Malentendidos, importamadrismos y otras cosas igualmente importantes; Padres de más de cuatro. Silviano Martínez Campos

(Dado que el Día de la Madre acaba de pasar, el 10 de mayo y el Día del Padre  se avecina, a mediados de junio, se me ocurre presentar a mis eventuales visitantes, dos pequeños trabajos en torno al tema. Los dedico a todas las madres y padres, particularmente a mis papás Benita y Encarnación, en torno a quienes mandé una Carta Abierta, a quien corresponda, con motivo de su gran paso, hará cosa de 17 años: http://eltaller.us.es/index.php/FANT.9-_CARTA_ABIERTA )

 

FANT.26.- MALENTENDIDOS, IMPORTAMADRISMOS Y OTRAS COSAS IGUALMENTE IMPORTANTES

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Martínez Campos, 27/I/07

GUIA


MALENTENDIDOS, IMPORTAMADRISMOS Y OTRAS COSAS IGUALMENTE IMPORTANTES

 

Silviano Martínez Campos


Cuentan quienes han recibido el don del humor, que un niño y sus papás pasaban frente a los aparadores de una juguetería y, ante tanto qué ver y comprar, el pequeño insistía ante sus progenitores: “molino”, “molino”; pero ellos naturalmente no tenían entre sus planes comprarle un molino y pensaban, más bien, en algún osito, camioncito o algún otro juguete artesanal dado que, se supone, en el tiempo del chiste no había entretenimientos infantiles tan sofisticados que embotaran la mente.

Y se trenzó un forcejeado diálogo entre niño y papás. El insistía en el “molino”, ellos en cualquier otro juguete, menos el molino, hasta que finalmente el pequeño se dio por vencido y les dijo: “ya moliné”, o sea como si dijera: “ya me oliné” y allí se borró el malentendido.

O aquel otro caso en que el pequeño, también ante sus atribulados padres, lloraba y lloraba y les decía: “teno tometón”, “teno tometón”. El caso era serio, como lo es todo caso en el cual los papás ven sufrir a sus hijos. Intervinieron como intérpretes otros miembros de la familia y nada, el niño insistía en lo de “teno tometón”. Por fin a alguien se le ocurrió la mediación de un intérprete de la misma edad y, efectivamente, ante el “teno tometón” del uno, el otro pequeñito le repuso de inmediato: “po lacate peneco”, y allí se borró el malentendido.

La vida está llena de malentendidos o, propiamente hablando, de equívocos, malas interpretaciones, malos entendimientos o incomprensiones, según reza el diccionario, desde los que pueden cambiar el curso de una vida, hasta los que pueden cambiar el curso de la historia.

Y en una relación personal, afectiva, no necesariamente tempestuosa, aquellos malentendidos que se expresan en canciones de despecho como la pintoresca de “me importa madre”, de la tradición popular, que no es otra cosa sino la expresión de un festivo desengaño de una relación amorosa.

Tal vez quien expresa dicha idea, en una canción con letra y música, cargadas de afecto, lo que está tratando de decir sea exactamente lo contrario, por rebote, por contraste, como si dijera: no te creas, es una forma de decirlo, ni siquiera es despecho, sino un grito de ayuda.

Lo que realmente necesito es, expresando completo el pensamiento de la canción, que me siento dolorido porque percibo que tu ya no me quieres y por el contrario, sí me importa me quieras y me hubiera gustado que esa supuesta reacción de rechazo no ocurriera.

Por eso te digo: “Me importa, madre, que tu ya no me quieras”. Y así entiendas al revés: me importa mucho que tú me sigas queriendo ya que necesito tu amor y tu afecto porque soy un hombre (o mujer en su caso, según quien la cante) y necesito tu cariño.

Como aquella canción picosa de antes, del chivo padre que decía en sus inicios más o menos: “por esta calle derecha, tengo chiles en vinagre y el que no me pueda ver, que vaya a…Chihuahua al baile”, a lo mejor denota que entre más fuertes y a los cuatro vientos sean los gritos de despecho, mayor es la necesidad de amor y afecto que se está expresando, sólo que al revés. Como para lanzarle un buscapiés al otro, o a la otra, a ver si reacciona y dice mira, pobrecito, cómo lo dejé, me necesita, y recapacite y vuelva a quererlo y si ni siquiera le echaba un lazo, por lo menos le regale una miradita.


DESPECHOS

Los verdaderos despechos, las verdaderas pasiones humanas de odio y desamor, no se expresan en canciones, aun de apariencia agresiva. Las verdaderas pasiones de desamor se expresan en agresiones mortales que en las relaciones personales llevan a crímenes y asesinatos, despojos e injusticias y en las relaciones sociales a luchas encarnizadas y guerras terribles.

Pero una canción, aun aquella de me importa madre que tu ya no me quieras, es una súplica, una oración, un sentimiento de humildad al reconocer que necesitamos al otro, a la otra y por eso le reprochamos ya no nos quiera. Como si dijéramos: ven, anda, te necesito, quiéreme.

Aunque como la zorra de la fábula digamos que las uvas están verdes y no las queremos, porque no las pudimos cortar, esto expresado con la letra de la canción que mas o menos dice: “ya estará jabón de olor, ni que perfumaras tanto”.

Y hay testimonios de una parejita humilde, muy humilde pero muy de buen humor –y parece que era cosa de familia—que cuando tenía una pequeña diferencia, un pequeño sentimiento de mutuo desencanto, algo qué sentir uno del otro, se lo reprochaba mutuamente con cancioncitas. Buena salida, en lugar de guardar escondidos resentimientos dañinos de reproches reprimidos que luego pueden aflorar en desamores.

Tal vez no habrá que tomar tan en serio a quien entone canciones como la de me importa madre. O más bien sí hay qué tomarlo en serio. Lo que está pidiendo, implorando, suplicando, es un poco de amor, de ése que a veces no sabemos dar, casi sin excepción, porque estamos esperando siempre que el otro comience.

Mas como en esto de los amores las cosas tienen su profundidad, parafraseando la canción, colocando tan solo una comita, a lo mejor hay reminiscencias infantiles, sentimientos que se quedan grabados, cuando uno tal vez no se siente lo suficientemente amado de la madre (lo cual no quiere decir tenga razón) y entonces le podría decir a ella:

“Me importa madre que tú ya no me quieras. Madre, me importa que me quieras o no”. O sea, madre, tu amor para mí es tan imprescindible, tan necesario para vivir, que no me es indiferente el que me quieras o no. Apuesto a que me quieras, te necesito y por eso, en mi infantilismo, te digo que me es indiferente tu amor, pero en realidad es lo contrario, sin él no puedo vivir.

La vida está llena de berrinches y muchas veces detrás de un berrinche, de niños o de adultos, hay una llamada de atención al otro, a veces desenfocada, para que se fije en nosotros. A veces en el amor humano nuestros berrinches no son más que una expresión, no tanto una carencia de afecto expresado por el otro, sino de una cierta incapacidad nuestra para percibir que realmente somos amados. Y lo que nos falta es precisamente ensayar nosotros mimos ese afecto que angustiadamente estamos solicitando mediante el reproche, la queja o la fase altisonante que endilgamos al otro para llamar la atención.


REPROCHES

Nuestras historias están llenas de malentendidos, desde aquel inicial de quienes creyeron que comiendo una fruta serían como dioses y terminaron reconociéndose desnudos, hasta quienes en los últimos tiempos creyeron que multiplicando hasta el delirio los arsenales nucleares iban a ganar la guerra y se encontraron desnudos de un poder que no podían usar sin autodestruirse.

O los malentendidos de quienes hurgaron dentro de las entrañas de la materia y siguen hurgando, descubrieron los secretos de las combinaciones químicas y están por desentrañar, si no es que ya lo hicieron, las combinaciones de los genes humanos. Y terminaron en el dilema de construir un hombre robot llevado a la muerte o desacelerar el paso e imbuir de respeto su indagación y reconocer que hay límites porque el árbol de la ciencia del bien y del mal aún sigue plantado en medio del paraíso.

Mas como todos somos Adán y todos somos Eva, nuestra debilidad es congénita y las serpientes tentadoras rondan por todas partes poniéndonos enfrente malentendidos que a veces son risibles pero, a veces, trágicos.

No deja de ser aleccionador que se haya creído que la Tierra y todo el firmamento giraba en su torno, lo cual generó malentendidos trágicos que hicieron historia; pero eso culminó en el descubrimiento de una creación insondable y maravillosa, con soles innúmeros, galaxias incontables y un Universo inmenso sin el Sol en su centro pero con el hombre como centro de perspectiva.

Que se hubiera creído que los hombres somos la medida de todas las cosas y encontrarnos con que puede haber innúmeros astros habitados por innúmeros seres inteligente. Pero aquí, entre nos, seguimos siendo la medida de todas las cosas.

Nuestra limitación nos llevó a malentendidos y por eso llegamos a nuestro actual dilema. Quisimos conocer y conocimos, pero nos podemos destruir y estamos agitados en una agitación que no conocieron anteriormente los siglos, la explosión de los elementos naturales, las sociedades y los sistemas en algo que parece una explosión de cólera de fuerzas desafiadas.

Pero “mientras más grande es la cólera, mayor es la explosión de amor” (pensamiento extraído de un poema de Karol Wojtyla, poeta). Pero hay muchos logros en el hombre, los cuales “…sin embargo no han de servir de pretexto para soslayar los defectos de un sistema económico cuyo motor principal es el lucro, donde el hombre se ve subordinado al capital, convirtiéndose en una pieza de la inmensa maquinaria productiva, quedando su trabajo reducido a simple mercancía a merced de los vaivenes de la ley de la oferta y la demanda” (pensamiento extraído de un discurso de Juan Pablo II, Papa).

Y VOLVER, VOLVER, VOLVER

Parece que en el fondo lo que sucedió fue que quisimos tomar, pueblos, sociedades y personas, nuestro propio camino, autónomo y le lanzamos a Dios el retador grito de rebeldía, admirados de nuestros propios poderes. Pero ahora por fortuna estamos recapacitando y le estamos diciendo: “Viva la Vida”. Habíamos hecho un gran berrinche a Dios para que nos quisiera, no dándonos cuenta que de todos modos nos ama.

Y en medio de la tempestad, cuando le estábamos pidiendo cuentas, nos gritó como a Job: dónde estabas Adán cuando generé la gran explosión del Universo que tejió galaxias, soles y planetas.

Dónde estabas cuando los rayos de mi potencia estimularon a tu Tierra para que generara en el seno de sus aguas vida innúmera y variada y se extendiera por la superficie inhabitada entonces de tus islas y continentes.

Dónde estabas cuando insuflé, en ti, limo de la tierra, mi Espíritu perenne para que tuvieras vida permanente. Dónde estabas cuando te dejaste engañar por la serpiente y creíste poder ser dios.

Pero para que se te quite lo berrinchudo y vuelvas a hacerme caso, borraré ese malentendido y te me daré a mí mismo, te haré un dios por participación, a ti criaturita, para que no vuelvas a creerte soberano dominador y explotador de todo, aun de los seres minúsculos de mi creación, que destruyes.

Por eso nos dio a Jesucristo, su Hijo, para que, a través de El, tengamos vida definitiva, plena, satisfactoria, una vez abandonados los ídolos que nos tentaban de ser omniscientes y todopoderosos. Porque con El, reproches aparte, se acaban todos los malentendidos.


(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, VENTANAS 4—B, 16 de Marzo de 1997)


Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web

 


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Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).

Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.

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FANT.27.- PADRES DE MAS DE CUATRO

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Martínez Campos, 10/III/96

GUIA

PADRES DE MAS DE CUATRO

Silviano Martínez Campos

“Soy padre de más de 4”, es una expresión popular, entre nosotros, para dar a entender un sentimiento de afirmación que muchas veces raya en la actitud dominadora que llamamos machismo.

“Soy tu padre”, se decía antes, por lo menos entre niños y adolescentes, para dar a entender un cierto ascendiente o una cierta dominación, por lo menos en las querellas un tanto en broma, un tanto en serio, que se dan entre gente menuda.

Y había una canción mas o menos insultante, aunque nadie se escandalizaba por ella puesto que hasta se tocaba en público, la cual giraba en torno al personaje central, el chivo padre, que como todo campesino sabe, es el que encabeza la chivada.

Pero a la protección del padre acudían y acuden los niños pequeños como recurso de defensa cuando no se puede más en sus pequeños pleitos callejeros y esgrimen la consiguiente amenaza: “Le voy a decir a mi papá”.

O cuando se trata de presumir, dicen: mi papá es esto (y sigue la letanía de títulos y cualidades) o mi papá tiene esto ( y sigue la lista de posesiones que desde luego el otro no tiene). Es una nececesidad de asegurarse, en el apoyo del padre propio y a costa del ajeno.

Cuántas consideraciones podrían hacerse con motivo del Día del Padre, festividad realmente nueva, aunque matizada de mercantilismo para balancear la más tradicional y mayormente arraigada del Día de la Madre.

“Pa” y “ma” parecen ser en muchas partes primeros balbuceos de los infantes cuando comienzan a hablar y, según los estudiosos, en por lo menos algunos de los idiomas de nuestra área cultural, es el origen de la palabra padre.

Plantean también los estudiosos como posibilidad el que en una época lejana de la historia hubiera dominado la madre, en lo que se llamó matriarcado, etapa posteriormente sustituida por la del patriarcado, que lleva milenios.

Pero si las mujeres se ponen listas y continúan minando las concepciones vigentes del patriarcado, puede que dicha era no dure mucho. Cuál pudiera ser la direccón que tomen las cosas, nadie sabe; pero tal vez una solución intermedia sea que lleguemos al dominio del hijo, que en muchos casos y familias ya está vigente.
COMIENZAN LAS DIFICULTADES

Pobrecitos padres, cuando no les llueve les llovizna. En una actitud conmiserativa hacia ellos, habría qué considerar el oficio de padre ahora como el más difícil.

Comenzando por los padres solteros muy jóvenes, que pican y corren y, aun cuando no son muchos, los hay. Porque es una verdadera lástima que dejen embarazada a la muchacha y luego no acepten su paternidad. Pero nadie les enseñó a ser padres a edad temprana.

O los padres que sin ser solteros, por azares del destino o a resultas de “una metida de pata”, llegan al matrimonio jóvenes y cuando menos lo espean ya son padres de, ahora sí, más de 4. Cuando al lado de ellos hay a su vez unos padres amorosos y solidarios, no hay problema. Pero cuando se les deja solos a los pobres, ¡Cuántas penalidades!.

A los padres a quienes sin ser muy “chavos” ni muy viejos, los tiempos les han movido el tapete. Nos enseñaron a ser padres de otra manera, con el ejemplo a veces autoritario, a veces complaciente, a veces débil, pero funcionaba.

Mas se vino el gran cambio en nuestro entorno, y ahora parece que las cosas no funcionan. Claro, cuando quiere uno que marchen bien, porque habrá alguien a quien le sea indiferente siquiera que funcionen.

Sin embargo, los padres más atribulados deben ser los de mayor edad, digamos los ancianos. Muchos creen que a ellos de plano se les pasó el tren. Que ya no sirven par nada y aun cuando no tengan ya hijos en edad de crianza, continúan como padres para sus nietos pero ya nadie los toma en cuenta.

Sí señor, se acabó el tiempo en que el anciano era considerado un guía para la familia y una especie de patriarca. Lo que decía era mandato para la familia, pero ahora hasta los nietos lo corrigen y le dicen: “No abuelito, ya no es así, eso era en sus tiempos”.

Una categoría de padres merece especial tolerancia: los padres autoritarios, dominadores y represivos que tenían (o tienen si aún los hay) al hijo como propiedad. Por ellos sí los tiempos pasaron de noche, ya que ignoraban o ignoran que el hijo también tiene derechos y, aun cuando esté obligado al respeto, al amor, no está obligado a la sumisión abyecta, autodestructiva. Y la falta de sumisión es lo que más lastima a los padres autoritarios y por ello sufren cuando el hijo se defiende. Algo incomprensible para dichos padres, por eso merecen tolerancia.
PERO HAY DE PADRES A PADRES

De todas maneras, es muy padre ser padre. Es toda una bendición el haber recibido el don de la paternidad, el ser instrumentos para que la fuerza creadora del Universo se manifestara en un nuevo ser. Pero también es un aprendizaje ser padre. El comenzar una vida de experiencia novedosa e ir creciendo como padre junto con el hijo y al mismo tiempo ir descubriendo que de alguna manera vas reproduciéndote en él, en lo más noble que hay en ti pero ¡Ay!, a veces también en tus defectitos o defectotes.

El don de la paternidad biológica tal vez no se dé a todos. Y el don de la paternidad espiritual en sus máximas expresiones, tampoco. Pero todos podemos ser padres de más de 4 en el don de humanidad, lo que también es una bendición. Es gratificante ser un padre así, en una paternidad que, ésta sí, puede comenzar desde joven y prolongarse durante toda la vida.

Padre de un pensamiento que sirva para que otro prójimo a su vez encuentre la mejor manera de vivir. Padre de una actitud que a su vez haga ver al otro que la vida vale la pena, aun cuando a veces se manifieste en forma trágica.

Padre de una iniciativa, grande o pequeña, que permita activar voluntades para que las cosas mejoren, en la familia, en la sociedad y en el mundo. Padre de un sueño, que facilite a quienes te rodean, captar la diferencia entre lo que realmente vale y lo que aun cuando útil, es transitorio. Padre de un ideal compartido, que te permita no perder los estribos en medio del vendaval de los tiempos postrimeros del siglo y del milenio.

Y por encima de todo, paternal (aunque no paternalista) porque trates de ver con tolerancia la miseria ajena y en lo que puedas remediarla, porque después de todo hay alguna coincidencia de la propia limitación.

Aun cuando haya padres irresponsables, dominantes, autoritarios, más que por maldad por inercia y atavismos sociales, nunca deja de estar vigente la sabiduría tradicional que invita a respetarlos y amarlos. Esa sabiduría que conservan muchos padres ancianos, aparentemente inútiles, pero que de alguna manera calladamente conservan la savia de la vida.

En medio de una humanidad en dificultades, donde está faltando la verdadera fraternidad (no sólo la escrita en los textos), la verdadera maternadad (no sólo la de las celebraciones), la verdadera paternidad bien podría contribuir a nulificar la mentalidad de que “cada quien se rasque con sus uñas”, porque de ser así algunos las tienen más grandes y hacen mayores alborotos, como en el caso de los violentos.

Un espíritu abierto no tiene por qué temer la vorágine de los cambios que nos envuelven, mismos que al parecer no significan otra cosa que una metamorfosis o transformación (su significado es el mismo), una recreación, un renacimiento de la especie y con ella tal vez de toda la vida, a pesar de las apariencias en contra.

En ese sentido, los fundamentalismos (querer conservar a toda costa todo como está o estaba), aunque socialmente inadecuados y hasta riesgosos, representan un refugio ante el cambio y tal vez (sin justificarlos) en el llamado período de transición sea una necesidad al servicio del equilibrio mientras se ve más clara la dirección que llevamos.

Para el creyente, la dirección es hacia una Potencia superior, un Misterio de paternidad (o maternidad) que a nuestro modo de ver científico de hombres contemporáneos, causó la gran explosión del Universo y entretegió galaxias, constelaciones, estrellas, planetas y posiblemente vida esparcida por todo el Universo.

A esa Potencia creadora que sobrepasa al Cosmos, a ese “Pantocrator” (Todopoderoso, por Soberano), a esa Presencia Amorosa, los cristianos lo llamamos Padre. Pero como Jesucristo, también lo podemos invocar cariñosa y confiadamente como “Abba” (papá). O sea, dicho a la mexicana: “Papá Diosito”, el que cura (salva) de todas las heridas que podamos causar los padres de la Tierra.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mih., México. VENTANAS, 5—B, 10 de Marzo de 1997)
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