre violaciones por razones étnicas, de género,
de religión y otras.

Esta postura de fraternidad cósmica, asumida seriamente, puede animar
nuestra preocupación ecológica de salvaguardia de cada especie, de cada
animal y de cada planta, pues son nuestros hermanos y hermanas. Sin
fraternidad real nunca llegaremos a formar la familia humana que habita
la “hermana y Madre Tierra” con respeto y cuidado. Esta fraternidad
demanda una inquebrantable paciencia, pero también contiene una gran
promesa: es alcanzable. No estamos condenados a liberar a la bestia que
habita en nosotros y que tomó forma en Videla, Pinochet, Fleury y otros
cobardes torturadores.

Ojala el Papa Francisco de Roma en su práctica de pastor local y
universal haga honor al nombre de Francisco y muestre la actualidad de
los valores vividos por el fratello de Asís.

Leonardo Boff es autor de Francisco de Asís: saudade del paraíso, Voces 1999.

Traducción de María Jose Gavito Milano

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