A2K o El Error del Milenio. Silviano Martínez Campos

Español: Iglesia San Miguel "Quién como D...

Español: Iglesia San Miguel “Quién como Dios?”, ubicada en Maracaibo, Venezuela. (Photo credit: Wikipedia)

Tierra recién arada

Tierra recién arada (Photo credit: gotencool)

Our Lady of Guadalupe.

Our Lady of Guadalupe. (Photo credit: Wikipedia)

Miguel Cabrera, Juan Diego

Miguel Cabrera, Juan Diego (Photo credit: Wikipedia)

FANT.13- A2K O EL ERROR DEL MILENIO

A2K O EL ERROR DEL MILENIO

Silviano Martínez Campos

—Debo ser muy enérgica contigo y, si no un regaño, mereces

ciertamente tu jalón de orejas, porque ¡descompusiste mi computadora! No

es lo mismo manejar el aparato, aprovechar del todo sus hertz,

gigabytes y seguir las instrucciones, que meterte de ingeniero,

manipular circuitos, conexiones y mostrarte así torpe, torpe, torpe sin

remedio.

¿Qué argumentos me das en tu defensa, tras haber provocado la caída del sistema?.

—No los tengo, y has de disculpar la interrupción: ¿qué no

habías abandonado ya esta Tierra, dejándonos atribulados y contritos en

los estertores del siglo y del milenio?.

Esperaba una carta o de perdida un telegrama como antes, en

nuestros buenos tiempos, cuando hasta te disfrazabas de duende o de

microbio; pero resulta que interrumpes mi trabajo y trajín diario, usas

la tecnología del hombre blanco, si bien a través de mi computadora

vieja y averiada.

Me pusiste a usar la nueva técnica y ya ves los resultados. Me

perdí en los vericuetos de la red, entre la publicidad y la

mercadotecnia; tenía qué ser, el Y2K y el cambio de fecha me

trambuluquearon.

Has de disculpar, Musita, aún me comunico con señales de humo, a

pesar de toda la apariencia; y si te averié el hardware, el disco duro

quedó intacto, o más bien el chip que mueve todo. Y viéndolo bien,

Musita Adolorida de los Vientos, me trambuluqueaste, porque si bien lo

reconozco, desenchufé el sistema, pero de la computadora Terminal, mas

no de la matriz que sólo tu manejas y esa muy intacta que está y por

tanto no la toco.

—Problemas de herramienta, no te apures por eso del A2K o

fines de milenio. Eras ciertamente más ducho con señales de humo para

comunicar mi mensaje en estas tierras. Hubo sin embargo interferencias

entre tú y los anteriores dinosaurios así como especimenes modernos, la

riqueza y las formas, los pleitos callejeros con imperios y la grilla.

Dejemos lo pasado, ¿estás de acuerdo?, y te hago la pregunta

pertinente: ¿Supiste de mi paso muy reciente por estas tierras que de

siempre quiero?.

—Estuve entretenido viendo tele. Disculpa mi actitud

impertinente, insisto en sacarme la espinita del uso “inapropiado” del

equipo. Por principio de cuentas la regué de a feo, será porque olvidé

las instrucciones, la clave o el “password”, la contraseña pero: ¡ya

pediré perdón al inicio del milenio! Pulsé, pulsé botones de tal modo,

que a fin de cuentas bien que me hice bolas.

Quise reparar el desatino y enredé más las cintas negras

(¿perforadas?) que entrelazaban la trama del equipo. ¿Y qué salió

después, Musita, en la maraña amontonada de tiras en desorden?. No me lo

has de creer: era un empaque rojo, de papitas. No lo toqué, le dí su

puntapié y apareció después blancuzca una bolsita que me atreví a

interpretar: de mala leche.

¿Quién metió su cuchara?, preguntéme. Ya la regué, pensé o me

dije con azoro; pero nunca creí yo haber puesto las bolsitas; más sí

torpeza en manejar botones. Miré hacia el interior y vi el LIBRITO de tu

clave, hojeándose a sí mismo y me dio cierta confianza en que sólo

había averiado el hardware, pero no el disco duro del programa, ni

tampoco el chip que lo controla.

—No tomes tan a pecho esas cuestiones. Tengo el Librito de

cualquier manera y ya se hagan niñitos o expertos ingenieros, tarde o

temprano les agarro el modo. Descomponen mi hardware by yo que lo

reparo, averían los circuitos y yo los reprogramo.

Señales de humo, rayos o centellas, nevadas, tolvaneras,

terremotos o tormentas o volcanes, tramas globalizadas, cibernéticas,

insanias destructivas que rechazo, signos todos lo son de que algo al

fin se mueve.

Pero prefiero el gesto generoso, palabra bienhechora y el afecto

para decir que sí, que aquí me encuentro: reluciente, feliz,

resucitada.

Recojo los ¡vivas! De la urbe azteca para centrar su alma en mi

figura. Acepto a manera de plegarias los gritos del estadio, vestido

tricolor en la tribuna, con los colores de México e Italia. En el sacro

recinto del santuario, directrices les doy pa’que me sigan.Lluvia de

rosas hago caer y que perfumen el ajuar o la sotana de Juan-Diego.

Pide a la Guadalupe o a la Myriam, tu muchacha, te donen el

secreto de la trama: cosas sencillas, artesanas, que equilibren la

grande telaraña, con el afectado que sólo prodigan las mujeres.

Dile a Miguel (¡viva la vida!) que conjure la peste de la guerra.

Pídele al Emmanuel (¡Dios con nosotros!), devuelva tu inocencia ya

perdida.

Las aguas impetuosas, torrenciales, cavaron un boquete en esta

Tierra. La ROCA no se cae, no te preocupes, y aun cuando esté floja, la

sostengo. Y el agujero negro que percibes permitió que entrevieras las

RAICES.

En árbol de mezquite o el de zapote, plantados en el patio de la

casa, revuelan los insectos presurosos en busca de la fruta que no

encuentran. Si sanas las raíces perseveran, tarde o temprano te dará

zapotes.

—La regué, fui “traidor”, lo reconozco, confieso mi conducta

“inapropiada”. Inhibí los circuitos del equipo y por ello cometí cada

burrada. Recibí inteligencia y sentimientos, revueltos con ensueños y

quimeras: después los convertí en resentimientos, enlodados en cada

borrachera.

La regué, fui traidor, lo reconozco, debato mi conducta

inapropiada. Cuerno de la abundancia por mis frutas, hortalizas y

cereales; pero llegó a tal punto la codicia que tuve qué cambiar mis

decisiones por un mísero plato de frijoles.

La regué, fui traidor, lo reconozco, me deshago en disculpas y

perdones. Tomé poder, riqueza, territorio en alianza con otros

desertores. Me libraron por fin las ataduras, en medio de protestas y

rencores. Libre quedo, por fin, para enseñarles la Palabra de Dios a los

bribones.

La regué, fui traidor, lo reconozco, acepto mi conducta

inapropiada. Pulsé botones sin mediar razones, desquicié los circuitos

de la vida, obré sin seguir las instrucciones. Creí que mi ciencia lo

era todo, hice un dios de equipos y sistemas. Rendí mi devoción al

podero$o, vendí mi condición por hamburguesas.

La regué, fui traidor, lo reconozco, jugó con fuego mi aprendiz

de brujo: profané los secretos de tu seno, quise hacer de tu imagen una

copia; de la honda y la flecha fabriqué misiles, puse veneno en gases y

solventes.

Desplumé las alas de los vientos, calenté las entrañas de los

polos, enturbié los pulmones de mi Tierra: sofoqué los gorjeos de

pajaritos.

—No es para tanto, acepta mi apapacho. Qué más puedo decir,

que “te amo, te amo”. Larga la lista de tus mil perdones, aun cuando

sale verso sin esfuerzo. La regaste por fin, como te dije: esparciste en

tu Tierra la semilla del bien y la bondad que se te dona y usaste del

bit y la pantalla, a pesar de la bolsa de papitas.

Los circuitos se cruzan, ¡qué le hacemos! Entenderás mejor si te

despojas de fijación individual y solitaria para entender mejor la onda

universal, comunitaria.

Lo de traidor lo acepto, te lo digo: Traedor de novedades,

utopías; traedor de buenas nuevas, justicieras. Es la misión que tienes,

persevera. Misión comunitaria, mexicana, o si amplías la visión,

americana.

Por un pueblo empecé, por otro acabo de regar el mensaje

libertario, antes que cambie fecha centenaria, del Y2K o trastorno

milenario.

Porque si arreglas claves, lenguajes y circuitos, el A2K ni

siquiera te regresa al 900, pero menos atrás, al cuaternario, a hacerle

compañía a tu pariente el chango.

Mejor será el 2001 firme signo de la odisea que te proyecte, a

confines insondables del espacio, tras arreglar en paz y justicia esta

tu NAVE.

Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de

los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los

tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al

tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos.

¡Sí se puede”!, dirás, ¡Sí que se puede!, el Espíritu hablará,

sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y

naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y

ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y

solidario, en gozo permanente, planetario.

Y el A2K o trastorno milenario, nueva fecha tendrá, y habrás

recobrado la nueva clave en SOL, Sol de la VIDA. por plena, tierna,

suave, rebosante de ENERGIA. Y queden desarmadas para siempre por

insanas, las garra$-guerra$ destructoras, del petróleo.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 3-B, 28/II/1999).

Reproducido en Mi Ziquítaro, Silviano’s Web 2

GNU Copyright (c) 2007 Silviano Martínez Campos. Se autoriza la copia, la distribución y la modificación de este documento bajo los términos de la licencia de documentación libre GNU, versión 1.2 o cualquier otra que posteriormente publique la Fundación del Software Libre (Free Software Fundation); sin secciones invariables (Unvariant Sections), textos de portada (Front-Cover Texts), ni textos de contraportada (Back-Cover Texts).Se incluye una copia en inglés de esta licencia en el artículo Text of the GNU Free Documentation License.
Navegación
Anuncios

El sueño de una civilización realmente planetaria. Leonardo Boff

El sueño de una civilización realmente planetaria

2013-04-19


El desamparo actual que se ha adueñado de un gran sector de la humanidad se deriva en parte de nuestra incapacidad de soñar y de proyectar utopías. No cualquier utopía, sino aquellas necesarias que pueden transformarse en topías, es decir, en algo que se realiza, aunque imperfectamente, en las condiciones de nuestra historia. En caso contrario, nuestro futuro común, el futuro de la vida y de la civilización, corren graves peligros.

Tenemos, por lo tanto, que intentar todo para no llegar demasiado tarde al verdadero camino que podrá salvarnos. Ese camino pasa por el cuidado, por la sostenibilidad, por la responsabilidad colectiva y por un sentido espiritual de la vida.

Me valgo de las palabras inspiradoras de Oscar Wilde, el conocido escritor irlandés, que dijo acerca de la utopía: «Un mapa del mundo que no incluya la utopía no es digno de ser mirado, pues ignora el único territorio en el que la humanidad siempre atraca, partiendo enseguida hacia una tierra todavía mejor… El progreso es la realización de utopías».

Pertenece al campo de la utopía proyectar escenarios esperanzadores. Vamos a presentar uno, de Robert Müller, alto funcionario de la ONU durante 40 años, que fue llamado también «ciudadano del mundo» y «padre de la educación global». Era un hombre de sueños, uno de ellos realizado al crear y ser el primer rector de la Universidad de la Paz, creada en 1980 por la ONU en Costa Rica, único país del mundo que no tiene ejército.

Él imaginó un nuevo relato del Génesis bíblico: el nacimiento de una civilización realmente planetaria en la cual la especie humana se asume como especie, junto con otras especies, con la misión de garantizar la sostenibilidad de la Tierra y cuidar bien de ella así como de todos los seres que en ella existen. He aquí lo que él llamó el «Nuevo Génesis»:

«Y vio Dios que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y ricas, del Norte y del Sur, del Oriente y del Occidente, de todos los credos, enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal a orillas del río del Sol Naciente, en la isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y juntos cuidar del mundo y de todos sus pueblos.

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el primer día de la Nueva Era de la Tierra.

Y vio Dios que los soldados de la paz separaban a los combatientes de las naciones en guerra, que las diferencias se resolvían mediante la negociación y el raciocinio y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encontraban, intercambiaban ideas y unían sus corazones, sus mentes, sus almas y sus fuerzas para el beneficio de toda la humanidad.

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el segundo día del Planeta de la Paz.

Y vio Dios que los seres humanos amaban a la totalidad de la Creación, las estrellas y el sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tierra y las aguas, los peces y las aves, las flores y las plantas y a todos sus hermanos y hermanas humanos.

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el tercer día del Planeta de la Felicidad.

Y vio Dios que los seres humanos eliminaban el hambre, la enfermedad, la ignorancia y el sufrimiento en toda la Tierra, proporcionando a cada persona humana una vida decente, consciente y feliz, controlando la avidez, la fuerza y la riqueza de unos pocos.

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el cuarto día del Planeta de la Justicia.

Y vio Dios que los seres humanos vivían en armonía con su planeta y en paz con los demás: gestionando sus recursos con sabiduría, evitando el despilfarro, frenando los excesos, sustituyendo el odio por el amor, la avaricia por el darse por satisfecho, la arrogancia por la humildad, la división por la cooperación y la suspicacia por la comprensión.

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el quinto día del Planeta de Oro.

Y vio Dios que las naciones destruían sus armas, sus bombas, sus misiles, sus barcos y aviones de guerra, desactivando sus bases y desmovilizando sus ejércitos, manteniendo sólo una policía de la paz para proteger a los buenos de los malos y a los sanos de los enfermos mentales.

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el sexto día del Planeta de la Razón.

Y vio Dios que los seres humanos recuperaban a Dios y a la persona humana como su Alfa y Omega, reduciendo a las instituciones, creencias, políticas, gobiernos y demás entidades humanas a su papel de simples servidores de Dios y de los pueblos. Y Dios los vio adoptar como ley suprema aquélla que dice: «Amarás al Dios del Universo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu bello y maravilloso planeta y lo tratarás con infinito cuidado. Amarás a tus hermanos y hermanas humanos como te amas a ti mismo. No hay mandamientos mayores que éstos».

Y dijo Dios: “Eso es bueno” . Y ése fue el séptimo día del Planeta de Dios».

Si en la puerta del infierno de Dante Alighieri estaba escrito: «Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis», en la puerta de la nueva civilización en la era de la Tierra y del mundo planetizado estará escrito en todas las lenguas que existen en la faz de la Tierra: «No abandonéis nunca la esperanza, vosotros que entráis».

El futuro pasa por esta utopía. Sus albores se anuncian ya.